2020(e)ko irailaren 20(a), igandea

Poema desconsolado

 Poema desconsolado


Juan José Angulo de la Calle

Profundo hierro

atornilla mi pecho.

Vivir es infierno,

lamento por lo hecho.



Que no soy ser,
 
sino que tiempo.
 
Todo es no ver;
 
vivir es un destierro.

2020(e)ko irailaren 19(a), larunbata

Arte y estética feudal

 

Arte y estética feudal

 

Juan José Angulo de la Calle

https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/a/a2/Christ_Pantocrator_Deesis_mosaic_Hagia_Sophia.jpg
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En el imperio bizantino, quedaron restos del canon griego, todavía las figuras mantenían cierto grado de proporción y belleza, salvo por el hecho que acabaron tomando una imagen severa y austera, sobre todo debida cuenta que se centraban en mostrar a Jesshua ben Miriam, sus seguidores y su madre. La forma de las figuras se tornó arquetípica y de formas cuadrangulares, fuera aparte de su aspecto severo y de gestos hieráticos. 

 La gran aportación bizantina fue los grandes edificios religiosos, que formaban cúpulas que asemejaban al orbe celeste (en el que se encontraría el Paraíso) o edificios en forma de cruz griega (con todos sus lados iguales: el símbolo de la paz y la concordia de los antiguos e ilustrados griegos paganos). Era la gran construcción que fomentaron crear los emperadores de Bizancio o Basileus: las basílicas, término cuya etimología fue descrita con anterioridad.


https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/9/9c/Floor_plan_of_the_former_Church_of_the_Holy_Apostles.jpg
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Arte árabe


Los musulmanes no podían dotar a las mezquitas de imágenes de personas o siquiera de animales para evitar cualquier forma de idolatría y de asociación, por lo que los motivos florales y frutales podían aparecer como muestra de la abundancia y de la generosidad divina por los dones concedidos por ella.  Tenían que construir en función de la norma del Levítico que prohíbe hacer representaciones de personas y animales.

 

https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/d/de/Dawn_Charles_V_Palace_Alhambra_Granada_Andalusia_Spain.jpg

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Sus creencias acerca de la divinidad les hacía concebir a la divinidad como algo desconocido e irrepresentable, demasiado excelso como para que la mente pudiera abarcarlo en forma alguna; Alá es el sobrenombre de Dios: no es Dios, no se conoce su nombre, así que el ser humano le ha asignado una suerte de seudónimo, un término que da cuenta de la idea que buenamente puede tener el ser humano acerca de la divinidad, pero que nada tiene que ver con ella y constantemente se hace constancia de ello.


La única forma de presentar lo sagrado es por medio de construcciones armoniosas y matemáticas, como el uso de arcos vistosos y sillares almohadillados complejos, cuya decoración debían ser formas geométricas casi perfectas, que siempre contaban con una de ellas puesta de forma inarmónica para mostrar que en el mundo es imperfecto y que la única perfección tenía que ser la divina.


Arte católico


En la Europa cristiana alejada del Cisma ortodoxo, se desarrolló en primer lugar un arte románico, de cierta influencia de las formas simplificadas de los elementos del arte romano tardío y cristiano; y después se adoptaron aspectos de la cultura de los invasores, dando lugar a edificios de formas simplificadas, pintura y escultura simplista.


La belleza era entendida como armonía divina o epifanía (reflejo del orden establecido por Dios). La armonía no era la establecida por el canon clásico, sino que la ordenación de las proporciones tenían que formar figuras geométricas que se adecuasen a las exigencias y límites de un cuadrado (símbolo de los cuatro lados de la cruz, la que sería la base para configurar la forma de los templos). Las pinturas dentro de un cuadrado y cuyas proporciones permitiesen estar encuadradas dio lugar a composiciones cuadrangulares y dio lugar al nombre de las pinturas: “cuadros”.


Las grandes catedrales debían ser un muestra de la grandeza de Dios y estaban dotadas de unas estructuras sólidas (con contrafuertes y pilares bien asentados) cuyas formas estables y con cierta armonía austera fuesen reflejo de la perfección de Dios (representada por unas paredes grandes, en las que unas podían doblar o triplicar en volumen a otras, pero que guardaban una relación de proporción, aunque no áurea, entre ellas que daba la imagen de ser una totalidad armónica). 

 

 

 

Vitoria - Catedral Vieja, portico 35.JPG
https://es.wikipedia.org/wiki/Catedral_de_Santa_Mar%C3%ADa_(Vitoria)#/media/Archivo:Vitoria_-_Catedral_Vieja,_portico_35.JPG

 

Eran unos inmensos edificios que debían dejar boquiabiertos a los feligreses, estaban construidos con una elaboración artística, armonía y proporcionalidad, y grandilocuencia que mostraban un alto grado de majestuosidad. 

 

Estaba formado por una larga naves de gran altura (nave central, con sus paralelas naves laterales) que tenía dos pasadizos (transeptos) que se unían por un crucero cuyo conjunto hacía que adoptara la forma de la cruz (esta vez la cruz más romana) y convergían en una bóveda (a veces una cúpula) que tenía que dar la impresión recordar al orbe celeste y avisar a los creyentes de que “existía” un Cielo, al que podrían no acceder si no eran obedientes (las representaciones pictóricas cruentas acerca del infierno, imitaciones directas a los artefactos de tortura reales de la época, complementaban de forma persuasiva el sano temor de Dios). 

 

El uso de arco y la altura de ellas, así como el efecto de profundidad cóncava, pueden dar la misma dirección de la mirada hacia la ascensión, hacia los cielos.


Se introdujeron en las naves arcos que permitieran la colocación de vidrieras que, a la par que mostraban la gran belleza de una exquisita orfebrería, dejaran entrar la “luz del Señor”. Esta iluminación era fundamental para permitir la visibilidad en un edificio que era más una suerte de fortaleza de encierro. 

 

 Por medio de esta luz se permitía poder ver de alguna forma todas las figuras y obras de arte que permitían que los fieles tuviesen símbolos del poder; y también tenía que dar la impresión de que la luz entrante eran los rayos directos de la que consideraban que era la Luz del Señor: la guía que debía iluminarnos a la salvación de nuestras almas.


Según Agustín de Hipona, los seres humanos necesitamos esa Luz divina para poder hacer el bien. Como somos seres contingentes (innecesarios) y deficientes, y por supuestamente caídos por el Pecado Original, el ser humano no hace lo que realmente quiere, que es hacer el bien, que es bello y da verdadera felicidad. La verdadera belleza es la perfección divina y la felicidad se logra por acercarse a esta suma belleza, por medio de hacer el bien; pero el ser humano no puede hacer el bien por sí mismo.


Debido a nuestra debilidad y a las tentaciones, el ser humano carece de suficiente fuerza de voluntad como para hacer el bien, Para ser libre, para poder hacer lo que en el fondo quiere, necesita la ayuda de la Gracia y la Luz del Señor, que estaba representado por los haces de luces de los grandes ventanales y vidrieras exquisitas de las catedrales y basílicas.

 

Por otro lado, el orden divino se expresó de semejante manera en una música, que empezó a ser racionalizada de forma armónica por medio de la ordenación matemática de las primeras partituras europeas: el tetragrama diseñado por Guido d’Arezzo. 

 

La escala musical calculada matemáticamente ya había sido objeto de estudio por parte los pitagóricos, pero no fueron representadas las armonías musicales hasta la conformación del gregoriano y él respondió más a intereses ideológicos que estéticos. 

 

https://es.wikipedia.org/wiki/Canto_gregoriano#/media/Archivo:Graduale_Aboense_2.jpg

 


 

Su ritmo prosódico debía ser severo, reflejo del orden divino, y debía servir para que los fieles creyeran estar cerca del canto de los ángeles y antecedían al Paraíso, al que podrían no acceder si no se sometían a la autoridad religiosa y la moral cristiana “del mando divino”.

 

 

El esplendor divino no tenía correlato en las pinturas y obras de arte, que carecían del grado de complejidad y belleza del arte clásico. Su simplicidad tenía una motivación pedagógica: unas imágenes demasiado agradables a la vista hubiesen hecho que los fieles se quedaran embobados, pero unas formas más simplistas hacía que diese lugar a que se preguntasen más por el contenido y que se fomentase que se preguntase al clero por la historia de cada uno de los mitos judíos y romanos tardíos representados por ellas. Este era el mensaje que se tenía que transmitir en todas las iglesias.

 

https://es.wikipedia.org/wiki/Pintura_g%C3%B3tica#/media/Archivo:Bernhard_von_Clairvaux_(Initiale-B).jpg

 

 

 

Bibliografía:

 

 

-Arana, J. R. (2005): Balada de la filosofía y de la ciencia.  Barakaldo: Ediciones de Librería San Antonio. 

 

-Aranda, C.  (2004): Introducción a la estética contemporánea.  Almería: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Almería.

 

 -Aristóteles (1980): La metafísica. Madrid: Editorial Espasa-Calpé.

 

-Aristóteles (2007): Poética. 
Buenos Aires: Editorial Gradifco.

 

-Ardeo Rubio, I. (2005): “Fundamentos de estética”,

 in: Revolución Neolítica, n. 5. 

 Donostia/San Sebastián: Ti.Ta. Editores asociados.

 

-Bayer, R. (2018): Historia de la estética.   

Barcelona: EFE. 


-Corbalán, F.  (2012): La proporción áurea.  El lenguaje matemático de la belleza.  Villatuerta: RBA. 

 

 

-Foucault, M. (1997): Las palabras y las cosas. 

Madrid: Siglo XXI.


-Hegel,  G. W. F. (1989):


Lecciones sobre la estética; 

 Madrid: Akal, Madrid.

 

-Platón (1971). El banquete. 

 Patricio de Azcárate (ed.). Filosofía en Español.

[Contsulta: 2019ko ekainaren 25ean]. Hemen igota:

http://www.filosofia.org/cla/pla/img/azf05285.pdf



-Platón (1971). Fedro.  
 Patricio de Azcárate (ed.). 

Filosofía en Español.

[Contsulta: 2019ko ekainaren 25ean]. Hemen igota:

http://www.filosofia.org/cla/pla/img/azf02257.pdf



-Platón (1994):  La República o el Estado. 

Barcelona: Edicomunicación.



-Russell, B.  (2009): Historia de la Filosofía.   

Madrid: RBA.

2020(e)ko irailaren 18(a), ostirala

Estética griega clásica

  

 Estética griega clásica


Juan José Angulo de la Calle

 

Artes plásticas, belleza y bondad

 

En la cuna de nuestra civilización, se desarrollaron las principales aportaciones iniciales de teatro, escultura, arquitectura, poesía, matemática y filosofía.


Policleto estableció un canon para el arte, en el que se procuraba plasmar las figuras escultóricas cuyas proporciones se ajustaban en su estructura a medidas matemáticas ideales (uso del número phi o 1,618..., que permite el cumplimiento del teorema de Pitágoras y facilita la formación de figuras ordenadas). Esta manera casi matemática de hacer un arte en un orden agradable a la vista se empleó también en arquitectura. Siguiendo este canon de belleza, los artistas procuraron plasmar la armonía introduciendo con habilidad las debidas proporciones (casi matemáticas) a las obras. 

 

The Parthenon in Athens.jpg
https://es.wikipedia.org/wiki/Parten%C3%B3n#/media/Archivo:The_Parthenon_in_Athens.jpg

 

 

 

El partenón de Atenas, como ejemplo, colocó sus columnas y los elementos que soportaban con una separación matemáticamente proporcional: en forma de triángulos áureos, basados en el uso de formación de figuras geométricas armoniosas (cuya base es la proporción establecida por el uso del número phi) y que son agradables a la vista. [Unas columnas que, por cierto, se realizaron de tal forma que parecieran rectas a la vista: la línea recta no existe en el mundo, es una figura matemática ideal].


Las esculturas griegas empezaron como estatuas similares a las egipcias. Cada elemento de la escultura era casi un bloque, sin apenas pulir, refinar y dar organicidad. Ellas fueron creadas con fines más ideológicos que artísticos: trataban de mostrar la divinidad de reyes y héroes de sonrisa hierática fría, semidivina, y con un pie hacia delante, que representaba que estaban a un pie de los cielos. Más adelante procurarían una formación menos básica y más expresiva artísticamente, depurando sus formas y proporciones, hasta llegar a humanizar las figuras y dotarlas de un dinamismo casi orgánico.  Empezaron a dotarlas de una impresión de movimiento.

 

https://es.wikipedia.org/wiki/Arte_de_la_Antigua_Grecia#/media/Archivo:NAMA_Diadum%C3%A8ne_2.jpg

 


Las esculturas adoptaron unos gestos más humanos y menos parcos, logrando una gran organicidad: las esculturas parecían personas, pero personas idealmente bellas. Por otro lado, la columna de los templos fue embellecida y recargada. La columna corintia quedó pulida con trazos y un acabado casi vegetal, que le daba asimismo una impresión de vida que solamente fue superada siglos después por la arquitectura ondulante y orgánica de Antoni Gaudí.

 

Orden, medida y proporción: ellos son los valores del canon de belleza clásico griego. Todo lo que se salga del orden y la belleza es monstruoso para los griegos, porque todo aquello que no tenga unas proporciones y medidas ordenadas está torcido y tiene que ser retorcido. Todo ser sin medida tiene que ser necesariamente algo excesivo y, por tanto, extremo; y, sin orden, puro desorden. Los titanes eran desproporcionados y tuvieron que ser sometidos; los inmensos imperios orientales eran demasiado grandes para ser gobernados sin hacer uso de un mando de puño de hierro, un poder fuerte, despótico y, necesariamente arbitrario. Los persas eran vistos como monstruos soberbios que no conocían límites a su poder total y que hasta pudieran atreverse a comportarse de forma demasiado atrevida con los dioses (se contaba el rumor que un rey persa acuchilló al mar, como venganza a los dioses).  Todo lo que no tuviera unos límites y unas medidas, todo lo inmenso y desproporcionado, era visto como horrible, desmedido, desorganizado y desestructurado.


Y, además, los griegos antiguos tenían el prejuicio de que lo que fuese bello tenía que ser bueno. En realidad, utilizaban el mismo término para referirse a lo bello y lo bueno: καλὸς, kalón: lo grande, lo noble, lo hermoso. En una ocasión, un hombre griego que defendió en un juicio a una mujer acusada de impiedad y corrupción, no tuvo mejor idea que usar como alegato la propia belleza de la acusada: le despojó de sus ropajes y mostró su pureza; alguien tan bello no podía ser impío o malvado. Parece ser que funcionó.


Incluso el racional Platón igualó la bondad suprema (o justicia) con la bondad, razonando que la justicia es la suprema belleza porque lo bueno o justo da equilibrio, orden y armonía (lo que hace que la bondad sea sumamente hermosa). Según el filósofo, los actos buenos son tan nobles y loables que resultan extremadamente bellos. Todavía a día de hoy, se dice que una buena persona es una bellísima persona.


El dios de la luz Apolo, tan valorado por los griegos, fue condenado por su arrogancia a ser esclavo en el templo que le dedicaron a él, tras haber vencido a una pitón monstruosa. De esta experiencia, estableció los dos lemas del oráculo de Delfos: “nada en extremo” y “conócete a ti mismo”, conoce tus límites, no seas arrogante y no cometas actos por encima de tus posibilidades llevado por la soberbia. Los fines del canon de orden, medida y proporción responden a estos lemas.

 

    

      Las columnas dorias eran tan básicas y escasas de elaboración plástica como la escultura. La escultura y columna jonia empezaban a perfilar mayor grado de trabajo expresivo. Finalmente, las figuras y columnas corintias fueron dotadas de una depuración mayor y elaboración artística conforme al ideal de canon de belleza griega, plasmando las proporciones debidas y los detalles cuidados.

 

 

 

https://es.wikipedia.org/wiki/%C3%93rdenes_cl%C3%A1sicos#/media/Archivo:Schema_Saeulenordnungen.jpg

 

Las esculturas adoptaron unos gestos más humanos y menos parcos, logrando una gran organicidad: las esculturas parecían personas, pero personas idealmente bellas. La columna corintia quedó pulida con trazos y un acabado casi vegetal, que le daba asimismo una impresión de vida que solamente fue superada siglos después por la arquitectura ondulante y orgánica de Antoni Gaudí.

 

Todo lo que se salga del orden y la belleza es monstruoso para los griegos, porque todo aquello que no tenga unas proporciones y medidas ordenadas está torcido y tiene que ser retorcido. Todo ser sin medida tiene que ser necesariamente algo excesivo y, por tanto, extremo; y, sin orden, puro desorden. Orden, medida y proporción: ellos son los valores del canon de belleza clásico griego.


Y, además, los griegos antiguos tenían el prejuicio de que lo que fuese bello tenía que ser bueno. En realidad, utilizaban el mismo término para referirse a lo bello y lo bueno: καλὸς, kalón: lo grande, lo noble, lo hermoso. En una ocasión, un hombre griego que defendió en un juicio a una mujer acusada de impiedad y corrupción, no tuvo mejor idea que usar como alegato la propia belleza de la acusada: le despojó de sus ropajes y mostró su pureza; alguien tan bello no podía ser impío o malvado. Parece ser que funcionó.


Incluso el racional Platón igualó la bondad suprema (o justicia) con la bondad, razonando que la justicia es la suprema belleza porque lo bueno o justo da equilibrio, orden y armonía (lo que hace que la bondad sea sumamente hermosa). Según el filósofo, los actos buenos son tan nobles y loables que resultan extremadamente bellos. Todavía a día de hoy, se dice que una buena persona es una bellísima persona.


El dios de la luz Apolo, tan valorado por los griegos, fue condenado por su arrogancia a ser esclavo en el templo que le dedicaron a él, tras haber vencido a una pitón monstruosa. De esta experiencia, estableció los dos lemas del oráculo de Delfos: “nada en extremo” y “conócete a ti mismo”, conoce tus límites, no seas arrogante y no cometas actos por encima de tus posibilidades llevado por la soberbia. Los fines del canon de orden, medida y proporción responden a estos lemas.

 

 Música, teatro y tragedia clásica


El dios Dionisos, dios de la fertilidad, el vino, la locura y la muy celebrada tragedia, fue perseguido por la celosa Hera y finalmente fue descuartizado por sus terribles tíos. Sus miembros se introdujeron en la Madre Tierra, que lo gestarían de nuevo y le harían brotar de nuevo en la tierra, como promesa de fertilidad y vida nueva.

 

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Los grandes héroes de la guerra de Troya sufrieron terribles castigos por participar en esta guerra terrible, que enfrentó Europa a Asia. 

 

Tras diez años de guerra, Ulises con toda su astucia no pudo evitar ser contaminado por una guerra maldita que le separó de su país durante diez años de dolorosa odisea. Aquiles murió por una flecha disparada a su único punto débil por parte del más cobarde de los troyanos (Paris). Por otro lado, debido a los engaños del mismo Ulises, Ayax se derrumbó.  Ayax se volvió loco y se suicidó. 

 

Menelao, el esposo legal de Helena, que tuvo que ir a Troya a recuperar a su esposa porque él era rey de Esparta únicamente por haberse casado con la reina de Esparta, estuvo retenido en Egipto durante diez años con la mujer que le abandonó y humilló su viril soberbia (no me puedo imaginar qué tipo de convivencia tuvieron). 

 

Su hermano Agamenón, coordinador de la guerra sacrílega, que tuvo que matar a su hija Ifigenia para poder conseguir que los barcos griegos pudiesen salir de puerto sin retenciones punitivas divinas, fue asesinado en venganza por su horrible filicidio por parte de su esposa Clitemenestra.  Ella misma fue una gran matrona trágica: aunque tomó el poder, no se vio librada, a su vez, de ser asesinada después por la conjura de sus hijos Electra y Orestes.


La tragedia griega tenía un efecto extremadamente estimulante. El placer que daba era la catársis.  Aristóteles consideraba que ella estaba asociada a la experiencia de la tragedia.


En una tragedia existe un personaje virtuoso (de forma que dé pena su dolor); pero responsable de un acto excesivo (cuyo resultado es la maldición que le conducirá a un dolor). En la experiencia de la contemplación de la tragedia se genera tensión en el espectador a través del climax de la trama dramática y, en su culmen, sucede un alivio que resulta gratificante: una catarsis psicológica.


Nietzsche en su El origen de la tragedia recuperó a tiempo esta rica tradición recordando que la cultura europea no era meramente apolínea, buscadora de la bella apariencia (representada por el canon griego y la posterior búsqueda de armonía en el Renacimiento, clasicismo y neoclasicismo); sino que también el arte tenía una faceta dionisíaca: también había influencia de la tragedia griega. 

 

No solamente había búsqueda de la armonía, sino que también se ha procurado expresar el desencadenamiento de las pasiones extremas en el delirio, en la ebriedad, en las festividades rurales arcaicas de la fertilidad en la que se representaba ritualmente el despedazamiento de Dionisos como promesa de nueva vida (al ser introducido sus pedazos en la Madre Tierra y la posibilidad que abrió a una nueva fecundación y renovación del dios).

 

 Cuando la sociedad griega pasó de ser rural a urbana, las expresiones cultuales a Dionisos se convirtieron en representaciones del teatro trágico. Nuestra cultura heredó la tradición trágica en la que se cantaba poemas terribles y quedó como la moderna ópera.


Escribía Nietzsche que los griegos antes aprendían a bailar que a andar, y que antes aprendían a cantar que a hablar. De la música en la que transmitían sus poemas acerca de sus leyendas épicas y mitos, solamente nos han llegado la letra.


Se perdió la música, que era entendida como cierto modo de saber: las musas inspiraban en los artistas las canciones que narraban los hechos y valores de unos personajes que eran considerados históricos o representativos. En ella aparecían los héroes que eran modelo de conducta, por medio de ella, se educaba moralmente a las personas. 

 

Por ello, Platón quiso restringir los excesos inmorales de las narraciones de los poetas y Aristóteles presentó un tratamiento de la música en la educación de los ciudadanos, de forma que pudieran formarse personas virtuosas y participantes del bien común.


Los poemas más famosos eran unas canciones que siempre acababan siempre en tragedia. La Teogonía de Hesiodo narraba el origen de los dioses y su establecimiento del orden tras enfrentamientos terribles. La Iliada y la Odisea relataban los avatares de personajes que se encontraban contra la espada y la pared, y que se vieron envueltos en círculos viciosos de violencia, que no parecían tener fin.


Las tragedias mostraban que todo ser, incluso los agraciados por los dioses, se ve atrapado por un destino incierto e irrevocable que nos pone en situaciones desesperadas y que obligan a llevar a cabo acciones que darán consecuencias terribles.


El prototipo de ellas pudiera ser el personaje de Orestes, que se veía en la tesitura de que tenía que vengar a su padre matando a su madre; si no lo hacía, las Furias de las normas antiguas le atormentarían por no dar cumplida venganza a su padre, pero si lo hacía, las Furias también le perseguirían por cometer la atrocidad de matar a su madre.


El conjunto de las obras teatrales trágicas era el arte musical dramático que daba cuenta de la visión pesimista de la Grecia arcaica acerca de la realidad, en la que se consideraba que la vida de por sí conlleva siempre desgracia (los mortales son seres limitados condenados al sufrimiento, la vejez y la muerte dolorosa), y a considerar que los conflictos entre las personas solamente conduce a desencadenar actos terribles (vengativos o arrogantes); cuyas consecuencias siempre se les escaparían de las manos a los mortales, por muy poderosos que fueran, y quedarían en manos de un destino tan imprevisible como irracional.


Según la Grecia arcaica, los mortales son seres deficientes que no tienen poder suficiente como para eludir la fatalidad de una vida llena de conflictos, enfrentamientos, sufrimiento, enfermedad y muerte inevitables. Los poemas trágicos daban cuenta de esta visión dramática de la realidad; este arte volvería en el romanticismo, como ópera.


-Bibliografía:


-Adorno, Th. W.  (2004): Teoría estética.  Madrid: Akal. 


-Adorno, Th. W. & Horkheimer, M.  (2004): Dialéctica de la ilustración.  Madrid: Trotta.

 

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-Platón (1971). Fedro.  
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 Madrid: Akal.



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