La "Retórica" de Aristóteles
Juan José Angulo de la Calle
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Atenas era una democracia, así que la técnica de atraer apoyos por medio de persuasión se hizo muy necesaria. Hubo expertos en construir discursos articulados que fueran convincentes: los sofistas. Platón había criticado a los sofistas, maestros del arte de persuadir, acusándoles de presentar como fuerte el argumento más débil y hacer uso de la demagogia. Frente a la retórica sofista, él presentó la dialéctica como modo más racional de hacer discursos. El discurso razonado de los filósofos era presentado como prevaleciente y legítimo, en lugar de los demás.
Su discípulo Aristóteles, en lugar de despreciar la retórica, la incluyó entre sus estudios. Aristóteles definió la retórica como el arte de convencer, no la redujo a persuasión, sino que la integró en la racionalidad presentándolo como elocuencia. La retórica es el arte que trata sobre lo verosímil. Veía que este arte se podía utilizar en la asamblea, en un juicio y para honrar o laudear a alguien.
Los discursos articulados retóricos se dividían en tres especies de prueba por persuasión: ethos, pathos y logos. El ethos era la actitud y presencia del orador, su credibilidad para tratar un tema. El pathos son las emociones que se deben encender en el público para enardecerlo y reclamar su aprobación. Y el logos sería la argumentación que respalda la tesis que se quiere defender.
El logos consistiría en el uso del entimema. El entimema es un silogismo truncado. Un silogismo es un argumento en el que se presentan dos premisas que permiten llegar a una conclusión. e.g. Todos los hombres son mortales-Sócrates es un hombre-luego Sócrates es mortal.
En el caso de la argumentación retórica no es necesario o recomendable hacer un largo discurso con toda la argumentación. Un entimema constaría con una parte del silogismo, en el discurso se desplegaría una parte de la argumentación (una premisa y la conclusión, por ejemplo) y no hace falta completarla porque es el público el que la sobreentiende o la pone en su mente.
Desgraciadamente, en los discursos políticos en general se reduce la retórica a atacar la credibilidad del oponente, de forma que lo desautoricen o lo degraden para el público; o bien hacen uso de las bajas pasiones para enardecer a la asamblea y obnubilar el juicio del público, haciendo uso de discursos llenos de odio visceral hacia presuntos enemigos o enalteciendo hasta el culto la identidad chovinista sin contenido.
Bibliografía:
-Aristóteles 2000: Retórica. Madrid: Editorial Gredos.
-Platón 1994: La República o el Estado.
Barcelona: Edicomunicación.
Barcelona: Edicomunicación.
-Platón 2010: El sofista. Madrid: Alianza editorial.


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