2020(e)ko maiatzaren 25(a), astelehena

Ensayo sobre la filosofía moderna europea





Ensayo sobre la filosofía moderna europea

Juan José Angulo de la Calle


Renacimiento








 
En los burgos medievales de la península itálica ya se había desarrollado el comercio mercantil y la cultura. En estos antiguos burgos medievales y comerciales  se había dado un gran desarrollo económico y su consecuente desarrollo cultural, al haber mecenas que pagasen a artistas.  Los nuevos ricos, los comerciantes, para sentir real su status tenían que lograr gran cultura, que formaba parte de los rasgos de la nobleza; por ello, promocionaron a artistas, de forma que consiguiesen una imagen de status alto.

En el Quattrocento se dio un gran avance en las diversas ciudades de la península itálica, y aún antes aparecieron escritores de la talla de Dante Alighieri, Francesco Petrarca y Giovanni Boccaccio. 

Por otro lado, Marco Polo y otros exploradores empezaron la apertura de Europa al resto del mundo y a su apertura de miras.

Es en estas tierras, donde ya había un gran caldo de cultivo cultural, se produjo el Renacimiento. Muchos artistas y autores del Imperio de Bizancio huyen a la península itálica, a estos mismos burgos recuperando los cánones de arte clásicos (armonía: orden, medida y proporción), dando lugar al Renacimiento.  


La traducción de la obra del arquitecto Vitrubio (coetáneo a Julio César) impulsó la introducción de la perspectiva (las tres dimensiones necesarias para la arquitectura) a la pintura (dando lugar al uso del punto de fuga y a la técnica del sfumato), y la aplicación de la geometría y el uso de la proporción áurea (uso del número irracional phi o Φ para formar figuras armoniosas).  

Teóricos y artistas como Luca Pacioli, Leon Battista Alberti y Albrecht Dürer impulsaron la idea de que componer los cuadros -y esculturas- aplicando proporciones matemáticas daba lugar a elementos armoniosos, que eran vinculados a la belleza -seguramente por ser agradables a la vista-.  




https://es.wikipedia.org/wiki/Espiral_dorada#/media/Archivo:Fibonacci_spiral_34.svg


En el Renacimiento, la base más importante de la aplicación de la proporción áurea fueron las medidas de longitud del cuerpo humano: pies, palmos, dedos, pulgadas y yardas; dando lugar a que diera el mensaje indirecto de que el ser humano fuera la medida en función de la que se formaran el resto de figuras y espacios de la ordenación de los cuadros, las proporciones en la escultura y el ordenamiento de los elementos en arquitectura.  Ello fomentaría más adelante al humanismo renacentista.


https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/f/f1/Vitruvian_Man_by_Leonardo_da_Vinci.jpg
https://es.wikipedia.org/wiki/Hombre_de_Vitruvio#/media/Archivo:Vitruvian_Man_by_Leonardo_da_Vinci.jpg




 

Junto a la proporción áurea (posición de los rasgos faciales, estructura anatómica y tratamiento de los elementos del espacio de forma matemática), se introdujo en pintura el punto de fuga (la perspectiva) y la técnica de sfumato: difuminar el fondo de los cuadros para expresar distancia y perspectiva. 


https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/7/73/Leonardo_da_Vinci_-_Mona_Lisa_%28Louvre%2C_Paris%29.jpg
https://es.wikipedia.org/wiki/La_Gioconda#/media/Archivo:Leonardo_da_Vinci_-_Mona_Lisa_(Louvre,_Paris).jpg



 

 Humanismo


El gran cambio que dio lugar al Renacimiento fue la caída del Imperio romano de oriente, Bizancio. La conquista de Constantinopla por parte del Imperio turco otomano en 1453 llevó a un gran cambio en las sociedades europeas.   

La consecuencia directa fue que las rutas comerciales (ruta de la seda, ruta de las especias...) fuera monopolizada por el Imperio turco y los europeos tuviesen que buscar otras rutas comerciales (circunnavegando África por parte del Reino de Portugal y que el Reino de Castilla buscase llegar a la India por el este -sin saber que en medio se encontraba América-). 
  
Europa tuvo contacto con nuevos continentes en su proceso de colonización e invasión.  Por presiones por parte de Bartolomé de las Casas, entre otros, y por las revueltas de indígenas, se acaba declarando el Estado de Gentes.  Sobre el papel y de forma meramente formal, Europa reconoce la humanidad de las personas de los pueblos no cristianos y tildados de "salvajes".

Estos hechos, junto a la recuperación de textos clásicos grecorromanos y a la importancia del ser humano otorgada por parte de los pensadores de la época, conduce al humanismo renacentista.  


La visión medieval de Agustín de Hipona había consignado que el ser humano estaba en Caída y no podía hacer el bien por sí mismo (carece de fuerza de voluntad y necesita a Dios).  


Por contra, humanistas como Pico della Mirandola aseveran que el ser humano es un ser pensante y capaz de tomar sus propias decisiones, y es un ser capaz de actuar y ejercer influencia sobre asuntos mundanos [como lo demuestra la tradición grecorromana clásica, en la que aparecen las habilidades históricas del ser humano para moverse en asuntos humanos por medio de la astucia, la estrategia y la razón].


Maquiavelo realiza varios escritos en los que describe que, teniendo presentes las pasiones humanas, el gobierno del Estado puede regularizar la sociedad por medios desacralizados y fuera de la moral cristiana.  

 



 

En El príncipe, distingue entre la bontá (bondad, moralidad individual) y la virtù (virtud o habilidad política táctica).  La bondad se tiene que ejercer en la vida individual, mientras que el príncipe debe poder usar aquellos métodos que le permitan mantenerse en el poder y ejercer el poder.  


Por supervivencia y para establecer un orden, el príncipe tiene que tener libertad para "ser un zorro entre aliados [engaños] y león con los lobos [castigos]".  


Maquiavelo considera que los seres humanos son malvados (egoístas, interesados) y que se tiene que establecer un Estado para que haya orden, un orden establecido por medios mundanos, alejados de la moralidad cristiana (y cercanos a los utilizados en la época clásica grecorromana -Maquiavelo escribió sobre la historia en tiempos de Tito Livio-).


Con una cierta apertura a otros pueblos (sobre todo los antiguos europeos -ensalzados en el arte renacentista-), la mentalidad cambia.  Hay una mayor disposición a una apertura a teorías divergentes.  Los descubrimientos en artillería y su consecuente estudio de las trayectorias de los proyectiles condujeron al avance en matemáticas.


Dicho avance científico, propició el desarrollo en diferentes teorías astronómicas.  Dio lugar a un cierto relativismo: podían existir diferentes teorías acerca de la astronomía que fuesen consistentes [el progreso era visto como algo negativo: conducía a darse cuenta de que las teorías iban cayendo, según se avanzaba se hundía lo que se había concebido]. 


En este clima, pudo ser publicado el escrito de Copérnico sin crear ningún malestar social: había muchas teorías y una teoría más, aunque pudiese ser polémica, no implicaba nada, porque no dejaba de ser una hipótesis matemática más que valía en el papel.




Reforma y filosofía moderna


El estado de tolerancia respecto al relativismo y a la valoración de la tradición pagana acabó con la Reforma protestante.  Solamente podía haber una verdad, o la católica o la protestante.  


Cualquier posicionamiento relativista o idea divergente podía ser vista como un cuestionamiento de la verdad, que ahora no podía ser puesta en duda porque el monopolio de ella y del poder ya no lo tenía la Iglesia católica y ella no podía permitirse medias tintas, que le podían hacer el juego al nuevo foco del poder sobre las ideas.


En el Renacimiento, la Iglesia católica tenía asegurado el poder sobre las ideas y no importaba que hubiese acercamientos divergentes (relativismos, hipótesis meramente matemáticas como la de Copérnico y coqueteo con la cultura pagana clásica), ya que no tenía efectos sobre su poder.


Sin embargo, cuando empezaron a surgir iglesias cristianas protestantes en diversos Estados europeos que trataban de justificarse señalando que eran ellas las que tenían la verdad, la Iglesia reaccionó con dureza frente a posicionamientos divergentes: solamente podía haber una verdad y quien no la defendiese, era visto como una persona que cuestiona la verdad de la Iglesia y su autoridad.


Mientras que en la época renacentista Copérnico pudo publicar su obra, siendo tomada como una mera hipótesis matemática, Galileo Galilei fue censurado por defender su teoría heliocéntrica con mejores planteamientos matemáticos y pruebas experimentales (su uso del telescopio).


En los Estados donde se realizó la Reforma, también hubo persecuciones como las del astrónomo heliocentrista Johannes Kepler y el defensor del sistema circulatorio sanguíneo Miguel Servet.


El arte agotó la expresividad renacentista con el manierismo (hacer arte a la maniera renacentista, aunque con figuras de formas sinuosas y no rectas para darles dinamismo).  Fue usado como herramienta ideológica por parte de la Iglesia católica y las monarquías absolutas para demostrar su poder y grandeza, de forma que atrayese a la gente y la persudiese de su gran poder y de la gran verdad que defendía [Luis XIV, el principal impulsor del fastuoso palacio de Versalles, dijo: "El Estado soy yo"].  





 

El arte barroco contenía una composición muy recargada y llena de detalles, como muestra de ostentación y poder (motivos que eran impulsados por los poderes a los artistas); el uso de fuertes e intensos claroscuros realzaba este estilo de gran expresividad y fasto.  La expresión de grandes ideas y de la gran verdad tenía que ser presentada de forma grandilocuente y exagerada, y se fomentó estas tendencias en el arte; de esta forma, se expandía la gran verdad única ostentada por las iglesias cristianas y la nueva monarquía absoluta.


Solamente podía haber una verdad.  Por ello, la búsqueda de la certeza es la gran inquietud de la filosofía moderna.  Dicha certeza fue encontrada por parte de Réne Descartes.




 

 Filosofía moderna

 


La filosofía medieval y renacentista consideró que el conocimiento era objetivo, pero Descartes dudó del mundo como tal y solamente encontró al sujeto pensante como fundamento del entendimiento.  El conocimiento pasó de ser objetivo a ser subjetivo, y dicho sujeto pensante fue la certeza que encontró Descartes.


La duda metódica de Descartes es una mera estratagema para al final llegar a certezas.  Puso en cuestión los datos de los sentidos (que son confusos y bien podían ser un sueño o matrix), el mundo (una ilusión de un genio maligno) y la existencia de Dios (en cuyo lugar bien podría estar el mencionado genio).  


En una época en el que los descubrimientos matemáticos de Galileo cuestionan que el sol sea el que se mueva en torno al sol, como nos parece con los datos de los sentidos: la verdad no puede provenir de la mera experiencia.


Claro, este cuestionamiento es una mera argucia, dado que al final se presenta una certeza.  No era época para dudas demasiado grandes y la búsqueda de certeza se refleja en el método de Descartes.


René Descartes fue un gran matemático (configurador de las coordenadas cartesianas, entre otra aportaciones) y tuvo que conocer el álgebra moderno que se estaba desarrollando en su época.  El álgebra consiste en un sistema de operaciones que permiten descubrir una incógnita (descubrir qué número es x, y, z...) y pudo influir en su método, que busca descubrir un elemento todavía no conocido, pero básico y fundamental para el saber.     

Su método consiste en no tomar como punto de partida nada que no sea puramente evidente (descartando todo), eliminar como evidente aquello que pueda dar lugar a dudas y quedarse con lo evidente; partir de esos primeros principios para llegar a ideas secundarias, a partir de las cuales formar un sistema o teoría.


[El método de Descartes fue la base de la nueva lógica moderna desarrollada por la escuela de Port-Royal]. 

En su caso, dudó de todo (para recuperarlo después) y pensó que, aunque todo pudiese ser falso y nos engañase un genio maligno, debe existir alguien para que pueda ser engañado: un ser engañado.

Como existe un ser que se puede equivocar, debe existir un ser que piensa y duda, aunque se equivoque y sea engañado.  Tiene que haber un engañado; y esta conclusión la logra por el mero pensar: cogito, ergo sum [derivación de la conclusión de Agustín de Hipona:  dubito ergo cogito, cogito ergo sum; dudo luego pienso, pienso luego existo].


La certeza proviene del pensamiento, por lo que se detiene a contemplar su contenido.  Encuentra que en el pensar hay una serie de ideas previas a la experiencia (las ideas innatas) que permiten focalizar los datos de los sentidos dentro de conceptos que los ordenan de forma que sean inteligibles y que no pueden venir de la experiencia porque tienen que existir antes para que pueda ser concebible el haz de datos sensoriales.


Dentro de estas ideas, esta la idea de infinito que no puede venir de un ser finito; así que tiene que ser puesta por un ser infinito o Dios [otra versión del argumento ontológico de Anselmo Canterbury: si se puede pensar en algo más grande que el mero pensamiento, no puede venir del pensamiento sino de un ser más allá de aquello que puede ser pensado o Dios].   [Sin tener en cuenta que el infinito puede ser la negación de lo finito y que el pensar que se tiene monedas en el bolsillo no implica que ellas existan].


Concluido que Dios existe, Descartes afirma que como Dios es bueno, no nos engaña y que el mundo es real y los datos de los sentidos son relativamente fiables.


Duda de todo para, al final, llegar a que existe todo; hace como que duda de la existencia de Dios, para después recuperarlo.  No eran tiempos para dudas grandes, por eso su duda era meramente metódica y por eso buscaba certeza: porque su mundo buscaba una certeza.


Llega a una certeza: la existencia del sujeto pensante y pone como base del conocer a dicho sujeto, con un pensamiento e ideas innatas, y que se remite a sí mismo: no data directamente la realidad, sino que el pensamiento cuenta con una serie de representaciones.  


Las ideas no son descripciones objetivas de la realidad, sino representaciones del pensamiento del sujeto pensante.  El conocimiento deja de ser objeto y pasa a ser subjetivo.


Michel Foucault retrata este cambio de paradigma en el conocimiento a través de el cuadro de Las meninas de Diego Velázquez.  En el arte precedente, el arte es objetivo: tiene un centro claro, si no está en el propio centro, se destaca por la luz o porque las miradas de los personajes se dirigen a él.  En el cuadro de Velázquez no hay un centro al que dirigir la atención, no se sabe qué es lo más importante [¿es la princesa Margarita que está en el centro, las meninas que dan nombre al cuadro o los reyes que están reflejados en un espejo?].  Para entender esta pintura, se requiere la intervención del observador: el arte es subjetivo.  Asimismo es el conocimiento: el conjunto de las representaciones o esquemas mentales del sujeto.





Empiristas y racionalistas

 



En Gran Bretaña, se dio un gran crecimiento comercial (debido a la colonización) que dio lugar a un esplendor cultural.  Junto a la ciencia de Newton, se dio lugar a una época que superó una guerra civil y una revolución liberal, que abrió las puertas a la diversificación del pensamiento.  Un proceso de Ilustración, en el que se ensalzaba la razón y se ponía a ella como fundamento de todo; movimiento cultural que empezó en Gran Bretaña y continúo más adelante en el resto de Europa; un proceso cultural en el que se abrió a otras formas de concebir el conocimiento.


El ensalzamiento de la ciencia experimental por parte de Francis Bacon, así como los descubrimientos teórico-matemáticos comprobados de forma experimental por parte de Galileo, conducen a valorar la experiencia y los datos de los sentidos.
  
Entre otros teóricos, Locke afirma que las ideas innatas son indemostrables, por lo que el conocimiento tiene que venir de otra fuente: las sensaciones.  Entonces, las ideas serían meras abstracciones de los datos de los sentidos, generalizaciones.
Leibniz fue el último intelectual que abarcó todos los saberes de su época (sus sucesores no lograrían tratar todos los temas de su época), se preocupó por el saber y por el valor de la racionalidad.  Como diplomático consideraba que meramente por medio de presentar claramente las razones del Estado al que representaba, se podía convencer a otros Estados a plegarse a sus condiciones.  Su talante escuchante y abierto le llevó a pensar que podía conciliar a católicos y protestantes [logrando únicamente que los católicos quisiesen convertirlo y los protestantes, tratarlo como autoridad y que al final le llamasen Glaub nicht, El que no cree]. Como pensador preocupado por el saber, atendió a posiciones contrarias a la suya para darle su debida contestación.
Leibniz cuestiona el posicionamiento de Locke, aseverando que la experiencia solamente sería comprensible si hubiese una serie de ideas innatas que ordenen el caos de los datos de los sentidos. 


Un saber meramente sensorial podía impedir que tuviese legitimación conceptos puramente formales y fundamentales como las categorías o modos de ser.  Hume recogió dicha inquietud para aseverar que ellas carecían totalmente de fundamento y pudo soportar la conclusión de que el entendimiento era meramente convencional.  





 
Incluso la fundamental noción de causa carece de fundamento: no es comprobada por los sentidos (solamente se ve que suceden cosas, pero la relación entre ellas es una asociación que hace el sujeto por costumbre); se podría afirmar que se da un fenómeno si se cumpliese en todos los casos, pero dicha comprobación sería imposible porque no se puede realizar (no se puede experimentar los innumerables casos que se dan en el transcurso imparable del tiempo).


Kant asume que el conocimiento viene de los sentidos, pero solamente son posibles los datos sensoriales por el entendimiento si son pasados a través de unos conceptos fundamentales previos (los aprioris).  Únicamente pueden ser reconocibles y cognoscibles los datos de la experiencia si se cuenta con formas de focalizarlos y ordenarlos con conceptualizaciones y categorías previas.
Kant, además de verse influído por David Hume y el racionalista Christian Wolff, conocía la obra de Newton.  En su mecánica clásica, dispuso que había tres leyes físicas fundamentales (ley de la inercia de los cuerpos, ley fundamental de la dinámica y principio de acción y reacción) que delimitaban la influencia de los cuerpos de grandes masas que atraían a otros más pequeños (por obra de una desconocida fuerza de la gravedad) y que el espacio y el tiempo eran absolutos [dicha concepción duraría hasta la teoría de la relatividad de Einstein, que demostraba que el espacio y el tiempo son relativos].  El espacio y el tiempo de los que trataba científicamente Newton eran una de las bases del conocimiento, según Kant.  
Solamente se puede situar los objetos si se tiene previamente unas nociones del espacio y el tiempo, nociones matemáticas fundamentales y las categorías; sin ellas, ni siquiera sería posible llegar a captar algo por los sentidos, serían un haz incomprensible de datos sin posibilidad de formar parte del entendimiento del sujeto (no habría nada pensable).


Una persona de nacimiento ciega, si lograse la vista, sería incapaz de entender los datos que recibe de los ojos porque su entendimiento de la realidad solamente ha sido formada por otros sentidos.  Únicamente obtendría datos con los que no sabe manejarse, a menos que utilice el resto de sentidos, en los que está formado.


El posicionamiento de Kant tiene un precio: el entendimiento solamente cuenta con las representaciones del sujeto, consta de cómo concebimos las cosas, pero no data de cómo son las cosas en sí mismas.  


Se conoce los esquemas mentales o conceptuales que el sujeto se hace para entender la realidad o hacerla entendible para él, pero no tiene conocimiento acerca de la propia realidad.  Solamente se sabe acerca de las representaciones; cómo sea la realidad es algo que va más allá de la conceptualización que se haga el sujeto (por medio de los sentidos y los aprioris que ordenan sus datos).  En cierta manera, se recogen las conclusiones de Hume.


Los filósofos idealistas le denunciarían a Kant que si se sabe que no se tiene un saber de las cosas en sí, es que algo se sabe de la realidad (cómo no es) y para poder decir que lo que se conoce no data la realidad es que algo se debe saber de cómo es la realidad (para poder afirmar cómo no es).


A partir de ahí, una vez que los idealistas, de una manera o de otra, unan el conocimiento subjetivo con el objetivo, concluirán que han llegado al conocimiento absoluto y empezará la filosofía contemporánea europea.



Bibliografía:



-Arana, J. R. (2005): Balada de la filosofía y de la ciencia.  Barakaldo: Ediciones de Librería San Antonio. 

 

-Casas, A.  (2015): La materia oscura.  Villatuerta: RBA.

 

-Corbalán, F.  (2012): La proporción áurea.  El lenguaje matemático de la belleza.  Villatuerta: RBA.

 

-Descartes, R. (1959): Discurso del método. Madrid: Losada, S.A.


-Foucault, M. (1997): Las palabras y las cosas. Madrid: Siglo XXI.


-Kant, I.  (2002): Crítica de la razón pura.  Barcelona: Ediciones Folio. 


-Leibniz, G. W. (1992): Nuevos ensayos sobre el entendimiento humano.  Madrid: Alianza Editorial.



-Locke, J. (2015): Ensayo sobre el entendimiento humano.  México D. F.



-Russell, B.  (2009): Historia de la Filosofía.  Madrid: RBA. 


-Toulmin, S.  (2001): Cosmópolis.  El transfondo de la modernidad.  Barcelona: Ediciones Península.

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