2014(e)ko abenduaren 9(a), asteartea

Diario de Ilargi



Diario del dolor.  Ilargi Iluna.


4/12/2014

Tengo una tensión enorme que siento sobre todo entre las tripas y el pecho. Es como un paso constante e intermitente de electricidad que me corroe por dentro sin parar, como el castigo siempre renovado a Prometeo.


Lo que me rodea resulta insignificante frente a él. Si me fijo en algo es por la aversión. Todo me da asco, todo me repugna.

La angustia por mis incertidumbres no me deja sentir otra cosa. Vivimos haciendo funambulismo, pendientes de un hilo y sin ninguna certeza. Nada es seguro, el paro es lo cierto y la precariedad laboral es lo normal. Crisis es vivir, la crisis es la vida. Todos los lemas optimistas parecen, más que ingenuos, una broma cruel y sádica.

He llegado a superar mis estudios en Bellas Artes, he finalizado mi carrera, lo único que se me daba bien, para darme cuenta que en el mundo no vale, al menos mi talento no sirve. Tanto estudiar para no llegar no sólo a no conseguir un trabajo en lo mío, sino a no conseguir ningún trabajo e, incluso, ni siquiera saber en qué puedo trabajar.

Cuando la angustia se vuelve tristeza, al menos parece tener una forma y no es caos. Entonces es sólo la náusea del absurdo de vivir y la vida resulta regular en lugar de ser mala.

Nada quita la tensión, nada quita la tensión, nada quita la tensión.

Es el horror... el horror...


5/12/2014

No hay nada como un día regular, casi te hace recordar cómo eran los días buenos. Son casi como la ataraxia o el vacío. Comparado con los demás días, los días malos, resultan catárticos, son un alivio.

Pensar en la muerte me alivia. Siento la tensión, pero no me perturba. En cualquier caso, es sólo una euforia efímera, solamente es un subterfugio para soportar la depresión, no durará.

No puedo ilusionarme, Eris volverá. Siempre vuelve. Siempre.

A fin de cuentas, soy la hija no deseada de la sociedad. Soy inútil desde el punto de vista de la pura productividad, no soy una técnica, no produzco, no vendo, quedo fuera de la sociedad de consumo. Solamente puedo crear lo que no se puede poseer ni vender, ideas y sensaciones estéticas. Soy la lacra de la sociedad.


6/12/2014

La tensión es inmensa, casi absoluta. Ella no deja sentir otra cosa, todo lo demás es simplemente insignificante. Todo lo que me rodea y todas las personas que me rodean no son más que un escenario por el que moverme, solamente las noto cuando me molestan y acabo irritándome por añadir dolor al dolor. Habrá personas que tengan problemas más acuciantes, pero sinceramente no me importa. Tampoco es un consuelo pensar que hay gente que está peor.

Otras personas. Sartre consideraba que el infierno son las otras personas. Su mirada, su modo de observar al resto como un sujeto que mira un objeto, objeto de conocimiento aunque sea, resulta insoportable. Nos miran desde su conciencia llena de intereses, para el resto soy un instrumento. No comparto el impulso gregario, no deja de ser un subproducto de la necesidad de buscar una manada para sentirse protegido. Toda compañía es una búsqueda de apoyo, se busca protección y acaba siendo terapia de grupo para tener a alguien que nos dé un apoyo fácil y consuelo, se busca la aprobación incondicional y una confirmación de la autocomplacencia. Todo eso se queda en nada cuando se ve que el dolor es personal e intransferible, y que hay que afrontarlo sola.

El dolor y la vida se han vuelto indisociables. Me doy cuenta de que estoy viva por el dolor y puedo sentir dolor porque estoy viva. Dolor y vida son sinónimos. Todas las cosas que hago son subterfugios para soportar la vida, son distracciones. Me encantaría evadirme del todo de ella, aunque sea por medio de la locura.  Quisiera poder arrastrarme debajo de una roca con el resto de los gusanos. Pero yo vivo.


7/12/2014

Cuando estoy ocupada, deslizo la atención hacia fuera y no me perturba del todo lo interior, la tensión. Entonces siento la náusea de Sartre, mi vida me parece absurda y se me revuelven las tripas. Es mejor que la angustia, que casi quita la respiración. Es el dolor de no lograr lo que se necesita y no saber por qué, es la desesperación que atormenta porque exige inmediatez. Es el peso que nos aplasta, frente al nulo peso que tenemos en el mundo, lo que Kundera llama: la insoportable levedad del ser. No importaría tanto si no hubiese que competir en la sociedad y la balanza de la mano invisible no nos aplastase con su caótica inestabilidad.


8/12/2014

La ausencia de dolor es sublime.  La tensión todavía está ahí, pero incubada (y preparada para eclosionar cuando menos me lo espere).
Procuro sentir la ataraxia con moderación, sé que no va a durar.

Hoy he terminado un cuadro.  El proceso creativo me ha distraído lo suficiente como para abstraerme y dejar de sentir por un momento.  Pronto desaparecerá, fugazmente como el rocío que es la vida.

Deposito mi última esperanza en la muerte.  Cuando desaparezca la sensación, cesará el dolor.  Esta ilusión me ayuda a seguir adelante...  Saber que tengo esta opción como último recurso... para cuando no pueda soportarlo más..., me quita un gran peso de encima.  La muerte redime la vida.

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