2026(e)ko irailaren 15(a), asteartea

La transformación social

 La transformación social

 

Juan José Angulo de la Calle
 
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 La esclavitud fue legal.  El voto femenino fue ilegal.  Todo derecho que se dispone ahora fue irreal en su momento, hasta que se realizó la procedente lucha social que obligó a cambiar la realidad.
 
Buscar mejoras en derechos laborales y sociales no es una utopía, ni rechazar la realidad como tal.  Es ser avanzado para la época y tener una conceptualización que tiene presente las potencialidades de la realidad.
 
Nada ha sido regalado.  Todos los derechos fueron logrados por medio de la cruenta lucha en las calles porque se reprime todo lo que elimina privilegios de los poderosos.  Los derechos que disponemos ahora una vez fueron ilegales y las masas tuvieron que luchar contra la legalidad para lograr mejoras necesarias en las condiciones de vida.  Fue la delincuencia el motor de la historia.  Solamente la lucha social en las calles permite el logro de lo llamado irreal o que ahora mismo no existe.  
 
 

2026(e)ko ekainaren 30(a), asteartea

La muerte

 La muerte

 

Juan José Angulo de la Calle
 
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En el Fedón de Platón se indica que la filosofía es la preparación para la muerte.  Sócrates pensaba que la muerte no es nada terrible porque o bien lleva a la existencia en el Hades o bien consiste en un sueño.
 
Los estoicos defienden que hay cosas que no dependen de nosotros, como la vida y la muerte, y que, como no podemos hacer nada, no merece la pena preocuparse (y que hay que aceptarla estoicamente porque es necesaria).  Séneca indicó que la reflexión sobre la muerte inevitable nos sirve para apreciar el presente, tan preciso y tan precioso.
 
Epicuro señalaba que no hay que preocuparse por la muerte porque no la vamos a vivir, porque cuando nosotros somos no hay muerte y cuando se la muerte nosotros no somos.
 
En la línea materialista y atomista del epicureísmo, se podría decir que cuando llega la muerte, se acaba la vida, desaparece la capacidad de sentir y se acaba el sufrimiento.  Se desordenan los átomos cuya organización permitía un sistema nervioso que siente y ya no puede sentirse dolor.
 

Bibliografía:

 

 

-Diógenes Laercio (2007)Vidas de los Filósofos Ilustres.  Madrid: Alianza Editorial.


-Epicuro 
(1985): Carta a Meneceo y máximas capitales.  Madrid: Alhambra.

 

-Epicuro (2005): Obras completas.  Madrid: Cátedra


-Epicteto 
(2012): Un manual de vida.  Barcelona: Los pequeños libros de la sabiduría.

 

-Gandara, D. (2007): Séneca. Vida, pensamiento y obra.  Barcelona: Ediciones Orbis. 


-Platón (2014): Fedón.  Madrid: Editorial Gredos.

 

-Séneca (1984): Diálogos.  Madrid:  Editora Nacional.

 

-Séneca (2011): Sobre la vida feliz. Madrid: Gredos.

 

-Schlanger, J. (2000): Sobre la vida buena. Madrid: Editorial Síntesis.

2026(e)ko ekainaren 17(a), asteazkena

En torno a la belleza

 En torno a la belleza

 

Juan José Angulo de la Calle
 
 
 
https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/f/f9/The_Symposium_of_Plato_LACMA_M.90.53.jpg
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 Según Platón hay una noción objetiva de la belleza.  En el mundo encontramos cosas bellas, pero para reconocerlas como tales debemos tener una noción de belleza general.  Como esa idea no pertenece a este mundo multiforme y contingente, debe existir en otro mundo, en el Mundo de las Ideas.
 
Kant considera, en cambio, que el juicio sobre la belleza es subjetivo.  No tenemos más conocimiento que el que parte de la experiencia sensible de los fenómenos, por lo que un juicio sobre la belleza, quedando fuera las evaluaciones acerca de lo que se contempla.  El juicio de belleza es un constructo que es finalidad sin fin porque no hace falta tener el objeto admirado para tener gusto sobre él, sino que basta con su mera contemplación y no hace falta tratarlo como medio para un fin, él ya es un fin en sí mismo.
 
Hay muchos juicios acerca de lo que son las cosas bellas.  No nos ponemos de acuerdo de forma universal respecto a lo que consideramos bello.  Es una cuestión subjetiva, pero hay algún tipo de noción sobre la belleza.  Bello es aquello que nos resulta agradable en la contemplación, esto es lo general, aunque no estemos de acuerdo en los objetos que consideramos bellos
 
Kant considera que el juicio de la belleza es un juego entre la representación (las diferentes imágenes y sonidos concretos que consideramos bellos) y el entendimiento (se tiene una noción general y vaga acerca de lo que es la belleza).  Así, se va renovando el concepto de belleza según vayan apareciendo nuevos cánones de belleza.
 
Hay algo universal en el concepto de belleza, en tanto en cuanto es comunicable.  Podemos decir que algo nos parece bello y resultar que los demás no están de acuerdo, pero los otros han entendido lo que he dicho acerca de lo que me parece bello.  Puede ser una noción intersubjetiva, aunque sea de forma vaga.
 

Bibliografía:

 

-Chatelet, F. (1967): El pensamiento de Platón.  Barcelona: Editorial Labor. 
 
-Platón (2014): El banquete.  Barcelona: Gredos. 
 
-Kant, Immanuel (2001): Crítica del juicio. Trad. Manuel García Morente. Madrid: Espasa Calpe.
 
 
 
 

2026(e)ko ekainaren 16(a), asteartea

Sobre la felicidad

Sobre la felicidad

 

Juan José Angulo de la Calle 
 
 
https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/8/8a/Epicurus-PergamonMuseum.png
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Los filósofos antiguos debatieron mucho acerca de la felicidad.  Platón señaló que se logrará la armonía si gobierna la razón porque es la única que puede dar a cada parte lo que le corresponde en justa medida y necesidad.  Aristipo defendió que la felicidad consiste en lograr el placer y evitar el dolor.  Aristóteles, por su parte, indicó que hay placeres dañinos, por lo que la felicidad se logrará si se actúa en un justo medio porque evitaría el exceso y el defecto en la vida y se lograría equilibrio en la vida (aunque luego diría que la felicidad se da por la vida contemplativa, porque siempre está a mano).
 
Durante el helenismo, el debate sobre la felicidad se volvería central.  Los escépticos huían del estres de los dogmatismos, así su actitud es un desapego (epojé) de toda idea, una suspensión del juicio.  A partir de evitar el exceso de ser absolutista en las ideas, se da una calma o serenidad (ataraxia) que aligera la vida.  Epicuro señaló que esta serenidad se obtendría si se busca el placer y se evita el dolor.  Dio más énfasis en la segunda parte, haciendo que se eviten los placeres excesivos que sean dañinos y realzando las virtudes como forma equilibrada de vivir (tales como el cuidar la amistad, procurar el estudio de la filosofía y tener moderación en todo).  Los estoicos defendían que no se debe buscar la felicidad por la felicidad, sino que es un complemento de cumplir con el deber que se da cuando superamos nuestros impulsos y realizamos la moderada virtud.  No se debe buscar la felicidad de por sí porque sería como procurar placer y ello es una tendencia que nos haría indisciplinados llenos de molicie.
 
Agustín de Hipona señalará después que la felicidad viene de hacer lo que realmente queremos, que es hacer el bien.  Una finalidad que por nosotros mismos no podemos procurar porque somos débiles de carácter y tendemos al mal.  No tenemos suficiente fuerza de voluntad para hacer el bien, nos dejamos llevar por los vicios y hacemos el mal.  La felicidad vendría de Dios, que nos daría el necesario impulso de hacer el bien.
 
Con la modernidad, se anula el debate acerca de la felicidad.  Kant señala que ella está fuera del conocimiento, reducido a la experiencia y, por tanto, la noción de felicidad quedaría como metafísica sobre la que se puede pensar, pero que no se puede conocer.  Hay una diferencia fundamental entre el ser y el deber ser porque lo que es, cognoscible, no es lo que debería ser, una valoración práctica.  No hay ética de la virtud que tenga que ver con lo que es el mundo y cómo desenvolverse de él, dado que esto último es incognoscible. Como mucho podemos plantear máximas que pensamos que todo el mundo debería realizar.  La ética, por tanto, es una reflexión sobre el deber y no hay consideración alguna acerca de la felicidad. La ética no serviría para lograr la felicidad, sino para ser dignos de ella.
 
Hoy en día hay muchas interpretaciones acerca de cómo conseguir la felicidad.  Para algunas personas, el tener éxito en la vida es el camino para lograr la dicha.  Según otras, el amor es lo que da la felicidad.  Algunos psicólogos consideran que la felicidad es el resultado de tener una actitud positiva y el trabajar las emociones y las relaciones interpersonales.  Además, hay más posiciones.  Por tanto, es difícil tener una opinión clara y segura acerca de ella.
 

 Bibliografía:

 
 
-Arana, J. R. 2005: Balada de la filosofía y de la ciencia.  Barakaldo: Ediciones de Librería San Antonio.


-Aristóteles 1980: La metafísica. Madrid: Editorial Espasa-Calpé.


-Aristóteles 1999: Moral, a Nicómaco.  Madrid: Espasa Calpe.
 
 

-Cicerón, M. T. (2005): Disputaciones Tusculanas.  Madrid: Editorial Gredos.

 

-Berraondo, J. (1992): El estoicismo: la limitación interna del sistema.  Barcelona: Montesinos

 

-Diógenes Laercio (2007)Vidas de los Filósofos Ilustres.  Madrid: Alianza Editorial.


-Epicuro 
(1985): Carta a Meneceo y máximas capitales.  Madrid: Alhambra.

 

-Epicuro (2005): Obras completas.  Madrid: Cátedra



-Epicteto 
(2012): Un manual de vida.  Barcelona: Los pequeños libros de la sabiduría.

 

-Kant, I. (2000): Crítica de la razón práctica.  Madrid: Alianza Editorial. 

 

-Kant, I (2016): Fundamentación de la metafísica de las costumbres.  Barcelona: Austral.

 

-Marco Aurelio (2022): Meditaciones.  Barcelona: Editorial Ariel. 


-San Agustín  (1980): De la vida feliz. Buenos Aires: Ed. Aguilar, Buenos Aires.

 

-Séneca (1984): Diálogos.  Madrid:  Editora Nacional.

 

-Séneca (2011): Sobre la vida feliz. Madrid: Gredos.

 

-Schlanger, J. (2000): Sobre la vida buena. Madrid: Editorial Síntesis.

  
 
 
 
 

2026(e)ko ekainaren 11(a), osteguna

Filosofía y política

 Filosofía y política

 

Juan José Angulo de la Calle 

 

 

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La filosofía tiene la imagen de ser predominantemente teórica y de no ser práctica.  Sin embargo, hay movimientos políticos que se han visto influídos por la filosofía.

 

Montesquieu defendió un Estado basado en la separación de poderes porque así se garantizaría la ausencia de abuso de poder. Rosseau, por su lado, señaló que el poder se legitima por un Contrato Social, por el que tácitamente el pueblo delega el poder para lograr bienestar general.  Ambos autores inspiraron a los revolucionarios franceses para crear un Estado con separación de poderes y consulta al pueblo, dando lugar a la democracia liberal.

 

Por otro lado, autores de la Ilustración defendieron la igualdad entre hombres y mujeres, tales como Helvetius y Olimpe de Gouges (que escribió la declaración de derechos de la mujer y de la ciudadana).  De allí partieron las primeras sufragistas para exigir igualdad política y formal.  

 

Simone de Beauvoir, por su parte, señaló que la mujer es tratada como segundo sexo, como objeto y llena de naturaleza, ajena a la razón.  Describió una dialéctica del amo y de la esclava, en la que el varón trataría como sierva a la mujer, por lo cuál el amo sería tratado como sujeto reconocido por la Otra que lo reconocería como tal, mientras ella es tratada como objeto o subordinada.  Beauvoir defendía la independencia económica de la mujer como medio para poder ser ella misma y ser libre.  La segunda ola del feminismo luchó por la igualdad salarial para lograr que la mujer sea independiente y liberada, todo influído por los escritos de Beauvoir.

 

Hans Jonas defendía que el deber ser tiene que ver con la preservación de la naturaleza porque en ello nos jugamos la supervivencia por primera vez en la historia.  Proponía un principio de responsabilidad, por el que se limitaría la gran productividad y el crecimiento económico en nombre de la conservación de la vida.  De aquí a la idea de desarrollo sostenible solamente hay un paso.

 

Marx y Engels escribían sobre filosofía de la historia (defendiendo que la historia de las sociedades es la historia de la lucha de clases) y contribuyeron al movimiento obrero europeo a través de la Internacional.  Sus conceptos sobre la alienación y la explotación laboral dieron contenido a las reivindicaciones obreras.

 

Y hay más casos como los descritos, por lo que se concluye que la filosofía puede servir para dar forma teórica al contenido de los movimientos sociales y políticos. 

 

 

 Bibliografía:

  

-Arana, J. R. (2005): Balada de la filosofía y de la ciencia.  Barakaldo: Librería San Antonio.
 
-Arrieta, A.  (2015): Filosofiarako sarrera bat.  Bilbao: Euskal Herriko Unibertistateko Argitalpen Zerbitzua. 
 
 
-Amorós, C. & de Miguel, A. (ed.) (2005): Teoría feminista: de la Ilustración a la Globalización. Barcelona: Minerva Ediciones.


-Beauvoir, S. (2005): El segundo sexo. Madrid: Editorial Cátedra.
 
 

-Cohen, G. A. (2000): Karl Marx´s Theory of History. A Defence. New Jersey: Princeton University Press.


-Elster, J. (1985): Making Sense of Karl Marx. Cambridge:  Cambridge University Press.

 
 -Jonas, Hans (1995): El principio de responsabilidad: Ensayo de una ética para la civilización tecnológica.  Barcelona: Herder Editorial.

2026(e)ko ekainaren 9(a), asteartea

La filosofía no es una ciencia

 La filosofía no es una ciencia

 

Juan José Angulo de la Calle
 
 
https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/3/3b/Portrait_of_Sir_Isaac_Newton%2C_1689.jpg
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La ciencia y la filosofía son disciplinas académicas racionales y deductivas.  Sin embargo, hasta ahí llegan las similitudes.
 
La filosofía no es ciencia porque no emplea el método hipotético-deductivo, básico para cualquier ciencia.  La filosofía no tiene la metodología de la ciencia ni su estructura.  Y no tiene ningún criterio de contrastación experimental ni prueba de ningún tipo que permita defender sus tesis.  Mientras que la ciencia usa el método hipotético-deductivo por el que, si no prueba sus asertos, al menos permite comprobar si una aseveración es falsable y falible.
 
Por tanto, no, ni la ontología ni la filosofía en general es una ciencia.  La filosofía es pensamiento puro y es tan abstracta que no hay manera de comprobar lo que asevera.  La filosofía es una disciplina académica que, como mucho, se asienta en la ciencia formal de la lógica, pero no se puede decir que sea ella misma una ciencia.
 
Los temas que trata son acerca de generalidades más abstractas, tales como el ser, el deber ser, la belleza, la humanidad o el conocimiento en general.  Son temáticas que no pueden ser tratadas experimentalmente y quedan bajo la especulación de los discursos metateóricos y el pensamiento abstracto.  Este es el margen sobre el que actúa la filosofía.  Llega a lo que no puede ser tratado más que por medio del pensamiento puro.  
 
 
 

Bibliografía:


-Bunge, M. (2014): La ciencia, su método y su filosofía. Buenos Aires: Editorial Sudamericana.
 
-Damasio, A. (2022): El error de Descartes.  Barcelona: Destino. 

-Kuhn, T. S. (1975): La estructura de las revoluciones científicas. México D.F. : Fondo de Cultura Económica.
 
-Kuhn, T. S. (1989): ¿Qué son las Revoluciones Científicas? y otros ensayos. Barcelona: Paidós.

-Lakatos, I. (1974): Historia de la ciencia y sus reconstrucciones racionales. Madrid: Tecnós.

-Navarro, J. M. & Calvo, T. (1982): Historia de la filosofía. Madrid: Anaya.

-Popper, K. (1967): La Logica de la Investigacion Cientifica. Madrid: Tecnós.
 
-Popper, K. (1972): Conjeturas y refutaciones. Buenos Aires: Paidós.

-Quine, W. V. O. (1962): La relatividad ontológica y otros ensayos. Madrid: Tecnós.
 
-Quine, W. V. O. (1968): Palabra y objeto. Barcelona: Labor.

-Russell, B. (1991): Los problemas de la filosofía. Barcelona: Editorial Labor. 
 
-Ursua, N. (1993): Cerebro y conocimiento: un enfoque evolucionista.  Barcelona: Editorial Anthropos 

2026(e)ko ekainaren 3(a), asteazkena

Acerca de la libertad

 Acerca de la libertad

 

Juan José Angulo de la Calle
 
 
 
 
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 La palabra libertad viene a significar la elección de realizar lo que se quiere.  Según Sartre, estamos condenados a la libertad: siempre podemos elegir cómo comportarnos y ello nos hace responsables de nuestros actos.
 
Para hacer lo que se quiere se requiere poder.  Según Agustín de Hipona carecemos de libertad y solamente tenemos libre arbitrio porque, por nosotros mismos, no podemos hacer lo que realmente queremos, que es el bien.  Debido a nuestra naturaleza innecesaria y débil, carecemos de la suficiente fuerza de voluntad para hacer el bien (que nos hace bien y que, en el fondo, deseamos).  Para poder hacer lo que se quiere se requiere la ayuda divina, según Agustín.
 
Según los liberales, la libertad es negativas. La libertad es la posibilidad de actuar, sin recibir intervenciones del Estado, que las estorbe.  Así, no hay libertad positiva, solamente hay libertades de actuación que respeten los derechos individuales, sin que el Estado haga injerencias y no deje hacer a los demás.
 
Yo considero que para hacer lo que se quiere, se requiere poder para permitir realizarlo.  Se tendrá, entonces, libertad si hay una democracia con el suficiente poder y positividad que facilite que se realice la voluntad popular.  Dicha voluntad debe carecer de injerencias de poderes fácticos que sean ajenos a ella porque ellos condicionarían el poder político.  Para ello, la democracia debe extenderse a lo económico, de forma que el capital no coaccione al poder político y se permita la falta de opresiones a la democracia.
 
 

Bibliografía: 

  
-Aristóteles (2000): Política.  Madrid: Editorial Espasa Calpe.

-Agustín de Hipona (2008): De la vida feliz.  Madrid: Editorial Espasa Calpe.

-Arteta, A.; García, E.; y Maíz, R. (eds.) (2003): Teoría política: poder, moral, democracia.  Madrid: Alianza Editorial.

-Dahl, R. A. (1993): La democracia y sus críticos.  Barcelona: Editorial Paidós.
 
-Locke, J.  (2002): Segundo tratado sobre el gobierno civil.  Madrid: Alianza Editorial.
 
 -Mill, S. (2022): Sobre la libertad.  Madrid: Nueva Editorial Edaf.

2026(e)ko maiatzaren 25(a), astelehena

Explotación laboral, según Roemer

 Explotación laboral, según Roemer

 Juan José Angulo de la Calle

 

 

 

 Roemer entiende que la explotación es una derivación de la división de la sociedad en clases. La constitución de la división de la sociedad en clases y las relaciones asimétricas entre ambas dan lugar a la explotación. En esa sociedad, una clase por su status social (por su propiedad privada de los medios de producción) puede hacer que otra clase inferior tenga una relación de dependencia hacia ella y obligue a la clase dominada a trabajar para la clase dominante con las condiciones que la clase alta exija. Una de esas condiciones es que la clase desposeída reciba menos recursos de los que les corresponden.


Empezando por la primera parte de su teoría, su teoría de las clases, define las clases sociales no por el nivel adquisitivo, sino por la posesión de medios de producción. El grupo de personas que posea los medios de producción estará en lo más alto de la sociedad, ya que controlaría la producción de los bienes y servicios que necesita la sociedad para subsistir y así podría influir sobre las demás clases.  

 

Influye o condiciona a las otras clases porque ellas dependen de la clase alta por necesitar los recursos que acapara. La posesión de dichos medios le permitirá la compra de fuerza de trabajo (salario asignado por el esfuerzo en el trabajo). La clase principal ejercerá influencia sobre las otras por la presencia de formas de dependencia entre los poseedores de los medios de producción y los no poseedores. Las personas de las clases desposeídas requerirán subordinarse a las poseedoras por no poseer dichos medios y necesitarlos para vivir.


El grado de propiedad de los medios asigna el status social: la clase alta es la que posee los medios de producción o subsistencia –empresas y tierras-, la clase media es la que tiene posesión de un pequeño establecimiento en el que vende productos o proporciona servicios y la clase baja es la que carece de propiedades y debe vender su fuerza de trabajo. 

 

En función de la propiedad de los medios de producción, se tendrá una mayor o menor capacidad para la distribución de los productos (bienes o servicios, elaborados mediante el trabajo de los empleados) y se crearán unas relaciones de dependencia mayores o menores con respecto a dichos distribuidores o poseedores de los productos.


La magnitud que usa Roemer para medir objetivamente los recursos a distribuir es la relación trabajo/precios: es la diferencia entre el valor del trabajo realizado y el precio de productos que tienen similar valor. Es la diferencia entre la cantidad de valor producido en el trabajo con respecto al sueldo o a las ganancias en el caso de los empresarios.

 

Es el grado de capacidad para adquirir productos o recursos según los precios de cada momento. Si un trabajador, a pesar de trabajar mucho no consigue recursos tales como alimentación, vivienda y cultura que están a un determinado precio, y necesita estar trabajando un tercio de su vida para conseguir pagar sus necesidades, entonces está siendo explotado. 

 

El empleado crea bienes y servicios con un valor determinado y tendría que recibir una retribución que le permita adquirir otros productos de igual valor. En caso contrario, se da un caso de explotación.


Si el empresario gana más, es decir, si adquiere más recursos a unos determinados precios, precios superiores a lo pagado a los empleados, y ellos no se corresponden con lo producido por los trabajadores, entonces se puede hablar de explotación, por no recibir los trabajadores lo que les corresponde.


La explotación se permite y, por tanto, se realiza a partir de que el trabajador tenga que trabajar para otro que domina la distribución de recursos, por la dependencia de uno frente al otro.


Roemer entiende, así, que la explotación es una relación entre estratos sociales. Es una relación compuesta por formas de dominación o de dependencia de una clase sobre otra que permiten y provocan que una determinada clase pueda disponer de los medios para adquirir los recursos y de distribuirlos según su conveniencia.


Por ser dueño de los medios de producción, gestiona la creación de bienes y servicios, y asigna lo que hay que dar a cada parte de una empresa. Y a pesar de lo que trabajen y produzcan los empleados, les asigna un salario que no se corresponde a lo trabajado (valor producido) y que pueda permitirles acceder a unos precios que ponen a la venta los empresarios en los bienes y servicios. 

 

Si a pesar de subir los salarios, suben los precios, la explotación no decrece porque su capacidad para acceder a los recursos sigue siendo la misma. No obtienen un valor real que les permita acceder a productos que valgan el valor/trabajo que han producido realmente los trabajadores. 

 

No se les paga lo que producen. Ello se mide por medio del valor de los productos: si el salario no permite acceder a productos similares a lo producido por el trabajador, entonces se da un caso de explotación.


La explotación se puede cuantificar según esta relación valor-precio. Se puede medir según la distancia que separa lo que se puede adquirir (productos a unos determinados precios) con el salario con respecto a lo trabajado o producido. Se hablará, en función de ella, de una mayor o menor explotación. Los precios son asignados por los empresarios, por lo menos en la cantidad mínima (antes de que pueda aumentar por la oferta y la demanda), según el valor trabajo producido (y no pagado a los productores o trabajadores).


Roemer define el trabajo o el valor del trabajo como producción (creación de productos o servicios que den ganancia).


El valor del trabajo se define en función de los productos o servicios. El valor es el resultado del trabajo de cada empleado, de él se sacan las ganancias. 

 

A dicho valor creado le correspondería una retribución que permitiese conseguir productos de similar valor. Se habla en términos de explotación en el caso de que no se pague en función de estos términos, sino que se pague por la fuerza de trabajo (el esfuerzo empleado en las horas de trabajo) y no en función de lo producido en esas horas. Como resultado de limitar la asignación de esa forma, se sacan los beneficios.


De aquí se intuye que se podría realizar un reparto de los bienes (valores-precios) de una forma más justa o meritoria (como se puede observar, en las condiciones que introduje en mi concepto de justicia marxista). Solo se podría hablar entonces de explotación si el reparto fuese posible de otra forma, si hubiese otra manera alternativa de ordenar la sociedad, de realizar las relaciones sociales de forma que se hiciese un reparto según estratos sociales o un reparto equitativo por supresión de dichos estratos.


En una coalición amplia de agentes sociales N (que abarcaría a toda una sociedad), una parte de ella, la coalición S, estaría explotada en el caso de que estuviese mejor en una coalición amplia alternativa y fuese mejor para S retirarse, y si se da caso de que el el resto de la coalición N, que podemos llamar S’, tendría una relación de dominación con respecto a S (perdiendo poder S’ en el caso de que se retirase S). Si un grupo social pudiese conseguir más recursos si él estuviese separado de otro grupo, entonces se produce explotación.


Desde esta interpretación, en el capitalismo se puede hablar en términos de dominación porque se impide la posibilidad de retirarse. El trabajador no puede salirse de hecho de la coalición por la dependencia que tiene del empresario que acapara los medios de producción necesarios para crear los productos. Los empleados dependen del propietario por ser dueño legal de esos medios. 

 

Al no disponer de esos medios, ha de entrar en una empresa para producir los bienes y servicios que requiere para vivir. A pesar de que los beneficios de dicha empresa provienen del trabajo y se crean valores-precio que superan el valor de dichos medios que son propiedad privada legal de unos particulares, son la clase dependiente y dominada. 


La causa de la explotación son un tipo de relaciones sociales asimétricas (clasistas) que permiten el hecho de que un estrato social cree dependencia sobre otro que no posee capacidad de retirarse dentro de la legalidad presente a una alternativa mejor, a pesar de ser los productores de los recursos de los que se logran las ganancias.


No existe la misma capacidad de retirarse (dentro del sistema socio-económico capitalista), dado que los trabajadores dependen de los medios de producción que se requieren para poder producir los objetos que ostentan valor. Un empresario podría retirarse de la relación sin problemas, podría romper la relación de golpe sin temor porque los trabajadores siempre volverán a él o a otra persona de la misma clase.

 

Un propietario puede cerrar la empresa, más o menos, cuando quiera y, si la vende, los antiguos empleados volverán a ella porque la necesitan para vivir (no tienen nada y necesitan supeditarse a las personas que sí poseen). Por tanto, el resto de la población siempre dependerá de los poseedores, y la mayoría se verá obligada a retornar a la minoría si es que quiere subsistir.

 

Por tener propiedad de los medios de producción en exclusiva, los medios necesarios para subsistir, se crea una dependencia que fomenta la creación de relaciones asimétricas, jerárquicas y de subordinación, restando autonomía en los trabajadores. Hay una incapacidad por parte del trabajador a la hora de retirarse, porque por sí mismo no puede producir los productos de subsistencia por falta de medios, que acaparan las clases altas


El empresario puede retirarse del juego porque aunque rompa las relaciones laborales con sus empleados (los despida), siempre volverán otros candidatos a ocupar dichos puestos porque por sí mismos no pueden subsistir. 

 

Hay una relación de dependencia clara, que permite que la distribución sea conforme a los intereses de los patrones y en función de la que, al final, siempre se pague en función de sus principios (sueldo, pago por el esfuerzo o fuerza de trabajo) y no en función del valor producido (en otra forma de distribución, que sería entendida como justa según la teoría marxista de la justicia expuesta).


Según la teoría del economista actual Roemer, en el capitalismo hay explotación. Se puede cuantificar en la medida en que en el reparto de productos haya una desigual distribución per capita del capital. Los tipos de trabajos pueden ser diferentes, pero todos los productos de cada uno de ellos tienen asignado un valor conforme a su respectivo grado de elaboración. El reparto del capitalismo en el que solamente se da al empleado un salario no es la única posibilidad de distribución. 

 

Se podría entregar a cada trabajador el valor que ha producido (o una cantidad de dinero que valga tanto como lo que ha creado y que le permita comprar otros productos del mercado de precio similar).

 

Dicha posibilidad es lo que plantea la alternativa hipotética expuesta (la cual no existe en la actualidad y sólo puede ser imaginada). Si es viable una distribución de ese valor-trabajo, entonces el mero pago de la fuerza de trabajo es explotación.


Es decir, hay explotación cuando la asignación del trabajo no le permite acceder al trabajador a un producto o servicio de un valor-precio de similar valor-precio al producto o servicio (o productos o servicios) elaborados por el empleado.


Dicha remuneración se da en el trabajo asalariado en cuanto tal, porque el principio del trabajo por cuenta ajena es que el producto del trabajo no es reconocido como del trabajador (a pesar de que sea él quien lo genere realmente) y se retribuye por la fuerza de trabajo un sueldo, que no tiene que ver con lo producido. 

 

Se paga por el tiempo, por el esfuerzo empleado para realizar los nombrados bienes y servicios, y no por los productos producidos por el trabajador del que se sacan las ganancias y mediante ellas se permite poder invertir en la empresa, haciéndola estable y rentable. 

 

El salario recibido, a su vez, nunca coincide con los precios-valor de productos similares a lo producido, puesto que siempre se suben los precios por encima de los sueldos, para lograr mayores ganancias. Los precios siempre serán más altos porque cada vez que se suban los salarios, se “compensará” subiendo precios para que haya beneficios mayores.


Siempre se estará dependiendo de las clases altas, puesto que el salario no coincide con los precios y los trabajadores deberán estar trabajando para ellas un largo período de tiempo para poder acceder a los productos (que en muchos casos, son necesidades). 

 

Fuera de esta teoría marxista de la justicia, dentro de la búsqueda del mayor beneficio posible para los propietarios, rebajar beneficios subiendo salarios sin subir los precios se consideraría radical. Aumentar los salarios, dando una porción de los beneficios del precio a los salario es valorado como extremista.


El precio (derivado del valor, que es su base) se compone del gasto en materias primas, el gasto en salarios y se le añade la ganancia que se pretende recibir. Según la lógica del capitalismo, si se suben los sueldos, se deberían subir los precios porque el salario forma parte del precio (contado como gasto). 

 

Sin embargo, según la crítica a la economía política que realiza Marx, parte de la ganancia (de lo añadido) proviene del valor añadido por la plusvalía (valor creado por el trabajo, a través de la transformación de las materias primas en bienes y servicios), por lo que se podría pagar más a los trabajadores (pagándoles el valor producido por ellos) sin subir los precios. 

 

Los precios serían los mismos, solo que una parte de la ganancia no sería para el empresario, sino para el productor de ese valor y la distribución de los recursos sería más justa desde el punto de vista de la teoría marxista.

 

 

 -Roemer, John E. 1989: Teoría general de la explotación y de las clases. Trad.: Manuel Pascual Morales. Madrid: Siglo XXI editores

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