2026(e)ko maiatzaren 12(a), asteartea

Sobre la sabiduría

 Sobre la sabiduría

 

Juan José Angulo de la Calle
 
 
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 No es más sabio el que más sabe, sino el que mejor sabe vivir.  De otra manera, no sería una verdadera sabiduría, sino erudición.  Cuando se habla de sabiduría se refiere más a un saber vivir y si no se sabe vivir, no podría haber sabiduría alguna.
 
El modelo ideal de vida de la Antigua Grecia es el sabio.  Los griegos buscaban algún porcentaje de sabiduría.  Se podía ser más o menos filósofo, pero el caso es que se tenía como ideal tener algún tipo de saber.  Sus grandes personajes ilustres y significativos eran reconocidos como sabios: Solón, Licurgos, Odiseo...
 
En el helenismo, se trató de responder a la pregunta acerca de la buena vida, en un momento crucial en el que la vida no se reducía a la coexistencia en Ciudades-Estado porque se vivía en grandes imperios o bajo su dominio.
 
Los escépticos consideraban que no se puede llegar al saber absoluto, puesto que somos seres limitados.  Por ello y para evitar dogmatismos que nos alteren, defendían que había que tener un sublimarse de lo que se cree saber, un alejarse mentalmente, una epojé.  Gracias a ella se logra la serenidad en la vida llamada ataraxia.  
 
Para los autores posteriores, esta serenidad o ataraxia es la sabiduría.  Epicuro definió la felicidad en base a buscar el placer y evitar el dolor.  Daba énfasis a la segunda parte, por lo que algunos placeres estaban descartados porque podrían producir dolor.  Exempli gratia, comer en exceso puede producir indigestiones, por muy placentero que sea el comer.  Epicuro buscaba, en cambio, los placeres más elevados.  Para evitar excesos nocivos, apelaba a la virtud de la moderación; y añadía como placeres elevados, las virtudes de la amistad y la búsqueda del saber.
 
Los estoicos coinciden con los epicúreos en que consideran a las virtudes los medios para tener una buena vida.  Sin embargo, se diferenciaban de ellos en que para ellos la felicidad no era un objetivo que debía lograrse, sino que era un añadido.  Defiende Séneca que si se busca la felicidad, se busca el placer y ello nos ablanda, nos hace tornadizos, unos veletas que pueden cambiar de parecer según vengan los caprichos y ello lleva a la molicie y a la decadencia.  Él defiende que se debe realizar la virtud porque es un deber, no por el placer que da el realizarla.  Se debe vivir según el deber y no meramente conforme con el deber.
 
Los estoicos pensaban que, como todo tiene una causa, el universo entero supone una gran cadena o red de causas y que, por ello, lo real es racional.  Defendían que hay que vivir conforme con la naturaleza y dado que el ser humano es un ser racional, se debe vivir según la razón.  Vivir conforme a la razón supone el aceptar la realidad porque es racional.  Los avatares de la vida suponen pruebas que nos pone la fortuna, retos que debemos superar para ser mejores.
 
Según Epicteto, hay cosas que dependen de nosotros y otras que no.  No dependen de nosotros los asuntos externos (la salud, el estatus social...), pero sí podemos actuar respecto a cómo nos afectan las cosas, cómo las encajamos.  Si se tiene la noción de que todo está prestado y que lo externo no me define, estaremos más preparados para encarar los avatares de la vida.
 
El aceptar con estoicismo todo lo que pase, nos endurece y nos da entereza.  Y ella nos permitirá soportar las fatalidades de la existencia.  Al final, la práctica de la virtud racional es lo que conduce a la felicidad, a la vida buena y a la sabiduría.
 
Sin embargo, Juan Berraondo señala que precisamente esta práctica de la virtud hace imposible llegar a la sabiduría.  A cada momento el supuesto sabio puede actuar y puede cambiar.  Por tanto, nunca llega a una sabiduría estable, en una existencia voluble en la que no somos nada porque siempre estamos pendientes de ser.
 
Al final, lo único que queda es la filosofía, la búsqueda del saber.  Y aunque no nos lleve a la sabiduría al completo, puede que nos conduzca a tener un cierto grado de ella. 

 

 Bibliografía:

 -Arana, J. R. 2005: Balada de la filosofía y de la ciencia.  Barakaldo: Ediciones de Librería San Antonio.


-Aristóteles 1980: La metafísica. Madrid: Editorial Espasa-Calpé.


-Aristóteles 1999: Moral, a Nicómaco.  Madrid: Espasa Calpe.
 
 

-Cicerón, M. T. (2005): Disputaciones Tusculanas.  Madrid: Editorial Gredos.

 

-Berraondo, J. (1992): El estoicismo: la limitación interna del sistema.  Barcelona: Montesinos

 

-Diógenes Laercio (2007)Vidas de los Filósofos Ilustres.  Madrid: Alianza Editorial.


-Epicuro 
(1985): Carta a Meneceo y máximas capitales.  Madrid: Alhambra.

 

-Epicuro (2005): Obras completas.  Madrid: Cátedra



-Epicteto 
(2012): Un manual de vida.  Barcelona: Los pequeños libros de la sabiduría.

 

-Marco Aurelio (2022): Meditaciones.  Barcelona: Editorial Ariel.

 

-Séneca (1984): Diálogos.  Madrid:  Editora Nacional.

 

-Séneca (2011): Sobre la vida feliz. Madrid: Gredos.

 

-Schlanger, J. (2000): Sobre la vida buena. Madrid: Editorial Síntesis.

 
 
 

2026(e)ko maiatzaren 11(a), astelehena

Capitalismo y oligarquía

 Capitalismo y oligarquía

 

Juan José Angulo de la Calle
 
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El liberalismo salvaje actual se va imponiendo por las presiones de los poderes fácticos. La explotación laboral campa a sus anchas, no se paga por lo que se produce, sino un sueldo menor. La precariedad laboral y la especulación inmobiliaria son legales y son fomentadas por políticas liberales.  Los partidos políticos están comprados y acatan las presiones de la patronal y banca.  Es así porque los grandes partidos piden prestado dinero a los bancos para las campañas, se endeudan y acaban dependiendo económicamente a la banca y a los intereses capitalistas.
 
Los partidos socialdemócratas proponen reformas que amplíen los derechos sociales.  Pero o bien dependen de los bancos o reciben presión de los poderes fácticos del capital (sea por cierre de empresas, por boicot, por guerra comercial, por presiones de organizaciones como la Troika, el FMI o el Banco Mundial...).  La patronal y la banca no cederán nada si no hay lucha de clases porque las reformas menoscaban su poder de clase y sus intereses particulares (tales como salarios bajos, gran precariedad laboral que da flexibilidad y genera terror laboral...).
 
Por todo lo descrito, en el capitalismo no hay democracia.  Dado que los poderes económicos controlan a los partidos políticos y los gobiernos, no se cumple la voluntad popular, sino que se satisfacen los intereses de los capitalistas.  Vivimos en una oligarquía.  La mayoría de personas no puede querer que haya gran precariedad laboral, especulación inmobiliaria y un paro estructural.  Todo ello viene impuesto por agentes que no nos representan y nos oprimen. No habrá democracia hasta que el poder económico sea controlado por el pueblo trabajador y permita cumplir los intereses de clase de la mayoría trabajadora.  

2026(e)ko otsailaren 17(a), asteartea

La "Retórica" de Aristóteles

 La "Retórica" de Aristóteles

 

Juan José Angulo de la Calle 
 
 
 
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Atenas era una democracia, así que la técnica de atraer apoyos por medio de persuasión se hizo muy necesaria.  Hubo expertos en construir discursos articulados que fueran convincentes: los sofistas.  Platón había criticado a los sofistas, maestros del arte de persuadir, acusándoles de presentar como fuerte el argumento más débil y hacer uso de la demagogia.  Frente a la retórica sofista, él presentó la dialéctica como modo más racional de hacer discursos.  El discurso razonado de los filósofos era presentado como prevaleciente y legítimo, en lugar de los demás.
 
Su discípulo Aristóteles, en lugar de despreciar la retórica, la incluyó entre sus estudios.  Aristóteles definió la retórica como el arte de convencer, no la redujo a persuasión, sino que la integró en la racionalidad presentándolo como elocuencia. La retórica es el arte que trata sobre lo verosímil. Veía que este arte se podía utilizar en la asamblea, en un juicio y para honrar o laudear a alguien.
 
Los discursos articulados retóricos se dividían en tres especies de prueba por persuasión: ethos, pathos y logos. El ethos era la actitud y presencia del orador, su credibilidad para tratar un tema.  El pathos son las emociones que se deben encender en el público para enardecerlo y reclamar su aprobación.  Y el logos sería la argumentación que respalda la tesis que se quiere defender.
 
El logos consistiría en el uso del entimema. El entimema es un silogismo truncado.  Un silogismo es un argumento en el que se presentan dos premisas que permiten llegar a una conclusión. e.g. Todos los hombres son mortales-Sócrates es un hombre-luego Sócrates es mortal.  
 
En el caso de la argumentación retórica no es necesario o recomendable hacer un largo discurso con toda la argumentación.  Un entimema constaría con una parte del silogismo, en el discurso se desplegaría una parte de la argumentación (una premisa y la conclusión, por ejemplo) y no hace falta completarla porque es el público el que la sobreentiende o la pone en su mente.
 
Desgraciadamente, en los discursos políticos en general se reduce la retórica a atacar la credibilidad del oponente, de forma que lo desautoricen o lo degraden para el público; o bien hacen uso de las bajas pasiones para enardecer a la asamblea y obnubilar el juicio del público, haciendo uso de discursos llenos de odio visceral hacia presuntos enemigos o enalteciendo hasta el culto la identidad chovinista sin contenido.
 

Bibliografía:

 

-Aristóteles 2000: Retórica.  Madrid: Editorial Gredos.
  
-Platón 1994:  La República o el Estado.

 Barcelona: Edicomunicación.
 
 
-Platón 2010: El sofista.  Madrid: Alianza editorial. 
 
 

2026(e)ko otsailaren 6(a), ostirala

El amor: motor del conocimiento

 El amor: motor del conocimiento

 

Juan José Angulo de la Calle
 
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La filosofía quiere decir cariño al saber, deseo de saber, amor a la sabiduría.  El motor del conocimiento es el amor.  Se desea saber, se siente curiosidad y el logro del saber da satisfacción.  El amor o la filosofía sería un eterno deseo que nunca se ve satisfecho y el lograrlo lo llenará de entusiasmo. 
 
En El Banquete, Platón defiende que el amor es la atracción a la belleza.  En un primer momento, es atracción de cuerpos (tanto homoeróticos como heteroeróticos); pero, después, se tiene en mente que los cuerpos bellos son muy parecidos y no copan la definición de belleza.  Así que, se busca la bella personalidad o la belleza del alma del ser amado.  De allí, se busca el concepto de belleza y eso impulsa a procurar adquirir las ideas.  Se busca conocimiento y los mayores bienes serían las virtudes, de los que los mejores son la prudencia y la justicia.  El amor es lo que nos mueve a querer conocer y alimenta la búsqueda de discernimiento.  Verá la mera belleza corporal y la verá insuficiente, así que buscará la belleza del alma y, de ahí, a la belleza en sí, a la idea o noción de belleza.  Pasará a los saberes y, al contemplar su belleza, adquirirá una idea más amplia de lo bello y ahondaŕa en ella. Dirigido hacia la belleza del saber, engendrará bellos discursos y pensamientos en ilimitado amor por la sabiduría.  Buscará el saber de la belleza en sí y la contemplará. El amor es motor del conocimiento.
 
De entre las ideas, la principal que se encuentra es la idea del bien, dado que el más perfecto amor es el amor a lo bueno o lo que nos hace felices. La máxima expresión del amor de los que buscan el bien sería la creación de belleza, solamente se puede crear en lo bello, pues es lo que vuelve propicio el impulso creador.  El amor no sería, al final, deseo de lo bello meramente, sino que sería anhelo de crear y la procreación en lo bello. El amor es un deseo de bien que busca crear y perpetuar el bien.
 
Los mortales tenemos anhelo de inmortalidad, y lo hallamos en la descendencia, en la reproducción.  Así que, Platón pone como fin del amor la construcción de una familia.
 

Bibliografía:

 

-Chatelet, F. (1967): El pensamiento de Platón.  Barcelona: Editorial Labor. 
 
-Havelock, E. A. (2005): Prefacio a Platón.  Madrid:  

2026(e)ko otsailaren 2(a), astelehena

El legado de Sócrates

 El legado de Sócrates

 

Juan José Angulo de la Calle
 
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La mayoría de las escuelas filosóficas de la Grecia antigua tienen como origen a Sócrates: de una forma directa o indirecta las grandes escuelas fueron fundadas por discípulos de Sócrates.
 
Sócrates hacía preguntas para lograr la definición general de todas las cosas (el conocimiento, la belleza, la piedad, la virtud...).  Usaba la duda metódica para cuestionar lo que todos aceptaban como verdades, de forma que siguiesen indagando acerca de ellas hasta llegar a buenas definiciones.  Hacía uso de la ironía para cuestionar todo lo que damos por hecho y mostraba que, en realidad, casi no sabemos nada.  Con la ironía mostraba que lo que creíamos como sabido era contradictorio y hacía una reducción al absurdo.
 
Según Jenofonte, Sócrates defendía que la belleza es lo útil, dado que es lo que otorga mayor armonía. 
 
Señalaba que lo más importante es realizar la virtud, dado que todo lo demás es innecesario o accesorio.  Por ello, vivía con austeridad.  No realizaba ningún acto si su daimón interior, su conciencia, le cuestionaba si lo que iba a hacer no podía ser malo.  Defendía una ética basada en la razón y en la conciencia.  
 
Por ello, consideraba que la maldad provenía de la ignorancia: si se conociese lo que es el verdadero bien, lo que la razón demarca como tal, tenderíamos a ella porque nos daría equilibrio, armonía y, por tanto, felicidad.  La ignorancia es la fuente de todo mal porque actuar conforme a los vicios y las pasiones excesivas suponen, al final, un malestar psicológico y el que realiza el mal no se da cuenta de que se está perjudicando a sí mismo.  Sócrates exhortaba: "conócete a ti mismo".
 
Discípulos de Sócrates fueron, entre otros, Platón, Antístenes y Aristipo.  Platón recogió que se deben buscar las definiciones generales por medio de la dialéctica y la razón, hasta llegar a los conceptos ideales y racionales de las mismas.  Antístenes recogió la austeridad de Sócrates y defendió que había que vivir con lo justo porque más sería un lujo innecesario y nos haría ser menos independientes de los demás. Además convirtió la ironía socrática y la convirtió en sarcasmo frente a la falta de virtud.  Aristipo, por su parte, acogió el utilitarismo socrático y señaló que la felicidad proviene de buscar el placer y evitar el dolor, defendía que había que moderar los placeres y no suprimirlos con austeridad.  Epicuro recogió estas ideas, pero dio más relevancia a la segunda parte: hay que evitar el dolor y, por tanto, se deben evitar los placeres excesivos y llevar una vida moderada.
 
 Platón fundó su escuela y fue maestro de Aristóteles, con lo que indirectamente Sócrates influyó en él. Birrón fue estudiante de Sócrates y fue maestro de Pirrón, fundador de la escuela escéptica, que dio buena cuenta de la duda metódica socrática. Antístenes, por su parte, fundó la escuela cínica, de la cuál formó parte Crates, que fue maestro de Zenón de Citio, fundador de la escuela estoica.  Aristipo, por su lado, fue el maestro principal de la escuela hedonista, la cual influyó poderosamente a la escuela epicúrea.  
 
Por tanto, de una forma directa o indirecta, la mayoría de las escuelas filosóficas de la antigüedad griega son derivadas de Sócrates.  Fue uno de los pensadores más influyentes de la antigua Grecia.  Es el legado de Sócrates.
 
 

 Bibliografía

 

-Diógenes Laercio (2007)Vidas de los Filósofos Ilustres.  Madrid: Alianza Editorial.


-Epicuro 
(1985): Carta a Meneceo y máximas capitales.  Madrid: Alhambra.

 

-Jenofonte (2022): ApologíaBanquete. Recuerdos de Sócrates. Madrid: Alianza Editorial. 

 

-Platón (2007): Apología de Sócrates. Apología de Lisis.  Apología de Alcibíades.  Buenos Aires: Gradifco SRL. 

 
 
  
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