2019(e)ko maiatzaren 13(a), astelehena

La razón poética de María Zambrano


  La razón poética de María Zambrano

  
Juan José Angulo de la Calle




Según María Zambrano, previa a toda conceptualización, la realidad tenía una imagen de misterio y sacralidad, inefable y casi mística.


[…] Mas, la realidad como se presenta en el hombre que no ha dudado, en el hombre que no ha entrado todavía en conciencia y aun mucho antes en el hombre en el estado más original posible, en el que crea e inventa los dioses, la realidad no es atributo ni cualidad que les conviene ¿ unas cosas sí y a otras no: es algo anterior a las cosas, es una irradiación de la vida que emana de un fondo de misterio; es la realidad oculta, escondida, corresponde, en suma, a lo que hoy llamamos sagrado? (Zambrano, 2012, pp. 32-33)


La identificación de lo real creaba desasosiego y se dispuso a darle una significación: primero con mitos y luego con los conceptos. “En su situación inicial el hombre no se siente solo. A su alrededor no hay un -"espacio vital”, libre, en cuyo vacío puede moverse, sino todo lo contrario. Lo que le rodea está lleno. Lleno y no sabe de qué. Mas, podría no necesitar saber de qué está lleno eso que le rodea. Y si lo necesita es porque se siente diferente, extraño.” (Zambrano, 2012, p. 28) Con el paso del mito (poesía) al logos (filosofía), la explicación conceptual de la razón hizo de la realidad algo objetivo y frío.


Un racionalismo excesivo, que busco una sistematización teórica, condujo a una manera de entender la realidad como objetiva e impersonal, y a un modo de vivir frío, cuyo objetivo era la ataraxia o serenidad (en cierto sentido, un constreñimiento de lo emocional en aras de la racionalidad en todos los ámbitos). Este racionalismo sistemático coarta el amor, origen de la filosofía (filosofía significa amor o atracción hacia el saber), reduciéndolo a búsqueda de saber por medio de una racionalidad objetivista, rigurosa, estricta y fría: reduce el trato con la realidad a una observación objetiva y en contra de cualquier experiencia pasional y demasiado íntimo o “entrañable”.


Filosofía y tragedia marcan la entrada del amor en la órbita humana, porque hacen al hombre entrar en sí mismo, la conciencia: conciencia por el padecer de la tragedia, por el ver en la filosofía. Y de ahí la disputa habida entre las dos por el corazón humano. La tragedia muestra el padecer de la pasión inextinguible, que no descansa ni se agota, que sólo puede esperar la salvación en su consumación total. La filosofía llevará dentro de sí, desde el primer instante, lo contrario; la aspiración suprema a lo que en su madurez declara como virtud: la apatheia, la impasibilidad. El amor, al dividirse, crea dos direcciones a la vacilante criatura humana: la aceptación absoluta del padecer, pasividad que llega hasta dejarse anegar en la furia de la pasión, y la filosofía, un amor que parece desdecir de su condición; un amor impasible. (Zambrano, 2012, p. 269)


Zambrano propone volver a unir el amor en su unidad para lograr complementar la afectividad humana y hacer más humana la vida.


Al llegar a este punto en que filosofía y poesía se dividen llevándose cada una para sí un aspecto, un modo del eros, el amor ha terminado su aparición histórica. Se ha cumplido la revelación del amor; lo que siga serán actitudes humanas ante ella; serán, en el sentido más respetable de la palabra, opiniones. El amor ha entrado ya en la vida humana y el hombre también. Y no por azar al mismo tiempo, porque el amor es la revelación de la vida humana. Cuando el hombre se ha apropiado el amor que vagaba fuera como potencia divina, cuando lo siente y sabe suyo, dentro de su condición, formando parte de su naturaleza, se ha decidido ya a ser hombre y a vivir como tal; ha encontrado su difícil puesto en el cosmos, puesto inestable que le lanza a la historia. Si el equilibrio humano fuera estable, la historia no existiría. (Zambrano, 2012, p. 270)


Esta división se produjo a partir de la filosofía platónica y, según la filósofa, debe procurarse una conciliación entre ambos (Zambrano, 2000). Para corregir estos excesos de un racionalismo extremo, María Zambrano propone una razón poética, un modo de pensar en el que la realidad es pensada y sentida desde la experiencia personal, la contemplación, la intuición y la sensibilidad: por medio de una visión poética, una atención dispuesta a la recepción.


[…] Mas la belleza que crea ese su vacío, lo hace suyo luego, pues que le pertenece en su aureola, su espacio sacro donde queda intangible. Un espacio donde al ser terrestre no le es posible instalarse, mas que le invita a salir de sí, que mueve a salir de sí al ser escondido, alma acompañada de los sentidos; que arrastra consigo al existir corporal y lo envuelve, lo unifica. Y en el umbral mismo del vacío que crea la belleza, el ser terrestre, corporal y existente, se rinde; rinde su pretensión de ser por separado y aun la de ser él, él mismo; entrega sus sentidos que se hacen uno con el alma. Un suceso al que se le ha llamado contemplación y olvido de todo cuidado.

 

 [...]


Y la belleza en la que luego discierne la inteligencia, elementos y relaciones hasta números, se ofrece al aparecer como unidad sensible. Y la mente de quien la contempla tiende a asimilarse a ella, y el corazón a bebérsela en un solo respiro, como su cáliz anhelado, su encanto. (Zambrano, 2019, pp. 51-52)


La afectividad hacia la realidad, sobre todo a través del amor hace que la persona se sienta en unidad con ella, en unidad con el ser, el amor nos reconcilia con el mundo. La razón poética, la afectividad y sensibilidad unida al concepto hace que nos sintamos unidad de la realidad y la vida.


Y entonces, también habría que preguntarse si el amor procede del ser o de la vida por separado. Mas preguntar no se puede cuando se siente y se sabe que el amor procede al par del ser y de la vida, y los une en nupcias múltiples. Que el amor es nupcial siempre que por él el ser viviente se encamine y por algún instante viva la perdida unidad entre el ser y la vida.


Mas, ¿puede el amor – el “eros” al modo platónico – abandonar la condición carnal? Sin duda alguna que fue indispensable que así se pensara, aunque como se sabe, no tan deprisa. Quedaba la belleza medidadora. (Zambrano, 2019, pp. 160-161)



          En resumen, las ideas principales de María Zambrano son:


-antes de ser conceptualizada, la realidad era vista como sagrada y misteriosa;


-así, la realidad pareció extraña y tuvo que ser hacerla significativa con los mitos (poesía) y después con el logos (la filosofía);


-se primó un racionalismo objetivista en el que el amor pasional de la poesía, fue sustituído por un amor al saber de tipo racional, que buscaba la serenidad o ataraxia (comprimiendo lo afectivo en pro de la objetividad);


-María Zambrano propone una razón poética, un modo de pensamiento que contempla la realidad de forma sensible, intuitiva y afectiva: permite tener una relación emotiva con la realidad, sobre todo a través del amor, que hace que nos sintamos unidos a la realidad.



Bibliografía

 

Zambrano, M. (2012). El hombre y lo divino. México D. F.: Fondo de Cultura Económica.



Zambrano, M. (2019). Claros del bosque. Madrid: Alianza Editorial.



Zambrano, M. (2006). Filosofía y poesía. México D. F.: Fondo de Cultura Económica.



Zambrano, M. (1975). El horizonte y la destrucción. Diálogos. Artes / Letras / Ciencias humanas. Revista bimestral, vol. 11, (4), pp. 48-53.

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