2019(e)ko maiatzaren 11(a), larunbata

La filosofía de Hannah Arednt

La filosofía de Hannah Arendt


Juan José Angulo de la Calle




   El declive de los Estados-Nación y la inversión ecónomica extranjera, condujeron a la formación del imperialismo (colonialismo de África y parte de Asia, imposiciones comerciales a otros países por presiones económicas). Se fomentaba la expansión del poder y la opresión de los invadidos (considerados fuera de la ciudadanía y de consideraciones), la opresión hacia otros se normalizó y permitió la última forma de imperialismo: los totalitarismos (que buscaban la expansión, algún tipo de dominación mundial).



   Los judíos perdieron sus funciones de poder que tenían en el Estado-Nación (en la corte y de intermediarios en los arminsticios – comunidad apropiada por tener conexiones internacionales con judíos de otros países-) , no teniendo ningún lugar en la nueva sociedad y generando una imagen de extrañeza que facilitó la asimilación social de los discursos de rechazo. 
 


Desgraciadamente, la realidad es que el antisemitismo moderno creció en la medida en que declinaba el nacionalismo tradicional y alcanzó su cota máxima en el momento exacto en que se derrumbaba el sistema europeo de la Nación-Estado y su precario equilibrio de poder.



[…] Cuando los nobles perdieron sus privilegios, entre ellos el privilegio de explotar y de oprimir, el pueblo les consideró parásitos, sin ninguna función real en el dominio del país. En otras palabras, ni la opresión ni la explotación como tales han sido nunca la causa principal del resentimiento; la riqueza sin función visible es mucho más intolerable, porque nadie puede comprender por qué debería tolerarse.


El antisemitismo alcanzó su cota máxima cuando similarmente los judíos habían perdido sus funciones públicas y su influencia y se quedaron tan sólo con su riqueza. […]


[…] Únicamente la riqueza sin el poder o el aislamiento sin una política se consideran parasitarios, inútiles, sublevantes, porque tales condiciones cortan todos los hilos que mantienen unidos a los hombres. La riqueza que no explota carece incluso de la relación existente entre el explotador y el explotado; el aislamiento sin política ni siquiera implica una mínima preocupación del opresor por los oprimidos. (Arendt, 1998 , 28-30).



   La extrañeza inmensa que surgió hacia ellos (llevando a considerarlos un grupo separado, completamente diferenciado y excepcional), sin un papel social claro, hizo que los discursos de difamación hacia ellos –acerca de la existencia de una conspiración judía internacional y nacional- fueran verosímiles.



Fue esencialmente este mismo tipo de gloria [considerar excepcionales a los judíos, el creer que hay una “judeidad” especial más allá de las conversiones] el que los judíos de Alemania y de Austria disfrutaron bajo circuntancias más graves inmediatamente de la primera guerra mundial. Su supuesto delito entonces era el de haber sido culpables de la guerra, un delito que, no identificado con un solo acto de un único individuo, no podía ser refutado, de forma tal que la opinión que el populacho tenía de la judeidad como un crimen permaneció inalterada y la sociedad pudo continuar mostrándose encantada y fascinada por sus judíos hasta el mismo final. Si existe alguna verdad psicológica en la teoría de la víctima propiciatoria, es como efecto de esta actitud social hacia los judíos; porque cuando la legislación antisemita obligó a la sociedad a desahuciar a los judíos, los “filosemitas” sintieron que debía borrar un estigma que misteriosa y perversamente habían amado. (Arendt, 1998, p. 50)



   De ese antisemitismo y colonialismo, surgieron los regímenes que fueron la última expresión del imperialismo: los totalitarismos nazi y estalinista, que buscando la expansión del poder, forjaron unos regímenes de poder fuerte que abarcaban todos los ámbitos de la vida. 
 


Ni el nacionalismo ni el bolchevismo llegaron a proclamar una nueva forma de Gobierno o afirmaron que sus objetivos habían quedado logrados con la conquista del poder y el control de la maquinaria del Estado. Su idea de la dominación era algo que ningún Estado, ningún simple aparato de violencia, puede nunca lograr, sino que sólo puede conseguir un movimiento que se mantiene constantemente en marcha: es decir, la dominación permanente de cada individuo en cada una de las esferas de la vida. (Arendt, 1998, p. 268)



   La base sobre la que reposaba ese poder total era la persecución de “enemigos” a los que “había que enfrentarse” (“conspiradores” disidentes políticos y judíos), el Terror, la “necesidad” del Terror excusaba el ejercicio de ese poder total y, a la vez, exigía un constante uso de la represión brutal para justificar ese poder total.



El totalitarismo en el poder utiliza la administración del Estado para su fin de conquista mundial a largo plazo y para la dirección de las sucursales del movimiento; establece a la Policía Secreta como ejecutora y guardiana de su experimento doméstico de constante transformación de la realidad en ficción, y, finalmente, erige los campos de concentración como laboratorios especiales para realizar su experiencia de dominación total. (Arendt, 1998, 317)


    Paulatinamente, los nazis indicaron una serie de enemigos del Imperio y de la unidad del volk o pueblo presentado como comunidad unida: primero los comunistas, por dividir a la sociedad en clases, luego las trabas al bienestar de la comunidad (como los discapacitados) y, finalmente, los judíos, por ser un pueblo aparte, inasimilable y con intereses propios y supuestamente enfrentados a la comunidad (Koonz, 2005) Los elementos considerados fuera o enemigos de este imperialismo fueron perseguidos y enviados a campos de concentración, a judíos (comunidad aparte inasimilable al Imperio) y a disidentes políticos (tanto en el nazismo como en el estalinismo).


    Hannah Arendt señaló en su visión del totalitarismo que, dicho régimen, es el producto no solamente de los gobernantes que lo llevaron a cabo, sino de la pasividad y diversas formas de colaboración de la gente corriente . El culto al hombre-masa de un gran movimiento (nacional o revolucionario) fomentó que muchas personas se sintieran parte de algo grande y participaran en él diluyendo su pensamiento individual en pro de la “causa colectiva”. 
 


Las diferencias decisivas entre las organizaciones del populacho del siglo XIX y los moviemientos de masas del siglo XX son difíciles de percibir […] Sin embargo [….], ni los pan-movimientos, implicaron a sus miembros hasta el punto de llegar a una completa pérdida de sus ambiciones y reivindicaciones individuales ni llegaron a comprender que una organización podía lograr extinguir permanentemente la identidad individual y no tan sólo durante el momento de la acción heroica colectiva. (Arendt, 1998, p. 259)


   Muchas personas participaron en delaciones, acusaciones a supuestos disidentes políticos y otros perseguidos, y otras formas de cooperar con el régimen de terror y represión (tanto en el nazismo como en el estalinismo); el culto al hombre-masa de un gran movimiento “[...] La colaboración de la población en la denuncia de los adversarios políticos y la prestación de servicio voluntario como agente provocador no carecen ciertamente de precedentes, pero en los países totalitarios se hallan tan bien organizados que el trabajo de los especialistas es casi superfluo.” (Arendt, 1998, p. 346)


    En el caso del nazismo, las autoridades nazis, para controlar los guetos, se valieron de darle responsabilidades en él a autoridades judías; y, más adelante, el dirigente nazi Otto Adolf Eichmann pidió a los líderes judíos organizar el transporte de los judíos de los guetos a los campos de concentración (sin que dichos líderes supiesen cuál iba a ser su destino final) [Arendt, 2003, p. 77]


   En conclusión, sus ideas generales son:



- Hannah Arendt señaló que la expansión de los mercados de forma internacional condujo a la formación del imperialismo (colonialismo de diferentes formas), un régimen que busca la expansión (hasta algún tipo de dominación mundial) y hace culto al poder, y a su última forma: el totalitarismo;


-teorizó que el totalitarismo, el régimen dictatorial en el que el Estado toma todos los poderes y ámbitos de la vida, tiene como orígenes el imperialismo y el antisemitismo (en esta sociedad, los judíos habían perdido sus antiguos puestos sociales y generaban extrañeza, aprovechada por los racistas demagogos del siglo XI y por los nazis para generar odio hacia ellos);



- el imperialismo conllevó el fomento de la búsqueda de expansión del poder y la opresión de los invadidos, normalizando las injerencias sobre personas y poblaciones;



-este culto al poder imperial llevó a la asunción de un ejercicio del poder total por parte de la población, que consintió este poder fuerte;



- la base sobre la que reposaba ese poder total era la persecución de “enemigos” conspirativos a los que “había que enfrentarse”, el Terror, la “necesidad” del Terror excusaba el ejercicio de ese poder total y, a la vez, exigía un constante uso de la represión brutal para justificar ese poder total;



-hubo bastantes personas fuera del poder que colaboraron con él, interiorizando ser masas de un movimiento hacia algo más grande que ellos mismos (revolución, la gran nación alemana) y perdiendo pensamiento individual, y realizaron delaciones de supuestos disidentes políticos y sociales: el poder recibió complicidad de gente corriente;



-Otto Adolf Eichmann, dirigente nazi, tuvo también esa colaboración, al darle a autoridades judías poder sobre la organización interna de los guetos judíos y, más adelante, su cooperación en los transportes de judíos a los campos de concentración, sin que los líderes judíos supiesen cuál iba a ser su destino final;



-y sin que Eichmann siquiera se plantease lo que estaba haciendo y se centrase en cómo llevar su tarea administrativa de la manera más eficaz – reduciendo su pensamiento a un mero cálculo de mejora de medios, sin replantearse los fines-, su negación a reflexionar por sí mismo, reduciendo su capacidad humana de pensar a la mediocridad es lo Hannah Arendt llama banalidad del mal, la negación a ese diálogo interior que todo ser humano debería tener, deshumanizarse y no usar ese pensar que discierne la diferencia entre el bien y el mal, entre lo bello y lo monstruoso.



Bibliografía:




Arendt, H. (2003). Eichmann en Jesuralén. Un estudio sobre la banalidad del mal. Barcelona: Lumen.



Arendt, H. (1998). Los orígenes del totalitarismo. Madrid: Taurus.

 
Fritzsche, P. (2006). De alemanes a nazis. Buenos Aires: Siglo XXI Editores Argentina.

 
Koonz, C. (2005). La conciencia nazi. Barcelona: Editorial Paidós.

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