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Explotación laboral, según Roemer

 Explotación laboral, según Roemer

 Juan José Angulo de la Calle

 

 

 

 Roemer entiende que la explotación es una derivación de la división de la sociedad en clases. La constitución de la división de la sociedad en clases y las relaciones asimétricas entre ambas dan lugar a la explotación. En esa sociedad, una clase por su status social (por su propiedad privada de los medios de producción) puede hacer que otra clase inferior tenga una relación de dependencia hacia ella y obligue a la clase dominada a trabajar para la clase dominante con las condiciones que la clase alta exija. Una de esas condiciones es que la clase desposeída reciba menos recursos de los que les corresponden.


Empezando por la primera parte de su teoría, su teoría de las clases, define las clases sociales no por el nivel adquisitivo, sino por la posesión de medios de producción. El grupo de personas que posea los medios de producción estará en lo más alto de la sociedad, ya que controlaría la producción de los bienes y servicios que necesita la sociedad para subsistir y así podría influir sobre las demás clases.  

 

Influye o condiciona a las otras clases porque ellas dependen de la clase alta por necesitar los recursos que acapara. La posesión de dichos medios le permitirá la compra de fuerza de trabajo (salario asignado por el esfuerzo en el trabajo). La clase principal ejercerá influencia sobre las otras por la presencia de formas de dependencia entre los poseedores de los medios de producción y los no poseedores. Las personas de las clases desposeídas requerirán subordinarse a las poseedoras por no poseer dichos medios y necesitarlos para vivir.


El grado de propiedad de los medios asigna el status social: la clase alta es la que posee los medios de producción o subsistencia –empresas y tierras-, la clase media es la que tiene posesión de un pequeño establecimiento en el que vende productos o proporciona servicios y la clase baja es la que carece de propiedades y debe vender su fuerza de trabajo. 

 

En función de la propiedad de los medios de producción, se tendrá una mayor o menor capacidad para la distribución de los productos (bienes o servicios, elaborados mediante el trabajo de los empleados) y se crearán unas relaciones de dependencia mayores o menores con respecto a dichos distribuidores o poseedores de los productos.


La magnitud que usa Roemer para medir objetivamente los recursos a distribuir es la relación trabajo/precios: es la diferencia entre el valor del trabajo realizado y el precio de productos que tienen similar valor. Es la diferencia entre la cantidad de valor producido en el trabajo con respecto al sueldo o a las ganancias en el caso de los empresarios.

 

Es el grado de capacidad para adquirir productos o recursos según los precios de cada momento. Si un trabajador, a pesar de trabajar mucho no consigue recursos tales como alimentación, vivienda y cultura que están a un determinado precio, y necesita estar trabajando un tercio de su vida para conseguir pagar sus necesidades, entonces está siendo explotado. 

 

El empleado crea bienes y servicios con un valor determinado y tendría que recibir una retribución que le permita adquirir otros productos de igual valor. En caso contrario, se da un caso de explotación.


Si el empresario gana más, es decir, si adquiere más recursos a unos determinados precios, precios superiores a lo pagado a los empleados, y ellos no se corresponden con lo producido por los trabajadores, entonces se puede hablar de explotación, por no recibir los trabajadores lo que les corresponde.


La explotación se permite y, por tanto, se realiza a partir de que el trabajador tenga que trabajar para otro que domina la distribución de recursos, por la dependencia de uno frente al otro.


Roemer entiende, así, que la explotación es una relación entre estratos sociales. Es una relación compuesta por formas de dominación o de dependencia de una clase sobre otra que permiten y provocan que una determinada clase pueda disponer de los medios para adquirir los recursos y de distribuirlos según su conveniencia.


Por ser dueño de los medios de producción, gestiona la creación de bienes y servicios, y asigna lo que hay que dar a cada parte de una empresa. Y a pesar de lo que trabajen y produzcan los empleados, les asigna un salario que no se corresponde a lo trabajado (valor producido) y que pueda permitirles acceder a unos precios que ponen a la venta los empresarios en los bienes y servicios. 

 

Si a pesar de subir los salarios, suben los precios, la explotación no decrece porque su capacidad para acceder a los recursos sigue siendo la misma. No obtienen un valor real que les permita acceder a productos que valgan el valor/trabajo que han producido realmente los trabajadores. 

 

No se les paga lo que producen. Ello se mide por medio del valor de los productos: si el salario no permite acceder a productos similares a lo producido por el trabajador, entonces se da un caso de explotación.


La explotación se puede cuantificar según esta relación valor-precio. Se puede medir según la distancia que separa lo que se puede adquirir (productos a unos determinados precios) con el salario con respecto a lo trabajado o producido. Se hablará, en función de ella, de una mayor o menor explotación. Los precios son asignados por los empresarios, por lo menos en la cantidad mínima (antes de que pueda aumentar por la oferta y la demanda), según el valor trabajo producido (y no pagado a los productores o trabajadores).


Roemer define el trabajo o el valor del trabajo como producción (creación de productos o servicios que den ganancia).


El valor del trabajo se define en función de los productos o servicios. El valor es el resultado del trabajo de cada empleado, de él se sacan las ganancias. 

 

A dicho valor creado le correspondería una retribución que permitiese conseguir productos de similar valor. Se habla en términos de explotación en el caso de que no se pague en función de estos términos, sino que se pague por la fuerza de trabajo (el esfuerzo empleado en las horas de trabajo) y no en función de lo producido en esas horas. Como resultado de limitar la asignación de esa forma, se sacan los beneficios.


De aquí se intuye que se podría realizar un reparto de los bienes (valores-precios) de una forma más justa o meritoria (como se puede observar, en las condiciones que introduje en mi concepto de justicia marxista). Solo se podría hablar entonces de explotación si el reparto fuese posible de otra forma, si hubiese otra manera alternativa de ordenar la sociedad, de realizar las relaciones sociales de forma que se hiciese un reparto según estratos sociales o un reparto equitativo por supresión de dichos estratos.


En una coalición amplia de agentes sociales N (que abarcaría a toda una sociedad), una parte de ella, la coalición S, estaría explotada en el caso de que estuviese mejor en una coalición amplia alternativa y fuese mejor para S retirarse, y si se da caso de que el el resto de la coalición N, que podemos llamar S’, tendría una relación de dominación con respecto a S (perdiendo poder S’ en el caso de que se retirase S). Si un grupo social pudiese conseguir más recursos si él estuviese separado de otro grupo, entonces se produce explotación.


Desde esta interpretación, en el capitalismo se puede hablar en términos de dominación porque se impide la posibilidad de retirarse. El trabajador no puede salirse de hecho de la coalición por la dependencia que tiene del empresario que acapara los medios de producción necesarios para crear los productos. Los empleados dependen del propietario por ser dueño legal de esos medios. 

 

Al no disponer de esos medios, ha de entrar en una empresa para producir los bienes y servicios que requiere para vivir. A pesar de que los beneficios de dicha empresa provienen del trabajo y se crean valores-precio que superan el valor de dichos medios que son propiedad privada legal de unos particulares, son la clase dependiente y dominada. 


La causa de la explotación son un tipo de relaciones sociales asimétricas (clasistas) que permiten el hecho de que un estrato social cree dependencia sobre otro que no posee capacidad de retirarse dentro de la legalidad presente a una alternativa mejor, a pesar de ser los productores de los recursos de los que se logran las ganancias.


No existe la misma capacidad de retirarse (dentro del sistema socio-económico capitalista), dado que los trabajadores dependen de los medios de producción que se requieren para poder producir los objetos que ostentan valor. Un empresario podría retirarse de la relación sin problemas, podría romper la relación de golpe sin temor porque los trabajadores siempre volverán a él o a otra persona de la misma clase.

 

Un propietario puede cerrar la empresa, más o menos, cuando quiera y, si la vende, los antiguos empleados volverán a ella porque la necesitan para vivir (no tienen nada y necesitan supeditarse a las personas que sí poseen). Por tanto, el resto de la población siempre dependerá de los poseedores, y la mayoría se verá obligada a retornar a la minoría si es que quiere subsistir.

 

Por tener propiedad de los medios de producción en exclusiva, los medios necesarios para subsistir, se crea una dependencia que fomenta la creación de relaciones asimétricas, jerárquicas y de subordinación, restando autonomía en los trabajadores. Hay una incapacidad por parte del trabajador a la hora de retirarse, porque por sí mismo no puede producir los productos de subsistencia por falta de medios, que acaparan las clases altas


El empresario puede retirarse del juego porque aunque rompa las relaciones laborales con sus empleados (los despida), siempre volverán otros candidatos a ocupar dichos puestos porque por sí mismos no pueden subsistir. 

 

Hay una relación de dependencia clara, que permite que la distribución sea conforme a los intereses de los patrones y en función de la que, al final, siempre se pague en función de sus principios (sueldo, pago por el esfuerzo o fuerza de trabajo) y no en función del valor producido (en otra forma de distribución, que sería entendida como justa según la teoría marxista de la justicia expuesta).


Según la teoría del economista actual Roemer, en el capitalismo hay explotación. Se puede cuantificar en la medida en que en el reparto de productos haya una desigual distribución per capita del capital. Los tipos de trabajos pueden ser diferentes, pero todos los productos de cada uno de ellos tienen asignado un valor conforme a su respectivo grado de elaboración. El reparto del capitalismo en el que solamente se da al empleado un salario no es la única posibilidad de distribución. 

 

Se podría entregar a cada trabajador el valor que ha producido (o una cantidad de dinero que valga tanto como lo que ha creado y que le permita comprar otros productos del mercado de precio similar).

 

Dicha posibilidad es lo que plantea la alternativa hipotética expuesta (la cual no existe en la actualidad y sólo puede ser imaginada). Si es viable una distribución de ese valor-trabajo, entonces el mero pago de la fuerza de trabajo es explotación.


Es decir, hay explotación cuando la asignación del trabajo no le permite acceder al trabajador a un producto o servicio de un valor-precio de similar valor-precio al producto o servicio (o productos o servicios) elaborados por el empleado.


Dicha remuneración se da en el trabajo asalariado en cuanto tal, porque el principio del trabajo por cuenta ajena es que el producto del trabajo no es reconocido como del trabajador (a pesar de que sea él quien lo genere realmente) y se retribuye por la fuerza de trabajo un sueldo, que no tiene que ver con lo producido. 

 

Se paga por el tiempo, por el esfuerzo empleado para realizar los nombrados bienes y servicios, y no por los productos producidos por el trabajador del que se sacan las ganancias y mediante ellas se permite poder invertir en la empresa, haciéndola estable y rentable. 

 

El salario recibido, a su vez, nunca coincide con los precios-valor de productos similares a lo producido, puesto que siempre se suben los precios por encima de los sueldos, para lograr mayores ganancias. Los precios siempre serán más altos porque cada vez que se suban los salarios, se “compensará” subiendo precios para que haya beneficios mayores.


Siempre se estará dependiendo de las clases altas, puesto que el salario no coincide con los precios y los trabajadores deberán estar trabajando para ellas un largo período de tiempo para poder acceder a los productos (que en muchos casos, son necesidades). 

 

Fuera de esta teoría marxista de la justicia, dentro de la búsqueda del mayor beneficio posible para los propietarios, rebajar beneficios subiendo salarios sin subir los precios se consideraría radical. Aumentar los salarios, dando una porción de los beneficios del precio a los salario es valorado como extremista.


El precio (derivado del valor, que es su base) se compone del gasto en materias primas, el gasto en salarios y se le añade la ganancia que se pretende recibir. Según la lógica del capitalismo, si se suben los sueldos, se deberían subir los precios porque el salario forma parte del precio (contado como gasto). 

 

Sin embargo, según la crítica a la economía política que realiza Marx, parte de la ganancia (de lo añadido) proviene del valor añadido por la plusvalía (valor creado por el trabajo, a través de la transformación de las materias primas en bienes y servicios), por lo que se podría pagar más a los trabajadores (pagándoles el valor producido por ellos) sin subir los precios. 

 

Los precios serían los mismos, solo que una parte de la ganancia no sería para el empresario, sino para el productor de ese valor y la distribución de los recursos sería más justa desde el punto de vista de la teoría marxista.

 

 

 -Roemer, John E. 1989: Teoría general de la explotación y de las clases. Trad.: Manuel Pascual Morales. Madrid: Siglo XXI editores

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