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La felicidad y la vida contemplativa

 

La felicidad 

y la vida contemplativa


Juan José Angulo de la Calle
 
Aristotle Altemps Inv8575.jpg
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Aristóteles consideraba que todos los seres tenían una forma natural definitiva a la que tienden porque todos ellos cambian, se desarrollan y maduran hasta una última forma en la que se despliegan todas sus potencialidades y crisalizan todo lo que estaba en crecimiento. e.g. Una oruga no es solamente una oruga: es oruga ahora, pero en potencia tiende a su verdadera esencia o auténtica naturaleza: llegar a ser una mariposa.
 
Todo ser tiene un fin.  Como los seres humanos viven buscando la felicidad y es a lo que tienden, la finalidad del ser humano será llegar a ser feliz.
 
Aristóteles considera que los placeres más brutos no llevan a la felicidad porque el empeño de lograr un mayor grado de estímulo puede dar lugar a excesos dañinos (como las indigestiones por comer demasiado, borracheras con efectos perniciosos...).
 
Como de los excesos no se da la felicidad, sino todo lo contrario, puede que ella provenga de un justo medio.  En nuestros hábitos y costumbres hay que guiarse en equilibrio que haga que nuestras acciones sean ordenadas y loables.  e.g. No hay que ser cobarde ni temerario, sino valiente.
 
Las acciones valiosas que se realizan en este justo medio son excelentes, así que serán cualidades positivas o virtudes: generosidad, valentía, justicia, equidad... Estas virtudes darían gratificaciones moderados y sin excesos, por lo que podría proporcionar la felicidad.
 
Como no se pueden hacer favores a los desconocidos (resulta un tanto fuera de lugar o intrusivo, respecto a personas con las que no se tiene trato), la virtud se realiza con amigos.  La amistad es una filiación con los que una persona se identifica; así que la persona virtuosa tendrá pocos amigos iguales en virtud.
 
Existen virtudes intelectivas, que tratan sobre las excelencias intelectuales y sobre las normas generales que se deben cumplir (como la noción de justicia); y existen las virtudes prácticas que miran cómo tratar a cada persona de forma concreta y particular en función de sus necesidades propias (equidad).
 
La manera de equilibrar las virtudes intelectivas de una justicia demasiado general y de aplicar el trato personalizado equitativo es por medio de la virtud práctica de la prudencia, que puede pensar cómo mediar la norma general con la situación particular de cada persona.
 
Si las virtudes prácticas fallan, si no se puede ayudar a las personas, si hay distanciamiento con los amigos o si hay otros impedimentos sociales, se debe recurrir a las virtudes intelectivas.  
 
La fuente segura de la vida feliz será, entonces la vida contemplativa.  Siempre se tendrá a mano el aprender y asombrarse con la observación sensorial, el trabajo de la sensibilidad estética y emocional, el ejercicio de la reflexión y el pensamiento.
 
Siempre se puede lograr asombro por el aprendizaje de la observación, la intuición, la propia reflexión, la sensibilidad y la contemplación de la autoestima.
 
 

-Bibliografía:

 


-Arana, J. R. 2005: Balada de la filosofía y de la ciencia.  Barakaldo: Ediciones de Librería San Antonio.


-Aristóteles 1980: La metafísica. Madrid: Editorial Espasa-Calpé.


-Aristóteles 1999: Moral, a Nicómaco.  Madrid: Espasa Calpe.
 

-Arrieta, A. & Uribarri, I. (koord.)  (2008): Filosofiaren historioa.  Donostia: Elkar.



-Diógenes Laercio 2007.  Vidas de los Filósofos Ilustres.  Madrid: Alianza Editorial.
 
 
 -MacIntyre, A.  (2001): Tras la virtud.  Barcelona: Editorial Crítica.



-Platón 1994:  La República o el Estado.

 Barcelona: Edicomunicación.
 


-Schlanger, J. 2000: Sobre la vida buena. Madrid: Editorial Síntesis. 
 

-Russell, B.  2009: Historia de la Filosofía.  Madrid: RBA.

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