Materialismo histórico de
Marx y Engels
Juan
José Angulo de la Calle
El
materialismo histórico es un tipo de filosofía de la historia.
La filosofía de la historia es una reflexión acerca de la
historia, una manera de interpretar la historia, abstracta de
pensamiento formal e indemostrable. Es la reflexión acerca de
si la historia tiene un objetivo, una finalidad.
Agustín
de Hipona fue el primero en formular una filosofía de la historia.
Su interpretación es que el objetivo de la historia es que la Ciudad
de Dios se establezca de forma pura; esto es, al final de la historia
llegará el Reino de los Cielos, en el que solamente vivirán en el
mundo los creyentes, y felices además.
Desde
entonces, hasta que Kant tratase este tema, la filosofía de la
historia se redujo a ser teología de la historia.
Según
Kant, el motor de la historia es la guerra. Por medio de ella, las
tierras se reparten mejor y, así, se construyen imperios más
civilizados e ilustrados. Por ejemplo, Prusia, donde reinaba el
despotismo ilustrado. Sin embargo, al final las guerras son
perjudiciales para la economía y la paz perpetua se acaba imponiendo
al formarse un Estado Mundial, encargado de establecer un derecho
internacional con las garantías de un Estado que sea responsable de
controlar que no haya guerras y tomar medidas efectivas para
erradicarlas y sancionarlas.
Según
Hegel, la realidad es racional, pero esa razón ideal se tiene que
materializar en el mundo a través de un proceso dialéctico.
El desarrollo de las ideas y de la historia son paralelos: en cada
momento se presenta una tesis, pero que contiene una contradicción y
se tiene que plantear una tesis opuesta (antítesis), y al final la
contradicción se resuelve con una síntesis, en la que ambas teorías
se encuentran incluídas y unidas.
Por
ejemplo, el racionalismo de las ideas innatas se encontró con las
críticas del empirismo, que señalaba que las supuestas ideas con
las que nacemos son indemostrables y no se hayan en todas las
personas y, por tanto, el conocimiento tiene que venir no de la razón
sino de la experiencia, de la abstracción de los datos de los
sentidos -aunque los sentidos no permiten datar la noción de
causalidad y el conocimiento se vuelve convención-; la síntesis de
ambas se haya en la teoría criticista de Kant que indica que el
conocimiento viene de los sentidos, pero cuyos datos tienen que ser
pasados por el filtro de unas nociones apriori (como la de espacio y
el tiempo) para que puedan ser focalizados y ordenados dichos datos
de forma que sean inteligibles para el sujeto.
Las
ideas avanzadas se van imponiendo a lo largo de la historia por el
uso de la fuerza. De la misma forma que lo planteó Kant, Hegel
señala que el motor de la historia es la guerra. Ésa es la
astucia de la razón: utilizar las ambiciones de los políticos y
militares para que se establezcan las ideas más avanzadas y se
avance en civilización. Los militares y políticos para
justificar su toma del poder, usan como excusa ser los impulsores de
las ideas más avanzadas. Por ejemplo, Napoleón, tomó el
poder e hizo guerras para invadir Europa y su excusa era extender el
nuevo, avanzado y liberal Código Civil.
Al
final el Espíritu (la Racionalidad) se establece en la Naturaleza,
materializándose en el Estado Prusiano burocrático, donde la
administración pública y jurídica es tan fuerte, estable y con
garantías que se realizan la verdad, la justicia y la libertad.
Según Hegel, es el final de la historia, dado que ya ha cumplido su
objetivo.
Sin
embargo, Marx criticó el idealismo de Hegel. Los conceptos que
maneja Hegel son demasiado formales y abstractos, casi místicos
(Espíritu, Absoluto, Conciencia de la Autoconciencia), y, por tanto,
se alejan de realidad social y política de verdad.
Marx
encontró una gran contradicción en el Estado Prusiano: la
existencia de un conflicto de clases. Por tanto, si hay una
contradicción en el Estado Prusiano quiere decir que no se ha
llegado al fin de la historia, implica que hay movimiento en la
sociedad y que se orienta al cambio. El planteamiento de Hegel
es demasiado formal y no puede ver la realidad social verdadera, en
lucha, movimiento y en proceso de cambio.
“El
fundamento principal de la moral y de la honorabilidad alemana, no
sólo de los individuos sino también de las clases, está formado
por aquel modesto egoísmo que hace valer su mediocridad y deja que
los demás la hagan valer enfrente de sí. Por eso, la relación de
las varias esferas de la sociedad alemana no es dramática, sino
épica. [...] mientras el proletario ya comienza a encontrarse en
lucha con el burgués. La clase media apenas osa concebir, desde su
punto de vista, el pensamiento de la emancipación y ya la evolución
de las condiciones sociales así como el progreso de la teoría
política vuelven anticuado o al menos problemático ese punto de
vista. [...]
En
los Estados modernos, como en la filosofía del Derecho de Hegel, la
realidad consciente y verdadera de la cosa pública es meramente
formal; dicho de otro modo, sólo lo formal es cosa pública real. A
Hegel no hay que criticarle por describir la esencia del Estado
moderno tal y como es, sino por hacer pasar lo que es por la esencia
del Estado. Para demostrar que lo racional es real hay que basarse
precisamente en la contradicción de la realidad irracional, que por
todos sus poros es lo contrario de lo que dice y dice lo contrario de
lo que es. [...]
El
Estado constitucional es el Estado cuyo interés es sólo formalmente
el interés real del pueblo; pero, en cuanto interés del pueblo,
tiene una forma precisa aparte del Estado real.”
El
punto de vista de Hegel es demasiado abstracto y formal y no tiene
nada que ver con la realidad. A decir verdad, la realidad no es
racional: en el caso de los proletarios no hay verdad, justicia y
libertad; en su lugar hay una Ideología o discurso dominante que
trata de tapar la realidad, explotación y opresión.
Si
la realidad no es racional, formal e idealista, tendrá que tener
otra forma: material. Investigando a los filósofos atomistas
Demócrito y Epicuro, Marx concluyó, entre otras cuestiones, que los
objetos físicos entendidos como fenómenos captados por los sentidos
son los únicos verdaderos, la realidad está hecha de átomos, la
realidad es material.
“Además,
por otra parte, el fenómeno sensible es el único objeto verdadero,
y la aísthesis es la frónesis, mas lo verdadero es mutable,
inestable, es fenómeno.”
Las
ideas son materiales, pero localizadas en la cabeza de las personas,
son las transmisiones de las neuronas, nada más. Las
abstracciones están dentro del sujeto.
El
ser humano, siendo natural, es material y, por tanto, las causas que
hacen conformarse las sociedades y sus cambios en la historia son
materiales, y no ideales o formales.
En
una época, Marx estuvo de acuerdo con el materialismo de Feuerbach.
Según él, la realidad es material y el ser humano es un ser
sensible: nuestra manera de ser se forma por el efecto que nos hacen
los datos de los sentidos. Somos lo que comemos.
Las
ideas son solamente imágenes, representaciones. También la noción
de Dios. Según Feuerbach, Dios es humano, demasiado humano.
En Dios proyectamos nuestra imagen y semejanza: de alguna manera,
Dios es humano, solo que con las propiedades amplificadas. Si
el ser humano sabe algo y tiene conciencia sobre las cosas, Dios es
la versión perfecta del ser humano y es omnisciente, lo sabe todo, y
así ocurre con todas las cualidades del ser humano. Dios es
humano, solo que todopoderoso. Entonces, la religión es una
antropología mal planteada, es intentar conocer al ser humano a
través de una versión idealizada del mismo. Por tanto, es
mejor ver cómo es el ser humano por sí mismo y no fijarse en su
versión mitificada.
Sin
embargo, Marx criticó a Feuerbach, ya que la visión de él reducía
al ser humano a ser considerado como un ser pasivo, que se forma
recibiendo la información de los sentidos; y el ser humano, en
cambio, es activo, toma parte de alguna manera de los movimientos
sociales. Feuerbach no tuvo en cuenta el aspecto social del ser
humano, que está en movimiento y en proceso de cambio.
1
“La
falla fundamental de todo el materialismo precedente (incluyendo el
de Feuerbach) reside en que sólo capta la cosa, la realidad, lo
sensible, bajo la forma del objeto o de la contemplación
(Anschauung), no como actividad humana sensorial, como
práctica [...]
3
La
teoría materialista del cambio de las circunstancias y de la
educación olvida que las circunstancias las hacen cambiar los
hombres y que el educador social necesita, a su vez, ser educado.
[...]
La
coincidencia del cambio de las circunstancias con el de la actividad
humana o cambio de los hombres mismos, sólo puede concebirse y
entenderse como práctica revolucionaria.
7
Feuerbach
no ve, por tanto, que el “sentimiento religioso” es, a su vez, un
producto social y que el individuo abstracto que él analiza
pertenece a una determinada forma de sociedad. [...]
11
Los
filósofos se han limitado a interpretar el mundo de distintos modos;
de lo que se trata es de transformarlo.”
En
las tesis en las que criticaba el materialismo de Feuerbach, Marx
concluyó que la función de la filosofía no es interpretar el
mundo, sino cambiarlo. Ésta es la preocupación de Marx: al no
haber finalizado la historia, al haber grandes contradicciones de
clase (como la explotación), el mundo debe ser cambiado.
¿Pero
cómo cambiarlo? ¿Como los socialistas utópicos? ¿A
través de experimentos como los falansterios y las cooperativas?
¿Apelando al voluntarismo moral y a la buena voluntad de las
personas, sin atender cómo es realmente el movimiento social real?
Pues,
no, investigando la historia y la economía, conociendo el movimiento
social real y tomando parte en él. Marx, de por sí, sobre
todo hizo observaciones e investigaciones, más que grandes
argumentaciones.
“A
ninguno de estos filósofos [Hegelianos] se le ha ocurrido siquiera
preguntar por el entronque de la filosofía alemana con la realidad
de Alemania, por el entronque de su crítica con el propio mundo
material que le rodea.
Las
premisas de que partimos no tienen nada arbitrario, no son ninguna
clase de dogmas, sino premisas reales, de las que sólo es posible
abstraerse en la imaginación. Son los individuos reales, su
acción y sus condiciones materiales de vida, tanto aquellas con que
se han encontrado como las engendradas por su propia acción.
Estas premisas pueden comprobarse, consiguientemente, por la vía
únicamente empírica.”
Estudiada
la historia y la economía y observado los movimientos sociales, vio
que las causas e intereses materiales y sociales tienen un gran
efecto sobre la sociedad y su desarrollo en la historia.
En
la sociedad, la clase dominante y propietaria de los medios para
subsistir de cada momento, al tener un gran poder económico, puede
moldear el Estado en función de sus intereses particulares y contra
los intereses de la clase dominada. En el caso de la burguesía:
“De
los siervos de la Edad Media surgieron los villanos de las primeras
ciudades; a partir de esta clase urbana se desarrollaron los primeros
elementos de la burguesía.
El
descubrimiento de América, la circunnavegación del África crearon
nuevos terrenos para la burguesía en ascenso. Los mercados de
las Indias Orientales y de la China, la colonización de América, el
intercambio con las colonias, la incrementación de los medios de
cambio y de las mercancías en general proporcionaron al comercio, a
la navegación y a la industria un auge jamás conocido [...]
[...]
los mercados crecían constantemente [...] Entonces el vapor y la
maquinaria revolucionaron la producción industrial. [...]
[...]
la propia burquesía moderna es producto de un prolongado curso
evolutivo, de una serie de revoluciones en los modos de producción y
de tráfico.
Cada
una de estas etapas evolutivas de la burguesía estuvo acompañada
por un correspondiente progreso político. [...] desde la
instauración de la gran industria y del mercado mundial conquistó
finalmente la hegemonía política exclusiva en el moderno estado
representativo. El poder estatal moderno es solamente una
comisión administrativa de los negocios comunes de toda la clase
burguesa. [...]
[...]
Los bajos precios de sus mercancías constituyeron la artillería
pesada con la cual demuele todas las murallas chinas, con la cual
obliga a capitular a la más obcecada xenofobia de los bárbaros.
Obliga a todas las naciones a apropiarse del modo de producción de
la burguesía, si es que no quieren sucumbir; las obliga a instaurar
en su propio seno lo que se ha dado en llamarse civilización, es
decir, a convertirse en burguesas. En una palabra, crea un
mundo a su propia imagen y semejanza.”
El
Estado es un cuerpo jurídico (un sistema de leyes, derecho y
judicial) que existe para satisfacer los intereses de la clase alta,
que tienen un gran poder o influncia sobre él. En el caso de
la sociedad liberal o capitalista, el Estado establece la propiedad
privada como un cuerpo jurídico para cumplir los intereses de la
clase alta. El Estado legalizó la propiedad privada -diferente a la
propiedad anterior estamental- para garantizar la explotación.
Los burgueses, al ser dueños de los medios de producción (empresas,
industrias, tierras) pueden imponer las condiciones que quieran en
ellos y permitir la explotación.
El
Estado es dependiente de la clase dominante, la estructura económica
es la infraestructura de la sociedad, es la base de la sociedad, base
sobre la que se asientan las demás partes de la sociedad. La
sociedad, como una casa, tiene unos cimientos, unos pilares que
sirven de base a partir de la cual se va construyendo por encima,
basándose en esa infraestructura.
El
sostenimiento y base de la sociedad es su estructura económica y sus
relaciones sociales; y las ideas y el estado son resultado de esa
estructura, sirven para defender el interior (en este caso, el
Estado, cuyas leyes defienden y amparan los intereses de la clase
dominante) o para cubrir lo que hay dentro (es el caso de la
Ideología o ideas principales de la sociedad que difunden la clase
dominante a través de sus medios de comunicación para excusar la
realidad vigente o esconder los verdaderos intereses, usando
conceptos alejados de la realidad o cortinas de humo.
Legalizada
la propiedad privada, los patrones pueden hacer lo que quieran en sus
empresas, incluído hacer uso de la explotación. Los
trabajadores no reciben lo que producen, se les paga por su esfuerzo
(su fuerza de trabajo) y, por tanto, no se les paga lo que merecen
(los bienes y servicios que han producido). Producen una serie
de bienes y servicios, generan un valor, pero no se paga el fruto de
su trabajo, no se paga su trabajo, sino un sueldo a cambio de su
esfuerzo, que es mucho menor que lo que han producido. Por lo
tanto, los trabajadores son explotados.
Los
productos tienen un valor de uso, una utilidad. Por ejemplo, el
paraguas sirve para protegerse de la lluvia. Por su utilidad,
los productos son comprados, pero el valor de uso es subjetivo: la
utilidad de un producto respecto a otro es completamente diferente.
Para tener una medida objetiva para marcar el valor de un producto,
se utiliza el tiempo de trabajo que se requiere para producirlo como
medida de valor; este valor se refiere a lo que en general,
socialmente, se suele tardar en producir un producto. Cuanto
más tiempo se requiera para su producción, más caro será.
En
ese tiempo de producción, los trabajadores transforman las materias
primas en un producto elaborado introduciéndole en esa elaboración
un valor determinado. Le dan un valor añadido, una plusvalía.
Gracias a ella, los patrones consiguen una ganancia, un beneficio
mayor. Sin embargo, a los trabajadores no se le paga ese valor
excedente, sino que se le paga solamente el esfuerzo, se le retribuye
un sueldo que siempre es menor que el valor que han producido.
No se les paga lo que producen y, por lo tanto, les están
explotando.
“El
obrero comunica un nuevo valor al objeto de trabajo, añadiéndole
una nueva dosis de trabajo, cualquiera que sea el carácter útil de
éste. [...]
[...]
Cierto es que el valor se mide por el quatum de trabajo
contenido en una mercancía; pero este quatum está, a su vez,
socialmente determinado. [...] su valor siempre se mide por el
trabajo socialmente necesario, es decir, por el trabajo necesario en
las condiciones sociales del momento. [...]
[...]
llamo trabajo necesario al trabajo desplegado durante su
tiempo: necesario para el trabajador porque es independiente de la
forma social de su trabajo; necesario para el capital y para el mundo
capitalista, ya que dicho mundo se basa en la existencia del
trabajador.
El
tiempo de actividad que rebasa los límites del trabajo necesario
supone, evidentemente para el obrero un gasto de fuerza de trabajo,
pero no crea valor alguno para él. Crea una plusvalía que,
para el capitalista, tiene todos los encantos de una creación ex
nihilo. Yo llamo a esta parte de la jornada de trabajo
tiempo de trabajo excedente, y al trabajo invertido en ella,
trabajo excedente. [...]
La
cuota de plusvalía es, por tanto, la expresión exacta del grado de
explotación de la fuerza de trabajo por el capital o del trabajador
por el capitalista.”
Por
otro lado, Marx investigando la historia, concluyó que en ella se
dan luchas de clases y como resultado de esa lucha de clases suceden
los cambios en la historia. Por ejemplo, la Revolución
Francesa: los burgueses impulsaron una revolución contra la nobleza
para tomar el poder e imponer sus medidas, privatizar la propiedad
-que era estamental, perteneciente a un estamento e invendible- y
para imponer sus intereses.
Por
consiguiente, Marx interpretó que la lucha de clases es el motor de
la historia y que la toma del poder de un clase dominada contra la
anterior dominante, lleva a que la nueva clase dominante transforme
la sociedad en función de sus intereses y características.
“La
historia de todas las sociedades existentes hasta el presente es la
historia de la lucha de clases.
Hombres
libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos, maestros
y oficiales, en suma, opresores y oprimidos siempre estuvieron
opuestos entre sí, librando una lucha ininterrumpida, ora oculta,
ora desembozada, una lucha que en todos los casos concluyó con una
transformación revolucionaria de todas las sociedades o con la
destrucción de las clases beligerantes.”
En
este hilo, leída la historia, concluyó que las clases surgen por
cambios materiales y económicos. El desarrollo de las fuerzas de
producción (la tecnología) fomenta un modo de producción
(organización de la empresa) en el que se puedan utilizar de una
manera eficaz. Y para optimizar esa manera de producir, se cambian
las relaciones sociales, de manera que sirvan mejor al modo de
producción.
El
desarrollo de la tecnología fomenta un tipo determinado de organizar
las empresas y, para optimizar ese tipo de producción, se cambian
las relaciones sociales de forma que haya una división de la
sociedad jerarquizada y en la que se realice la explotación que
optimice la producción.
En
el caso del capitalismo, la optimización del trabajo condujo a una
división social del trabajo: la generación del trabajador "libre"
que pueda moverse de forma fácil (que pueda usarse y tirarse sin
problemas: los siervos estaban atados a la tierra y no se podía
expulsarlos), el surgimiento del proletario, aquel que solamente
tiene su prole, no tiene nada, que no disponga de tierras comunales
que pueda servirle de sustento, y se vea obligado a vender su fuerza
de trabajo. La creación del trabajador asalariado que no tiene nada
y tiene que entrar en una empresa con unas condiciones ya
establecidas y sin poder de negociación. La presencia de un
trabajador que puede ser explotado.
Con
la explotación, con el valor añadido que crea el trabajador y se
queda el patrón como ganancia, el burgués puede guardar una parte
para enriquecerse y otra la puede usar para invertir y, así, lograr
mayores ganancias. Se produce una acumulación de ganancias en
pocas manos y, por el crecimiento económico de unas empresas más
competitivas (más explotadoras), cada vez más beneficios acaban en
cada vez menos manos.
La
explotación según Roemer: el trabajador genera un producto con un
valor similar al valor del mercado de otro producto de igual trabajo,
pero su sueldo no le permite adquirirlo. Los trabajadores
generan bienes y servicios con un valor-trabajo determinado que les
debería posibilitar adquirir otros bienes producidos por otros de
similar valor-trabajo y que en el mercado tienen un valor-precio
igual; pero la retribución que reciben los trabajodores no les
permite adquirir bienes y servicios del mismo valor que el valor
generado por el trabajo.
Se da explotación y ella está
garantizada por la sociedad de clases, que impide que se distribuya
como corresponde y forma una intrincada estructura en la que los
empleados dependen de los patrones por ser los ostentadores de los
medios de producción, imponiendo desde arriba sus condiciones de
explotación por la jerarquía de clases.
Por
un lado, debido a la competencia, las empresas que más acumulan, más
desarrolladas y más grandes producen productos más baratos y se
comen el mercado; y por otro, consiguen más beneficios por aumentar
el grado de explotación.
Así,
se da un gran crecimiento económico, se produce en exceso, el valor
del producto se reduce y los beneficios bajan.
“El
fenómeno de la naturaleza misma de la producción capitalista,
consistente en que a medida que aumenta la productividad del trabajo
disminuye el precio de cada mercancía en particular o de una
cantidad dada de mercancías y se eleva el número de mercancías
producidas, disminuyendo la cuota de beneficio determinada a base de
la suma total de mercancías, y aumentando en cambio la masa de
beneficio por cada mercancía, disminución de su precio e incremento
de la masa de beneficio por la mayor cantidad de mercancías
producidas por el capital total social o por el capitalista.
Esto puede interpretarse en el sentido de cada mercancía,
resarciéndose con el mayor número de mercancías producidas. [...]
De
hecho, la baja de los precios de las mercancías y el incremento de
la masa de beneficio sobre la masa aumentada de las mercancías a
mejor precio no es sino una forma distinta de expresar la ley de la
cuota decreciente de beneficio a la vez que la masa aumenta.”
Aparte
de eso, los trabajadores están cada vez más explotados y no pueden
consumir los productos y bajan las ventas. Como consecuencia de
ello, en el capitalismo se dan crisis cíclicas.
“[...]
La razón última de todas las crisis reales es siempre la pobreza y
la limitación del consumo de las masas frente a la tendencia de la
producción capitalista a desarrollar las fuerzas productivas como si
no tuviesen más límite que la capacidad absoluta de consumo de la
sociedad.”
A
causa de la crisis, puede que los trabajadores hagan una revolución
social. En cualquier caso, los proletarios cada vez están más
explotados y, al final, los trabajadores harán la revolución
obligados, ya que sus condiciones de vida serán insoportables.
“A
medida que disminuye el número de magnates del capital que usurpan y
monopolizan todas las ventajas de este período de la evolución
social, crecen la miseria, la opresión, la esclavitud, pero también
la resistencia de la clase obrera. Clase incesantemente
creciente y cada vez más disciplinada, unida y organizada por el
mecanismo de la producción capitalista. El monopolio del
capital se transforma en una traba para el modo de producción que ha
crecido con él y bajo sus auspicios. La socialización del
trabajo y la centralización de sus medios materiales llegan a un
punto en el que es imposible seguir manteniéndolos bajo su envoltura
capitalista. Esta envoltura estalla en pedazos. Ha sonado
la hora de la propiedad capitalista. Los expropiadores son a su
vez expropiados. [...]”
De
esta manera, el materialismo histórico parece una suerte de
determinismo. Aparentemente, al final los trabajadores se verán
obligados a realizar la revolución social, convertida la explotación
en insoportable.
“En
la producción social de su vida, los hombres entran en determinadas
relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de
producción, que corresponden a un determinado grado de desarrollo de
sus fuerzas productivas materiales. Estas relaciones de producción
en su conjunto constituyen la estructura económica de la sociedad,
la base real sobre la cual se erige la superestructura jurídica y
política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia
social.
No
es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el
contrario, el ser social es lo que determina su conciencia. [...] .
De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones
se convierten en trabas suyas, y se abre así una época de
revolución social.”
¿Y
cómo se puede conciliar este punto de vista con la exhortación de
Marx de tener conciencia de clase? ¿Los proletarios no tienen
voluntad? Para dar respuesta a esta cuestión, Engels le
escribió a Bloch una carta en la que trata de hablar del papel de
las ideas, la conciencia y la voluntad en el desarrollo de la
historia:
“Según
la concepción materialista de la historia, el elemento determinante
de la historia es en última instancia la producción y la
reproducción en la vida real. Ni Marx ni yo hemos afirmado
nunca otra cosa que esto; por consiguiente, si alguien lo tergiversa
transformándolo en la afirmación de que el elemento económico es
el único determinante, lo transforma en una frase sin
sentido, abstracta y absurda. La situación económica es la
base, pero en el curso del desarrollo histórico de la lucha, ejercen
influencia también, y en muchos casos prevalecen en la determinación
de su forma, diversos elementos de la superestructura: formas
políticas de la lucha de clase y sus resultados, es decir, las
Constituciones impuestas por la clase triunfante después de la
victoria, etc., las formas jurídicas, e incluso el reflejo de todas
estas batallas reales en el cerebro de quienes participaron en ellas,
las teorías políticas, jurídicas y filosóficas, las convicciones
religiosas y su evolución posterior, hasta convertirse en un sistema
de dogmas. [...]”
En
conclusión, la voluntad tiene un papel en el proceso histórico.
Los factores materiales y necesidades vitales presionan, pero no
determinan los actos.
La
revolución proletaria establecerá el comunismo. Al tomar el poder
se hará clase dominante y cambiará la sociedad a su imagen y
semejanza, se generará una sociedad de trabajadores y, por tanto,
sin clases (los trabajadores trabajan para sí, una sociedad de
trabajadores será una sociedad sin nadie por debajo, sin clases).
Los
proletarios tomarán el poder y formarán una dictadura temporal del
conjunto de los trabajadores, formarán una organización similar a
la comuna de París: la cual fue asamblearia, horizontal, de
democracia directa, con cargos rotativos y destituibles por la
asamblea, y compuesta de organizaciones obreras diferentes. Marx
entendía el partido como la clase trabajadora organizada como clase,
partido entendido como parte de la sociedad.
En
vida, Marx y Engels estuvieron más activos en la Asociación
Internacional de Trabajadores, en la que había diversidad de
organizaciones obreras. La praxis que llevaron ambos fue más
contribuir a que las diferentes Internacionales fueran activas,
coordinadas y efectivas, más que en formar partidos políticos.
El propio Marx señaló que él no era marxista, en alusión de no
formar sectas, sino fomentar más la unión de los trabajadores (ir
más a unir fuerzas que a actuar como partido político
profesionalizado y lejano a los grupos obreros existentes).
Marx habla de partido como parte de la sociedad: la clase trabajadora
en conjunto como parte de la sociedad.
En
este sentido, Marx y Engels se refieren al partido-parte-clase así:
"Esta
organización de los proletarios en una clase, y con ello en un
partido político, vuelve a ser destruída a cada instante mediante
la competencia entre los propios obreros. [...]
Los
comunistas no son un partido aparte, frente a los demás partidos
obreros.
No
tienen intereses separados de los intereses de todo el proletariado.
No
establecen principios especiales según los cuales pretendan moldear
el movimiento proletario.”
Frente
a los partidos profesionalizados y separados del
movimiento obrero real indican:
“Al
fundar en Alemania un gran periódico, se nos atribuyó de por sí
una bandera. Solamente podía ser la de la socialdemocracia que en
todas partes ponía de manifiesto el carácter proletario específico,
en lo particular, carácter que no podía de una vez por todas partes
inscribir en su portaestandarte. De no querer esto, de no aceptar el
movimiento en su manifestación previa y más adelantada,
auténticamente proletaria, nos hubiera quedado solamente la
posibilidad de perorar sobre el comunismo en algún pequeño panfleto
y de crear, en lugar de un gran partido activo, solamente una pequeña
secta. Nosotros no habíamos proyectado nuestro programa para
predicadores en el desierto.”
Y
en cuanto a la relevancia de la inclusión de diversas
organizaciones y fomentar la unión de los trabajadores,
la unión de las diversas organizaciones obreristas
frente a sectarismos separados de otras organizaciones:
“La
Internacional se fundó para reeemplazar las sectas socialistas o
semisocialistas por una verdadera organización de la lucha de la
clase obrera. Los primitivos estatutos y el Mensaje Inaugural lo
demuestran a primera vista. Por otra parte, la Internacional no
podría haberse consolidado si el curso mismo de la historia no
hubiera destruido ya el sistema de las sectas. El desarrollo del
sistema de las sectas socialistas y el del movimiento obrero siempre
están en relación inversa entre sí. Mientras se justifica
(históricamente) la existencia de las sectas, la clase obrera no
está aún madura para un movimiento histórico independiente. En
cuanto alcanza su madurez, todas las sectas son esencialmente
reaccionarias. Sin embargo, lo que la historia ha demostrado en todas
partes se repitió dentro de la Internacional. Lo caduco intenta
restablecerse y mantenerse de la nueva forma adquirida.”
La
dictadura del conjunto del proletariado, de todas las personas
trabajadoras, será temporal (Marx entendía la dictadura bajo la
forma jurídica romana: un gobierno con poderes especiales
temporal). Es una toma del poder para realizar las medidas
oportunas para eliminar las clases. Y una vez eliminadas las
clases, como el Estado es la herramienta de la clase dominante, la
sociedad se organizará sin Estado.
“Últimamente,
las palabras “dictadura del proletariado” de nuevo han llenado de
saludable terror al filisteo socialdemócrata. Pues bien,
señores, ¿quieren saber cómo es esta dictadura? Miren la la
Comuna de París: ¡esa es la dictadura del proletariado!”
“Primero.
Si de algo no cabe absolutamente ninguna duda es que nuestro
partido y la clase obrera pueden llegar al poder sólo bajo una forma
política como la república democrática. Esta última es,
incluso, la forma específica para la dictadura del proletariado,
como ya lo ha demostrado la gran Revolución francesa.”
“[...]
Este socialismo es la declaración de la revolución permanente,
de la dictadura de clase del proletariado como punto necesario de
transición para la supresión de las diferencias de clase en
general, para la supresión de todas las relaciones de producción
en que éstas descansan, para la supresión de todas las relaciones
sociales que corresponden a esas relaciones de producción, para la
subversión de todas las ideas que brotan de estas relaciones
sociales.”
“Así,
pues, el Estado no existe desde toda la eternidad. Hubo
sociedades que pasaron sin él, que no tuvieron ninguna noción del
Estado y de la autoridad del Estado. En cierto grado del
desarrollo económico, necesariamente unido a la escisión de la
sociedad en clases, esta escisión hizo del Estado una necesidad.
Ahora nos aproximamos a paso de gigante a un grado de desarrollo de
la producción en que, no sólo ha dejado de ser una necesidad la
existencia de clases, sino que ha llegado a ser un obstáculo
positivo para la producción. Las clases desaparecerán tan
fatalmente como surgieron. La sociedad, que organizará de
nuevo la producción sobre las bases de una asociación libre e
igualitaria de los productores transportará toda la máquina del
Estado allí donde, desde entonces, les corresponde su puesto: al
museo de antigüedades, junto al torno de hilar y junto al hacha de
bronce.”
El
comunismo, según Marx, será la sociedad sin estado y, cuando se
establezca, será el fin de la historia: no habrá luchas de clases
porque no hay clases y, por tanto, no se darán cambios estructurales
y relevantes en la sociedad.
En
la actualidad, en la mayoría de sociedades la lucha de clases está
suspendida o reducida a luchas en empresas y sectores concretos para
lograr mejores condiciones laborales.
No
se da ningún proceso de revolución social propiamente dicho.
En cualquier caso, habría que preguntarse qué pasaría si se
diese. La patronal ejercería presión sobre los gobiernos y
las fuerzas del Estado para reprimir el proceso revolucionario,
usando el ejército si hiciese falta.
Frente
a esto, se formaría una resistencia del movimiento revolucionario,
pero cabe la posibilidad de que, en este frentismo, surjan actitudes
y figuras autoritarias que, una vez tomado el poder, acaben
corrompiéndose y que creen una dictadura burocrática. En la
URSS y países del Este gobernaba la nomenklatura, una élite del
PCUS acaparaba el poder, perseguía las opiniones divergentes y la
gente no disponía de un espacio para participar en las cuestiones
públicas: era una dictadura burocrática. Ésto podría volver a
pasar.
Todavía
está por ser descubierta la manera de construir una democracia
participativa que tenga fuerza para llegar al poder y mantenerse en
él, permitiendo que todas las personas puedan tomar parte en el
ejercicio del poder.
Enlaces
relacionados
-"La
explotación laboral y el socialismo de mercado según Roemer"
(análisis
económico actual
sobre explotación
y socialismo
real):
https://juanjoseangulodelacalle.blogspot.com/2015/02/la-explotacion-segun-roemer.html
-"Cooperativismo,
potencial alternativa":
https://juanjoseangulodelacalle.blogspot.com/2017/12/cooperativismo-potencial-alternativa.html
-"Soviets,
su abolición y burocratización de la URSS (perspectiva
filosófica)":
https://juanjoseangulodelacalle.blogspot.com/2019/10/soviets-su-abolicion-y-burocratizacion.html
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