2020(e)ko irailaren 13(a), igandea

Identificar obras de arte y valorarlas

 Identificar obras de arte y valorarlas


Juan José Angulo de la Calle



El arte figurativo ha gastado todo lo que podía expresar.  El arte ha tenido que tender a la abstracción, a procurar expresar por los formatos de la pintura y la escultura por sí misma. El arte ya no puede imitar nada, ni referirse a nada, solamente le queda la posibilidad de explorar todas las formas que se pueden explorar y expresar por medio de las artes por sí mismas (en pintura: colores y composición sin figuras; en escultura: obras con formas imaginativas y no reales...).
 
Debido a las nuevas formas de expresión  y el desarrollo del arte abstracto, resulta difícil saber acerca de las obras de arte, dada la supuesta originalidad total y a las imaginativas formas de expresión, cuyo mensaje resulta difícil de pensar supuestamente por su dificultad.


Identificar obras de arte


Según los escritos de Walter Benjamin, la manera de identificar una obra de arte propiamente dicha y diferente de las obras de producción industrial, es por medio de distinguir tres elementos que hacen que una obra no sea una mercancía o un producto que sirva para su uso (técnico, de consumo...) y que pueda ser objeto de contemplación y valoración (presentando elementos que procuren desarrollar nuestra sensibilidad y pensamiento, y no sean medios para lograr algo más allá de sí mismo, sino que se permita una apreciación directa por la mera contemplación activa e interpretativa).
 
 
-El primer elemento sería ser una obra llamativa, vistosa o que posea unos detalles ornamentales que agraden y que estén en una estructura determinada, en un orden y concierto (porque de esta forma se pueden transmitir un mensaje cultural); 
 
-el segundo, sería el seguimiento de unas normas mínimas de los medios de expresión de un arte (las reglas pueden ser cambiadas, pero siempre se requiere unos mínimos de estilo y ordenamiento, porque ellos permiten que se difunda el mensaje de la obra); 
 
-y el último y más importante sería la presencia de una intencionalidad artística, la presencia de un mensaje que se transmita por la obra misma y que permita la difusión de una nueva expresión creativa por la obra.
 
 
 

Valoración de una obra de arte

 

Según Aristóteles, una obra de arte es la plasmación de pensamiento articulado (sino, no sería elaborado y no tendría un gran mensaje).
 
Siguiendo esta definición, se pueden identificar tres valores objetivos para evaluar una obra de arte:
 
-la complejidad, el tener una estructura elaborada y bien planteada, porque permite designar que la obra tiene un contenido expresivo grande y tiene, por tanto, un gran valor artístico o expresivo;
 
-la coherencia, la consistencia de los elementos de la obra en un orden y concierto equilibrado, porque de esta manera el mensaje sea efectivo, más directo y llegue a la gente en una comunicación inteligible y adecuada;
 
-la intensidad del mensaje, la fuerza del mensaje expresado por la ordenación de los elementos y sus característicos, porque así hace que el mensaje sea contundente, llegue a las sensibilidad del observador y se vea impelido a involucrarse y a reflexionar.
 

Bibliografía:



-Adorno, Th. W.  (2004): Teoría estética.  Madrid: Akal. 


-Adorno, Th. W. & Horkheimer, M.  (2004): Dialéctica de la ilustración.  Madrid: Trotta.

 

-Arana, J. R. (2005): Balada de la filosofía y de la ciencia.  Barakaldo: Ediciones de Librería San Antonio. 


-Aranda, C.  (2004): Introducción a la estética contemporánea.  Almería: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Almería.

 

-Aristóteles (2007): Poética
Buenos Aires: Editorial Gradifco.

 


-Ardeo Rubio, I. (2005): “Fundamentos de estética”,
 in: Revolución Neolítica, n. 5. 
 Donostia/San Sebastián: Ti.Ta. Editores asociados.

 

-Bayer, R. (2018): Historia de la estética.   
Barcelona: EFE. 

-Benjamin, W. (1989):  
La obra de arte en la época de la reproductibilidad técnica.   
Buenos Aires: Editorial Taurus.

 

-Corbalán, F.  (2012): La proporción áurea.  El lenguaje matemático de la belleza.  Villatuerta: RBA. 


-Eco, U.  (2018): Historia de la belleza.  Barcelona: Lumen.


-López, R. (2018): La obra de arte en siglo XXI.  Madrid: publicación independiente.


-San Martín, F. J.  (2019): Guía para el arte del siglo XXI.  Madrid: publicación independiente.

 

2020(e)ko irailaren 5(a), larunbata

Arte, belleza del mundo e imaginación transformadora








Arte, belleza del mundo e imaginación transformadora

Juan José Angulo de la Calle






 Belleza como reconciliación con el mundo





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https://es.wikipedia.org/wiki/Immanuel_Kant#/media/Archivo:Immanuel_Kant_-_Gemaelde_1.jpg


Bangartem señala que la estética es la reflexión acerca de la experiencia sensible [contemplativa], diferente al entendimiento en tanto en cuanto no describe cómo nos parece que son los fenómenos, sino que trata sobre cómo nos afectan a nivel sensible [y consideraba que ello podía ser tratado lógicamente].
 

Hume consideró que los juicios de belleza no son lógicos ni racionales porque consisten en una serie de valoraciones acerca de seleccionadas partes de la realidad (y de las obras de arte) y que nos atraen en tanto que son placenteras.  Relacionó la belleza con el placer.
 

Kant siguió sus pasos y señaló que la belleza es el juicio que se da acerca de algo que por la mera contemplación ya resulta gozosa.  Es diferente del entendimiento porque sus juicios sensibles no datan sobre cómo nos parece que son los fenómenos; sino en la valoración de determinadas partes del mundo (y del arte) que consideramos dignas de admiración.
 

Es finalidad sin fin, no crea intereses egoístas, ni tiene que ver con fines prácticos porque no tiene que ver con algo que se quiera obtener: no tiene finalidad fuera de sí misma. No genera interés, ya que no tiene que ver con nada ajeno a la propia experiencia. 
 

E.g.  Se puede disfrutar por la mera contemplación de un paisaje y no haber nada más que el propio placer de admirarla, no hace falta comprar el terreno, no tiene que ver con el placer avaricioso de la búsqueda del beneficio económico que podría dar el terreno; la satisfacción se da en el mero contemplar, no hace falta nada más y no es necesaria la apropiación de estas tierras.
 

En el juicio de belleza se da un juego entre el entendimiento e imaginación.  No es un juicio que pertenezca al conocimiento de los fenómenos porque no tiene que ver con el saber de la sensibilidad, no tiene que ver acerca de cómo son los fenómenos, sino que hace una valoración acerca de los seres (en el mundo o en las obras de arte).  El concepto de belleza es muy amplio y no puede establecerse del todo, por lo que queda siempre en el aire y siempre espera que haya una nueva representación (producto de la imaginación) que haga que se renueve el juicio de belleza.
 

La imaginación permite dar a nuevos ordenamientos de los elementos de las obras de arte y a nuevas maneras de concebir la belleza (en las obras o en la manera de captar la realidad).  Ella permite crear nuevas maneras de pensar la realidad, crea nuevas formas, nuevos ordenamientos.  La poiética, la capacidad de la poiesis o la creatividad, permite idear nuevas obras, que estén hechas de una manera diferente (sino, no sería creación). Concluyo que ella permite, de forma creativa, romper con nuestros esquemas mentales y replantearnos la realidad.
 

Según Kant, el juicio de belleza nos reconcilia con el mundo porque hace que la realidad sea agradable.  Las obras de arte pueden resultar hermosas y darnos satisfacción, haciendo que el mundo sea más habitable y soportable.
 

La armonía que tanto se explotó en su época en el clasicismo, tanto en artes plásticas como en la música, nos da una agradable sensación de orden, embaucados por las formas proporcionadas y las armónicas sinfonías. 


La belleza disfraza la fea realidad


Es posible que este juicio de belleza nos haga conformistas, porque puede hacernos creer que hay algo positivo en el mundo, quizás el refugio del arte al que exiliarse si no se soporta la realidad.  
 

Si las personas huyen de la realidad evadiéndose en el arte, probablemente no actuarán en las cuestiones públicas y participarán poco en el debate público, o con menos motivación.
 

El arte, si no es tomado en su debida medida, puede ser una forma refinada de conformismo.  Puede conducir al sueño de que el mundo no puede ser muy horrible, dado que hay muchas obras y seres que son hermosos.
 

Como señala Eugenio Trías en Lo bello y lo siniestro, la belleza puede tapar la parte terrible del mundo, puede ser una romantización que esconda las partes más horribles de la realidad.  Lo señala con el ejemplo de la pintura de Rafael: El nacimiento de Venus.   
 

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https://es.wikipedia.org/wiki/El_nacimiento_de_Venus_(Botticelli)#/media/Archivo:Sandro_Botticelli_-_La_nascita_di_Venere_-_Google_Art_Project_-_edited.jpg



 
 
En ella, aparece Venus o Afrodita, la diosa del amor y de la belleza.  Aparece la bella diosa en todo su esplendor.  Este cuadro tan hermoso oculta el terrible mito del origen de esta diosa: ella surgió de la carne que se desprendió del  la castración de  Urano, un rey de los dioses que metía a sus hijos en la Tierra por ser deformes y desproporcionados (física y moralmente).  Cronos (Saturno) destronó a su padre quitándole su poder de forma violenta.  
 

La pintura de Botticeli en la que se presenta a la diosa de la belleza cumple la función de  la belleza: tapar la terrible realidad con bellas formas, que nos distraen, orientan la mirada hacia otros puntos de vista y nos fomenta a que no veamos la parte terrible de la realidad.  
 

Una versión más cercana al mito del que proviene lo que se representa en la pintura quedaría más exacto en la representación de lo horrible.  Considero que es más fiel a este mito, otra representación que trata de un mito semejante pero diferente: Saturno devorando a un hijo, tanto la de Goya como la de Rubens; en las que se muestra lo terrible del mundo por medio de otro rey de los dioses, Cronos, que devora a sus propios hijos (similar al acto cruel de Urano).

https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/8/82/Francisco_de_Goya%2C_Saturno_devorando_a_su_hijo_%281819-1823%29.jpg
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Saturno o Cronos es el dios que castró y destronó brutalmente a Urano, y debido a esta mutilación nació la diosa de la belleza.  



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https://es.wikipedia.org/wiki/Saturno_(Rubens)#/media/Archivo:Rubens_saturn.jpg


La muestra de esta representación pictórica da cuenta del origen de la diosa de la belleza.  Ella puede ser muy simbólica: porque puede dar a entender que lo bello es resultado de la brutalidad, que todo lo que es horrible tiene que ser disfrazado con la romantización de la belleza para esconder las atrocidades del mundo.


Cultura de masas y alienación

 



Adorno y Horheimer, en su libro Dialéctica de la Ilustración, habían señalado que la Ilustración había llevado a configurar una razón instrumental.  La Enciclopedia de las artes y las ciencias tenía el mensaje de que si se racionalizaba todo y se manejaba la naturaleza, si se utilizaba y dominaba, se podía llevar a cabo el progreso técnico y social.  De una manera muy detallada lo refiere el Youtuber y filósofo Quetzal: https://www.youtube.com/watch?v=SLUgJQucju8&t=11s
 

Los ilustrados fomentaron, de forma secundaria, el mensaje de que se podía y debía dominar la naturaleza para mayor beneficio humano y se impulsaba un tipo de cálculo, en el que el pensamiento se centraba en procurar idear los mejores medios para dar con un bien entendido como positivo (sea el progreso, la Ilustración...) y sin que quepa lugar para replantearse el propio fin, entendido como bueno.
 

Resultado de este cálculo medios-fines, se permitió que pareciera eficiente y racional una estructuración y "optimización" de los recursos por medio de una producción industrial desmedida, en la que la naturaleza era tratada como un medio, un recurso.
 

Además, las personas trabajadores se veían en un proceso de "racionalización" laboral en forma de división social del trabajo, un paso más en la razón instrumental: tratar a las personas como herramientas, como "recursos" humanos.  
 

Unos "recursos" a los que se podía utilizar para lograr mayores ganancias, aunque fuese pagándoles menos lo que producen, explotándoles. 
 

En la "racionalización" de la división social del trabajo, se podía alienar a las personas trabajadores, presionándolas con dureza para que hagan de forma aceleradas tareas en las que tenían que servir a los objetivos de empresas con ritmos de producción acelerados y con la "lógica" y presión de un mercado.  





Es un trabajo productivo y mercantil, en el que se procura bienes y servicios para satisfacer los intereses de otros, los propietarios, y en los que no se procura que se sirva a los intereses de los propios productores, dando como lugar que el trabajo sea al servicio de otro, con los ritmos de otro y para cubrir los intereses de otro; reduciendo a la persona trabajadora a ser una mercancía más del mercado, sujeta a la oferta y la demanda de un mercado laboral cada vez más precarizado y, por tanto, en condiciones más draconianas y alienantes.
 

La Escuela de Frankfurt considera que la forma de romper con la razón instrumental es por medio de los propios funcionamientos del arte.  El arte que siga sus propias normas, el que procure generar algo nuevo, permite que se den nuevas maneras de entender la realidad, al crear nuevas formas de expresión, nuevas formas de entender la realidad que pueda hacer que el público sea crítico.
 

Adorno, en su libro Estética, diferencia el arte rompedor de vanguardia del arte dirigido al mercado y a la cultura de masas. 
 

Adorno destacó la labor de artistas de vanguardia; entre ellos los músicos creativos Mahler, Webern, Shónberg y Berg.  Ellos no se dejaron llevar por los moldes simples de los productos de mercado, ni por buscar la venta masiva de entradas, y generaron nuevas formas de expresión en la música, pese a que pudieran generar extrañeza en el público y hacer que fuera menos receptivo.  Sin embargo, aportaron nuevas maneras de entender la música y nuevas formas de sensibilidad.

La cultura de masas, por contra, procura el mero entretenimiento pasivo, configurado en "moldes de corte y pega", pastiches, en las tramas ya prefabricadas y facilonas del espectáculo que fomenta la pasividad.  Pudiera ser los productos de mero entretenimiento como el cine más comercial y los productos televisivos en general, que son consumidos de forma pasiva (son recibidos por los sentidos y exigen una atención plena, casi acrítica y, desde luego, de consumo pasivo por parte de la vista y el oído).

Máxima representación del mismo podrían ser las grandes producciones de Hollywood, en la que los efectos especiales son tan potentes que pueden suspender el juicio y fomentar el dejarse llevar.  En muchos casos, la complejidad de sus tramas no es grande y, en el mejor de los casos, reproducen esquemas manidos y ya conocidos por el espectador, fomentando de forma indirecta su conformismo.

No es que se busque el abotargamiento para conseguir el control sobre las personas, pero sí que se procura una forma de ocio acrítico que permita unas grandes ventas de entradas por ser poco exigente para el público (con tramas "mascaditas" y poco elaboradas) y genera un culto que conduce al consumo de merchandising.  

Lo que se fomenta es el mayor beneficio comercial y él se consigue amoldando a las personas, fomentando que busquen novedades (efectos especiales impactantes no contemplados antes) y que se embarquen en la búsqueda de siempre nuevos estímulos externos, generando cierta dependencia, debida cuenta de que lo que es externo  requiere ser adquirido y consumido en el mercado [mientras que un desenvolvimiento del propio pensamiento y sensibilidad es una labor gratificante, que siempre queda a mano y no requiere necesariamente consumismo].

No es que de por sí sea malo que haya productos de entretenimiento, no  tiene nada negativo de por sí pasar el tiempo de forma agradable con bienes fáciles y que distraigan.  

El problema estriba en que desde la más indefensa infancia somos "bombardeados" por un montón de publicidad relacionada con productos de usar y tirar, espectáculos pasivos.

Se fomenta de manera indirecta que se tomen como las únicas o principales formas de cultura y de pasar el tiempo libre; reduciendo así las posibilidades de que las personas, en general, puedan plantearse siquiera dedicar tiempo a replantearse las cosas o trabajar la sensibilidad a niveles más complejos.

Marcuse considera que la imaginación puede romper con la represión innecesaria que se fomenta en la sociedad.  La razón instrumental fomenta una manera de comportarse y de pasar el tiempo que procura que no se busque la gratificación, dado que si las personas pudiesen llegar a gozar mucho (sexual, cultural o artísticamente), querrían extrapolar la calidad de vida de un ámbito a tener mejores condiciones laborales y sociales.  

Por ello, fomenta un tipo de disciplina, regido por los horarios de trabajo y sus exigencias, así como propiciar preferentemente un tipo de entretenimiento limitado que sea presentado como el máximo placer "racional" y real, por muy limitado que sea y por mucho que no de verdadera gratificación.  

El puritanismo y la cultura de masas que fomenta el consumismo más pasivo podrían ser los elementos indirectos de una tendencia no buscada por sí, pero tampoco evitada.  El entretenimiento más comercial y el "bombardeo" de sus productos desde todos los medios de difusión (televisión, radio y redes sociales) dan una imagen de omnipresencia y relevancia, así como referencia principal, que limita la capacidad de reacción y redunda en unos tipos de conducta más receptivos, pasivos y menos críticos.

Habría que pensar en cómo el gran oligopolio Disney, que está anexionándose casi todas las grandes productoras de entretenimiento global, presenta una versión romantizada de todo, en la que la belleza, al igual que el cuadro de El nacimiento de Venus, tapa la realidad y nos da una versión romantizada, en la que todo tiene un "final feliz" y fomenta, de alguna manera, el conformismo y la autocomplacencia.  El Youtuber Quetzal lo describe en el siguiente vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=Qz9ZGTTKF8w&t=255s

El mismo autor refiere que la industria cultural y el consumismo pasivo queda representado de forma directa en las obras de la macro-franquicia Disney: https://www.youtube.com/watch?v=nCTFGa8f8EA&t=116s

No es que se busque el control social por él mismo, como si fuera una versión de El mundo feliz de Aldous Huxley (en el que se controla por medio del placer, la distracción y el abotargamiento mental generalizado); sino que los efectos de una producción de espectáculos procura un tipo de público más tendente a buscar placeres externos simplistas, que serán adquiribles por la compra de bienes en una dinámica consumista que sí se fomenta con la publicidad y las estrategias de  marketing.

Todo lo que resulta extraño y supone una cierta complejidad es dado de lado, no atendido debidamente en la educación, olvidado por los medios de comunicación masivos y dejados en segundo plano por los medios de difusión públicos. 

Por primera vez en la historia de Occidente, no se da relevancia al arte, elaboración compleja de pensamiento plasmado en objetos contemplativos, y se deja que principalmente se exponga al público una ingente cantidad de iconos de felicidad y conformismo, fomentando que la sociedad sea menos crítica y que la gente sea preferentemente consumista.

Tampoco es que el entretenimiento haya llevado al derrocamiento del arte, ya que se siguen realizando obras de arte y no es posible un final del arte.  El arte no ha tenido fin y no es posible el final del arte, porque siempre se puede generar nuevas formas de representar.   

Como señala el autor Cayetano Aranda Torres, el arte no conocerá final porque siempre será necesario litigar con la realidad de alguna manera, y una manera de tratar lo que nos rodea de forma soportable es por medio de las representaciones artísticas, el arte es terapéutico porque permite darnos una distancia frente a la dura realidad y hacer que ella sea tratable.
La cuestión es que la industria cultural se antepone y se presenta como la principal forma de expresión, ella ocupa un espacio preponderante que no deja lugar para el arte y las personas lo necesitan para vivir.  El arte es necesario para la sociedad, en tanto él nos permite trabajar nuestra sensibilidad y nos fomenta el pensamiento, en tanto en cuanto la complejidad de las obras exige un ejercicio de interpretación.  

Su menoscabo y reducción a entretenimiento simplista es una reducción que nos limita, no nos permite crear nuevas maneras de interpretar y ordenar las ideas, permitiendo que se generen nuevas maneras viables de configurar la sociedad.

Imaginación, transformadora de la sociedad




 
 
 
 
 
 
 
 
Marcuse señala en Eros y civilización que por medio de la imaginación se pueden superar: la razón instrumental, la reducción del pensamiento a cálculo, la cultura de masas limitada y la represión del placer que exige una moral puritana y laboral, que fomenta disciplina y rigor para todos los ámbitos de la vida.  

La imaginación permite idear nuevas formas de entender la realidad, facilita un gozo controlado y su actividad en la actividad creativa da gratificación.  Concluye Marcuse que se podría reordenar la sociedad planteándola desde otra manera (quizás producto de la propia imaginación), si se basa el trabajo en la facultad creativa y la producción se reduce a la subsistencia.

Se liberaría mucho tiempo libre si la producción se dejara a las máquinas, y si no se crearan bienes y servicios masivos para el consumismo más ciego; sino que se produciría meramente para satisfacer las necesidades reales.

Entonces quedaría tiempo suficiente como para que las personas puedan dedicarlo a una actividad realmente gratificante, basado en la imaginación y la creatividad, dando lugar a un tipo de trabajo artesanal de carácter lúdico-artístico.  

De esta manera, por medio de plantear la sociedad en otra ordenación y bajo otros principios, se podría construir una sociedad lúdico-artística, en la que se procuraría la gratificación.

Bibliografía:



-Adorno, Th. W.  (2004): Teoría estética.  Madrid: Akal. 


-Adorno, Th. W. & Horkheimer, M.  (2004): Dialéctica de la ilustración.  Madrid: Trotta.

-Aranda, C.  (2004): Introducción a la estética contemporánea.  Almería: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Almería.

 

-Aristóteles (2007): Poética
Buenos Aires: Editorial Gradifco.

 


-Ardeo Rubio, I. (2005): “Fundamentos de estética”,
 in: Revolución Neolítica, n. 5. 
 Donostia/San Sebastián: Ti.Ta. Editores asociados.

 

-Bayer, R. (2018): Historia de la estética.   
Barcelona: EFE. 

-Benjamin, W. (1989):  
La obra de arte en la época de la reproductibilidad técnica.   
Buenos Aires: Editorial Taurus.

 

-Corbalán, F.  (2012): La proporción áurea.  El lenguaje matemático de la belleza.  Villatuerta: RBA. 


-Eco, U.  (2018): Historia de la belleza.  Barcelona: Lumen.


-López, R. (2018): La obra de arte en siglo XXI.  Madrid: publicación independiente.

 

-Marcuse, H. (2002): Eros y civilización.  Barcelona: Editorial Ariel.


-San Martín, F. J.  (2019): Guía para el arte del siglo XXI.  Madrid: publicación independiente.




 

2020(e)ko uztailaren 17(a), ostirala

Cultura de masas y arte

  Cultura de masas y arte


Juan José Angulo de la Calle
Doctor en Filosofía

https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/e/ed/Alan_Moore_at_the_ICA_on_June_2nd_2009.jpg

  https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/e/ed/Alan_Moore_at_the_ICA_on_June_2nd_2009.jpg

 

Denuncias de críticos de arte


Hace algunos años, el novelista gráfico Alan Moore (autor de V de Vendetta y Watchmen) señaló que al público no hay que darle todo lo que quiere, sino lo que necesita. 

 

En  una entrevista reciente, el novelista gráfico Alan Moore (autor de V de Vendeta y Watchmen) señaló que el cine de superhéroes había arruinado la cultura.  Refiriéndose al mismo tipo de cine, Martin Scorsese señaló hace un año que es más una experiencia de parque de atracciones (por los efectos especiales) que de verdadero cine (tramas elaboradas y capacidad narrativa visual).

 

El cine comercial en general procura dar más importancia a los efectos especiales deslumbrantes que al propio argumento de las películas.  No deja de ser entretenimiento más que arte y, si siguen fines económicos, tampoco se le puede exigir tanto como al cine español (que recibe algunas subvenciones públicas).  

 

Pero como consumidores sí que debería de ser posible exigir unos mínimos (si no es arte, por lo menos que sea entretenimiento aceptable con tramas elaboradas y bien construidas -y no supongan malestar-). 

 

El youtuber Quetzal señala, en este punto, que este fenómeno está unido al fomento del consumismo fácil de la cultura de masas que procura la industria del entretenimiento.  Lo enlaza con la crítica de Adorno de que la mayoría de los productos de arte y culturales se han convertido principalmente en un producto de mercado y que no procura grandes aportaciones para la vida. 

 

Los productos culturales son un mero espectáculo que nos abruma con sus efectos visuales y nos hace pasivos, según Guy Debord.  La cultura de masas está más orientada al entretenimiento pasivo que a cuestiones estéticas o intelectivas: https://www.youtube.com/watch?v=nCTFGa8f8EA

 

Esta crítica se podría trasladar al arte en general, con artistas pobres que miran más por agradar (que realizan obras sin complejidad, intensidad o mensaje artístico elaborado); no procuran crear obras que tengan una repercusión real en el desarrollo artístico; son obras de artistas tales como Hirst, Koonz y Murakami: https://www.youtube.com/watch?v=OlG8_q3JLTI&t=8s

 

Avelina Lesper considera que el llamado "arte contemporáneo" es un fraude, dada la escasez de mensaje por sí mismo (que debería ser reflejado por la propia obra de arte y no requerir "explicaciones" o, más bien, relatos del artista).  No hay reflejo en las obras mismas de pensamiento y elaboración, no transmiten directamente y las obras acaban, así, "siendo" lo que los artistas dicen que es y que expresan: https://www.youtube.com/watch?v=RfHubArMMA8&t=284s.  

 

Mario Rodríguez Guerras, por su parte, denuncia que hay artistas que abusan de la confusión entre los límites del arte y lo no artístico.  Se aprovechan de la difusa definición de arte actual para presentar obras que no aportan nada al panorama artístico: https://esquimalenator.wordpress.com/2010/11/23/corrientes-del-arte-actual/

 

El doctor Juan Carlos Villagrán habla incluso de "hamparte", el supuesto "arte" que existe meramente por la gran campaña de promoción y publicidad de auténticas industrias (que funcionan casi como el "hampa", de ahí el término de "hamparte").  

 

Villagrán señala que hay todo un entramado comercial que trata de vender obras de arte solamente por el mero lucro y cuyo máximo fin es la venta cada vez más masiva o con el mayor beneficio; aunque sea por medio de presentar en galerías obras sencillas pero agradables a la vista y que resultan muy atractivas (pese a su escasa elaboración artística, complejidad, escasa composición y poca intensidad).  

 

Si bien el autor reconoce que es posible en la actualidad la producción artística y reconoce a autores actuales, denuncia que en el panorama de ferias, galerías y tratamiento por los medios de comunicación, hay mucho fomento del arte pobre pero espectacular: https://www.youtube.com/watch?v=XHtfmngQ7aA

Sin embargo, más allá de las etiquetas, calificaciones y críticas, todavía se puede hablar de producción artística.  Rafael López Borrego indica que más allá de términos como "hamparte", "no-arte", "arte contemporáneo fraudulento", hay todavía artistas cuya formación y dedicación les permite generar obras que transmiten un mensaje artístico: https://www.youtube.com/watch?v=Qp7VEcR3iUE&t=264s.

Este autor señala que en la actualidad se podría hablar, entre otras plasmaciones, de un comienzo de nuevo barroco, dado que bastantes obras presentan un grado de recargamiento y complejidad que les asemeja al estilo del arte del siglo XVII: https://www.youtube.com/watch?v=48KjEm_Zkt8&t=30s

 

Críticas contemporáneas


Walter Benjamin ya señaló que el hecho de que haya una gran difusión de las obras de arte (por medios de comunicación) hace que la experiencia ante él había hecho que dejase de ser especial, que perdiese su aura.  

 

Theodor Adorno, por su parte, señaló que en la cultura de masas, en el consumismo, se generan obras de arte más tendentes al mercado y la venta que al desarrollo artístico (dentro de sus propias reglas, las de cada corriente).  

 

Guy Debord indicó que nuestra sociedad se basa en el intercambio de unas mercancías, los espectáculos, que se consumen de forma pasiva (haciendo que las personas sean cada vez estén más abrumadas por productos deslumbrantes que se consumen sin actividad mental y hace que las personas sean menos críticas).  

 

Me arriesgaría a decir que ello fomenta que las personas tengan principalmente una mentalidad muy estancada (al no fomentarse la crítica ni la actividad reflexiva) y hace que las personas sean, en términos de Marcuse, unidimensionales (con un único criterio y que interpretan las cosas desde un único punto de vista, encasillando todo bajo un único criterio y sin ver los demás puntos de vista o "dimensiones" de la complejidad de las cosas).  

 

No es que las personas no puedan tener capacidad crítica, sino que se ven, en nuestra cultura de masas fundamentalmente audiovisual -de contemplación pasiva por vista y oído-, sin herramientas para realizarla de forma elaborada y bien construída.  

 

Sin una educación artística profunda, sin un fomento de la cultura exigente (no fácil y suave, como la cultura de masas y algunas obras sin contenido) y dejando la filosofía como optativa en segundo de bachiller (con las herramientas y métodos que facilitan la crítica bien construida), se deja a la sociedad a un estado de incapacidad para el entendimiento, la comprensión, el trabajo de la sensibilidad y el pensamiento, que el arte bien elaborado podría proporcionar.

 

Frente a los productos comerciales alienantes y de cultura de masas, Adorno considera que se debe reivindicar un arte que siga sus propias normas: el arte siempre ha procurado crear y con esta generación rompedora se logra alejarse del abotorgamiento.  

 

El arte que siga sus propias normas, el que procure generar algo nuevo, permite que se den nuevas maneras de entender la realidad, al crear nuevas formas de expresión, nuevas formas de entender la realidad que pueda hacer que el público sea crítico.

 

Adorno destacó la labor de artistas de vanguardia; entre ellos los músicos creativos Mahler, Webern, Shónberg y Berg.  Ellos no se dejaron llevar por los moldes simples de los productos de mercado, ni por buscar la venta masiva de entradas, y generaron nuevas formas de expresión en la música, pese a que pudieran generar extrañeza en el público y hacer que fuera menos receptivo.  Sin embargo, aportaron nuevas maneras de entender la música y nuevas formas de sensibilidad.

 

Gramsci, por su parte, defendió que se procurase una cultura popular porque, por medio de ella, se podría sustraer a las personas trabajadoras del influjo de la hegemonía y dominio de ideas de las clases dominantes (que disponen de los grandes medios de difusión), al procurar que la cultura no fuera algo que se recibe de fuera y de forma pasiva, sino que se construiría de forma activa y crítica.  

 

De esta forma, las personas trabajadoras no tendrían como únicas ideas las difundidas por la industria cultural y podrían disponer de una alternativa con la que la cultura no se reduciría a lo difundido masivamente y permitiría defenderse del influjo del bombardeo de los productos culturales, presentados como principales y casi únicos (y que no fomentan cuestionamientos, reflexiones y crítica, sino un consumo pasivo, abotargante y alienante).

 

En cualquier caso, las personas tendrían que poder sustraerse de alguna manera de un bombardeo publicitario y de difusión de unos productos que se consumen de forma pasiva.  

 

Se tendría que fomentar la actitud de que, por mucho que sean consumidos los productos de la cultura de masas, se tiene que tener una mente activa frente a ellos y que se tenga un distanciamiento suficiente como para poder hacer observaciones, reflexiones y, si es necesario, críticas.  

 

El que haya productos espectaculares u otros de arte pobre no debería ser impedimento para que las personas que lo contemplan o lo consumen puedan ser capaces para ser activo en la cultura y puedan responder a aquello que se le presentan.  Se debe fomentar ser activos y críticos frente a todo el bombardeo de los medios de difusión y a los efectos de los productos del espectáculo.



 El gran cambio del 

arte contemporáneo europeo



Ya desde la invención de las máquinas fotográficas, el papel de las obras de arte tuvo que ser totalmente modificado.  Además que desde el final del neoclasicismo, se agotaron la mayor parte de las posibilidades del clásico canon artístico basado en el orden, medida y proporción (la armonía), que podía ser expresado con el uso de proporciones matemáticas basadas en el uso del número phi y la sucesión de Fibonnacci (que permite la elaboración de fractales y otras figuras geométricas, que permiten ordenar los elementos y proporciones de los cuadros y esculturas de forma armoniosa).

 

El arte no tendría que ser totalmente figurativo o representativo, dado que el modelo clásico había sido agotado y que la fotografía reproduce la realidad mucho mejor.  

 

Se tendieron a varias corrientes para ahondar en otros motivos.  Tras el neoclasicismo, surgieron las corrientes iluminista (que trabajó el reflejo de la luz) y el impresionismo, que buscó expresar pinturas en las que la luz y el color fuesen los protagonistas (reflejando la primera impresión que se tiene de algún paisaje o figuras observadas, previa a la más conceptual).  

 

Como reacción al impresionismo, se rompió con él con el expresionismo, en el que los autores procuraron expresar de la forma más viva las emociones profundas humanas (aunque sea curvando o desestructurando las verdaderas formas de las cosas, de forma que puedan reflejar angustia y otras emociones). 

 

Más adelante, se desarrolló el cubismo, en el que los cuadros presentaban figuras con varios lados o caras de ella (de frente y de perfil), de forma que permitiese al espectador su reconstrucción mental en tres dimensiones.  

 

Por otro lado, se desarrolló el superrealismo o surrealismo, en el que se ahondó en el mundo más íntimo humano: el psicológico profundo y lo onírico (relacionado con los sueños).  

 

Y finalmente se rompió totalmente con el arte figurativo, por medio de la introducción del arte abstracto (cuyo principal defensor fue Kandinski, que buscaba que las obras expresasen la profundidad del espíritu humano, más allá de figuras materiales).

 

A partir de la abstracción en el arte, él se vuelve cada vez más conceptual y limita la capacidad de comprensión directa.  Debido a ello, el arte contemporáneo y el más actual se ha vuelto demasiado complejo como para que sea entendido por el gran público.  

 

Consecuencia de ello, la posibilidad de saber qué es arte y qué no lo es, se vuelve casi imposible y ello conduce a que pueda haber artistas cuyos fines sean más la venta y el mercado, que la aportación artística.  

 

Sin embargo, el que haya artistas que sean más orientados al marketing, la promoción y el puro mercado, no implica que no existan artistas que realicen obras elaboradas que tengan gran valor estético y que aporten obras elaboradas que tengan contenido artístico.  


Criterios de evaluación 

del arte actual europeo 


Las personas pueden hacer análisis de las obras de arte, así como respecto a los productos de la cultura de masas de la industria del entretenimiento.
 
Es posible hacer evaluaciones de las obras de arte por medio de criterios de evaluación accesibles y no especializados.
 
Aristóteles consideraba que las obras de arte son las plasmación de pensamiento elaborado, dado que requieren una creatividad y gran trabajo diferente de los meros productos útiles técnicos y los meramente decorativos. 
 
A partir de esta definición, se deducen, al menos, tres aspectos que identificarían a la obra de arte: la composición elaborada (puede que belleza), el seguimiento de unas reglas por las que se pueda expresar un mensaje pensado por el artista (de una corriente reconocible, de forma que sea entendible y comunicable) y la intención artística (un mensaje que ha querido procurar generar el artistas con su obra y que se expresa por la obra misma: que pueda ser reconocido directamente).  El cumplimiento de los tres implica el reconocimiento de una obra como artística.
 

Asimismo, esta definición de arte como pensamiento elaborado permite descubrir tres valores objetivos de la obra de arte, en función del grado de elaboración de la expresión de un pensamiento y unas ideas expresadas.
 
 
Hay tres valores objetivos para evaluar una obra de arte: la complejidad (su composición, estructura u ordenación articulada o con sentido de sus elementos); la coherencia del mensaje o de las ideas en función de su estructuración; y el grado de intensidad con el que se expresa la intención artística.  Por medio de estos valores, se puede valorar el grado de aportación artística de cada obra.


Bibliografía:


-Adorno, Th. W.  (2004): Teoría estética.  Madrid: Akal. 


-Adorno, Th. W. & Horkheimer, M.  (2004): Dialéctica de la ilustración.  Madrid: Trotta.

 

-Arana, J. R. (2005): Balada de la filosofía y de la ciencia.  Barakaldo: Ediciones de Librería San Antonio. 


-Aranda, C.  (2004): Introducción a la estética contemporánea.  Almería: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Almería.

 

-Aristóteles (2007): Poética
Buenos Aires: Editorial Gradifco.

 


-Ardeo Rubio, I. (2005): “Fundamentos de estética”,
 in: Revolución Neolítica, n. 5. 
 Donostia/San Sebastián: Ti.Ta. Editores asociados.

 

-Bayer, R. (2018): Historia de la estética.   
Barcelona: EFE. 

-Benjamin, W. (1989):  
La obra de arte en la época de la reproductibilidad técnica.   
Buenos Aires: Editorial Taurus.

 

-Corbalán, F.  (2012): La proporción áurea.  El lenguaje matemático de la belleza.  Villatuerta: RBA. 


-Eco, U.  (2018): Historia de la belleza.  Barcelona: Lumen.


-López, R. (2018): La obra de arte en siglo XXI.  Madrid: publicación independiente.

 

-Marcuse, H. (2002): Eros y civilización.  Barcelona: Editorial Ariel. 

 

-Marcuse, H. (2010): El hombre unidimensional.  Barcelona: Editorial Ariel.


-San Martín, F. J.  (2019): Guía para el arte del siglo XXI.  Madrid: publicación independiente.



2020(e)ko uztailaren 13(a), astelehena

Bitácora de la doctora Sklodowska

 Bitácora de la doctora Sklodowska

Juan José Angulo de la Calle

I







 Siglo XXII cuando dejé la Tierra.  Pese a la posesión de un reloj atómico y de un ordenador cuántico cuyos qubtis realizan cálculos extremadamente precisos, mi situación particular en la nave hace que desconfíe en cualquier medidor de tiempo.


Viajo en un cohete por el espacio.  La carga previa por medio de extractores fotosintéticos y el consecuente reciclado del sistema de fusión nuclear han sido lo suficiente eficientes como para que la energía para los virajes en el espacio sean suficientes y cumplan su cometido.


Vago por el espacio con los motores apagados, claro.  Al no haber necesidad, de momento, de ninguna necesidad de cambio en el rumbo, la inercia espacial permite que la nave siga su curso, sin haber impedimientos en el espacio "vacío" que resten velocidad.


No noto la inmensa velocidad, viajo a una velocidad cercana a la luz.  Mi masa se habrá expandido y mi tiempo se habrá "alargado", dilatándolo; pero, como señaló el filósofo Kant, nuestro entendimiento sobre el espacio y el tiempo es subjetivo y no noto nada.


En esta situación de inadecuación de la percepción espacio-temporal, me limito a recordar el mundo del que vengo y pienso en todo lo que habrá cambiado cuando llegue.  Tras el Cambio Climático, la humanidad tuvo que basar las relaciones internacionales en la cooperación global.  La economía se basó en el intercambio de conocimientos.  A mayor conocimiento científico, mayor tecnología y nuevas formas de generar energía y producción.


El ordenador me avisa de que llega el momento de realizar un viraje.  Lo prepara y me indica el momento exacto de dar la orden.  La máquina podría haberlo efectuado automáticamente con mayor precisión, dado que maneja una ingente cantidad de información variante; el procesamiento de los volubles e indeterminados qubtis, ni más ni menos...  

Sin embargo, el Proyecto Global fue tajante con que las operaciones las tenía que hacer un ser humano, quizás por una suerte de sentimiento de inferioridad o para que nos quedase algún atisbo de dignidad en una misión tan mediada por la tecnología...


Estoy a punto de volver a la Tierra; girando en la curvatura espacial que genera el sol, alcanzaré el "curso temporal normal"...  Para mí, ha pasado poco tiempo, pero en una velocidad cercana a la de la luz mi espacio y mi tiempo se habrán alterado.  Para la Tierra, habrán pasado décadas.


Espero que mis cálculos, junto a los del ordenador cuántico, hayan sido correctos y no colapse la nave.  Temblando procedo a dar la orden de viraje.


¡Alarma roja!  ¡Oh, no...!  Quiero ver a Marie... Quiero ver a mi gemela...


Ahí está...  Más envejecida que yo...



II


La anterior misión abrió camino.  El Consejo dio luz verde a los extremos experimentos que tendré que realizar en la prudente lejanía del espacio profundo.


Viajaré rumbo a Proxi Centauri, lugar en la que realizaré el trabajo con el que he soñado toda la vida.  Realizaré comprobaciones que solamente eran experimentos mentales hace siglo y medio.


A suficiente distancia de lejanía, procedo a los preparativos científicos.  Voy a la sala de pruebas y enciendo las máquinas, previamente ancladas a sus debidas posiciones.


Disparo electrones a través de una lámina con una doble rendija y que está paralela a una lámina plana, en la que se estrellarán las partículas.  El tamaño del cañón de electrones es suficientemente grande como para observar a simple vista los resultados.  Compruebo que los electrones actúan de forma diferente si hay un observador (luz y medición), y sin él.


Compruebo las aseveraciones de la teoría cuántica, observo cómo en la lámina en la que se realiza observaciones se dan patrones fijos y cómo, en la que no se hacen mediciones directas, los electrones quedan aplastados de forma casi aleatoria.


La materia se divide en paquetes discretos de energía: los cuantos.  A veces, funcionan como partículas (son como puntos); a veces, funcionan como ondas (como las del agua); y, a veces, realizan la función de onda y partícula a la vez.





Compruebo que, efectivamente, en esta realidad material tan indeterminada, cuando hay un observador, se colapsa la función de onda y los cuantos quedan como partículas con una posición concreta.


Para asegurarme del papel del observador, meto a un gato en una caja con una ampolla radiactiva, que se abre si un dispositivo capta un electrón como partícula.  Pueden darse dos casos: o bien el electrón cumple la función de partícula y el gato muere; o bien funciona como onda y el gato sigue vivo.


Le oigo maullar y expirar a intervalos demasiado próximos.  El gato maulla con regularidad a la vez que se le oye expirar muriendo, para después volver a maullar y expirar...





 Sin un observador que colapse la función de onda, el electrón que capta el dispositivo es a la vez onda y partícula.  Se activa y no se activa la ampolla radiactiva, el gas es expulsado y permanece, y él hace efecto y, a la vez, se dispersa...  El gato se haya en un limbo: vivo y muerto a la vez.

El ordenador cuántico me avisa de que los sensores captan anomalías en el espacio.  ¿Acaba de desdoblarse el universo?  El ordenador registra los datos y procede a hacer una comprobación de la captada remora.

Oigo al gato.  Está vivo.  Se acabó el limbo.  Está vivo.  Al menos, en nuestro universo...  Si realmente se ha dividido el espacio, puede que en otro universo el mismo gato se haye muerto...


III

 

Animada por el anterior experimento, decido investigar algún indicio que pudiera registrar alguna anomalía que indique que existe el otro universo desdoblado.


El ordenador indica que nuestra sonda electrónica ha captado una partícula que carece de las características del modelo standard: no pertenece a nuestro universo, o al menos tal como lo conocemos...


Debo variar el rumbo hasta un planeta, donde la sonda indica que ha procedido las ondas electromagnéticas de partículas extrañas a nuestro universo observable.


Está a miles de parsecs, pero nuestro motor se acerca a la velocidad de la luz.  Se ha cargado de energía solar por medio de nuestro sistema fotosintético y se ha reciclado la energía por el sistema de fusión nuclear.


Llegada al Polo del planeta, envío ondas electromagnéticas con la esperanza de que vuelvan y puede que acompañadas de partículas similares a la desconocida que registró la sonda.  Vuelven, pero acompañadas de otras diferentes... ¿He recibido una respuesta?  ¿Una señal extraterrestre?


El ordenador cuántico avisa de la proximidad de un objeto desconocido, que ha viajado a velocidad regular y con variaciones fugaces de rumbo.  


En el puente de mando contemplo atónita una reconstrucción molecular: un ser se ha teletransportado a nuestra nave.  El análisis del ordenador cuántico indica que se trata de una forma de vida basada en el silicio.  No puedo creer todo lo que está pasando.  Me quedo atónita y helada, sin saber si tengo que reaccionar o volcarme a un profundo escepticismo.






Oigo una voz en mi cabeza.


-Buenos días, doctora Sklodowska.


-¡¿Cómo puede hablar mi idioma?!- le grito desde mi cabeza, llena de terror.


- Me comunico con usted telepáticamente, usando el lenguaje universal de la mente, el mentalés...


-¿Como postulaba el filósofo Putnam...? -pensé con ansiedad y acelerada-.  Pero, ¿qué querrá...?  ¿Explorar... invadir... investigar... destruir?  ¡Espera, si lo he pensado, lo he dicho!


-Tranquila, -contestó inalterable el ente- vuestra insignificante tecnología y sus productos no nos interesan.  Vengo a hablaros del multiverso...  Existen innumerables universos distintos...  Cercano al vuestro está el nuestro.  Me he trasladado siguiendo el trazo de un lazo de supercuerda que atraviesa los tres universos brana a los que estamos conectados.

-¡La teoría de supercuerdas probada! -grité con ingenuidad y precipitación en mi fuero interno, mientras mi mente divabaga-  Los cuantos son entendidos como una dualidad de función: funcionan como partículas y ondas...  Las supercuerdas son la postulación de que esos "puntos" que son los cuantos, en realidad son filamentos alargados que vibran, dando lugar a ondas.  Pero... para eso se requieren diez dimensiones...




 -Las dimensiones extras -explicó el ser con total serenidad- están en los universos-membrana que están próximos entre sí...  Además de vuestras tres dimensiones del espacio y el tiempo, hay otras dimensiones en los universos próximos...  Pero hay otros tipos de universo...  Universos burbuja resultado de vuestro Big Bang, universos dentro de agujeros negros, universos holográficos...


-¡Otros mundos posibles, como pensaron los filósofos  Leibniz y Krikpe! - grité exaltada en el último arrebato de mis emociones encendidas y apresuradas-.


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