2014(e)ko maiatzaren 3(a), larunbata

2014(e)ko apirilaren 29(a), asteartea

La sociedad del espectáculo: el consumismo


La sociedad del espectáculo: el consumismo

Juan José Angulo de la Calle
 
https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/4/43/Guy_Debord%2C_painted_portrait.jpg
https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/4/43/Guy_Debord%2C_painted_portrait.jpg


Guy Debord definía la sociedad del espectáculo como el intercambio (económico) de espectáculos, ellos son una serie de mercancías que se consumen de forma pasiva. 


De alguna forma, alude al consumismo, en el que las personas adquieren productos que son utilizados de forma que el sujeto no tome parte activa en ella (películas que son vistas pasivamente, discos de música...).


Los espectáculos conducen a un modo de vida en el que las personas se acostumbran a permanecer pasivos, a ser meros espectadores que contemplan, se dejan llevar y no hacen nada. Ello lleva a la formación de personas acríticas, acostumbradas a contemplar pasivamente y a limitarse recibir información sin intervención, en lugar de reflexionar y cuestionar los datos (sensoriales o conceptuales) que son dados. 


Los medios de comunicación de masas, sin ninguna intencionalidad conspirativa pero con una terrible eficacia, fomentan esta tendencia y conducen a la formación de una sociedad acrítica, pasiva y conformista.  


Su objetivo es la consecución de audiencia o público para lograr que la publicidad sea recibida por el mayor número de personas logrando mayores ganancias, pero en esa búsqueda difunden una serie de espectáculos en un formato que pide una  gran atención y dificulta la reflexión.  


Al final, sin pretenderlo expresamente, apaciguan a la sociedad y, en parte, la abotargan.


Como dijo Umberto Eco:
"Una sociedad democrática se salvará solamente si hace del lenguaje de imágenes una provocación a la reflexión y no una invitación a la hipnosis."


-Debord, Guy 2005: La sociedad del espectáculo. Barcelona: Editorial Pre-textos.


 

2014(e)ko apirilaren 21(a), astelehena

El principio de muerte


El principio de muerte

Juan José Angulo de la Calle

El único conocimiento seguro es que vamos a morir. Éso es lo que pensó Heinrich, tras buscar un principio del conocimiento seguro y válido.

Las matemáticas y la lógica son demasiado abstractas y no pueden decir nada del mundo. Las ciencias están bajo una presunción de verdad, sus leyes han sido comprobadas en experimentos pero sólo las han corroborado en un determinado número de casos, no en todos (que sería imposible). Como mucho pueden decir las ciencias que hasta ahora no ha habido un experimento que haya refutado las leyes, que el método hipotético-deductivo es contrastable. Ello es mucho, pero no es seguro del todo.

Pensando ésto, Heinrich se preguntó por algún conocimiento más seguro y sólo encontró la consciencia de la muerte. Una vez llegado a este principio, pensó en sus consecuencias. Los animales morimos y los seres humanos somos los únicos entre ellos que sabemos que nos moriremos, luego ello nos hace ser más temerosos y más desgraciados, pero también puede hacernos más empáticos porque, conscientes de la brevedad de la vida, podemos ver su supuesto valor, apreciarla y a respetar, en lo posible, la de los demás. Por otro lado, el saber que un día moriremos nos puede hacer atesorar cada momento y vivirlo con intensidad sabiendo que nos quedan pocos y que las vivencias son un tesoro.

Además, saber que el ser humano es mortal lleva a las consecuencia de su carácter efímero, limitado. Un ser limitado tiene cierta fragilidad, puede dañarse del todo y, por tanto, puede dañarse algo. Ésto es el dolor, el informe sobre un fallo o alteración del que da cuenta el organismo. El ser humano tiene dolor y es consciente de que en toda su vida lo va a tener y sufre por ello. Es el ser más desgraciado entre los animales y el más digno de lástima. Saber ésto refuerza aún más la empatía y la comprensión, concluye Heinrich.

Llegados a estas conclusiones, Heinrich se propuso difundir su pensamiento para hacer que las personas ahondasen en el asombro de la maravilla de la vida. Sin embargo, nadie le escuchó de verdad. A ninguna persona le gustaba recordar el dolor y la muerte. Preferían evadirse pensando en otras cosas o centrarse en las dificultades o problemas de la vida. Muchos le llamaron “bicho raro” por aludir a algo demasiado lejano, demasiado ajeno, demasiado obvio o demasiado innecesario de relatar.

Rechazado por todas las personas, Heinrich se encerró en sí mismo, sin dejar entrar a nadie. La fortaleza perfecta no deja entrar el aire. El joven se consumió en su propio jugo y se volvió completamente loco, pero un loco con una amplia sonrisa.

2014(e)ko apirilaren 2(a), asteazkena

Segundo poema de Ilargi


Segundo poema de Ilargi


Tengo algo dentro
que me corroe:
es sufrimiento,
mi ser recorre.

Todo es absurdo,
la vida aterra.
No existe mundo,
sólo hay Tierra.

2014(e)ko martxoaren 29(a), larunbata

2014(e)ko martxoaren 22(a), larunbata

Poema de Ilargi1


Poema de Ilargi


Si estás en soledad
entonces llega el silencio,
nadie puede molestar,
y surgen los pensamientos.

¿Por qué luchar por la felicidad
si buscar la ausencia de dolor
tiene mucha más viabilidad
y sedas la vida con sopor?




La vida es solo tensión,
irracionalidad, locura,
impotencia, indefensión,
y presión que perdura.

Si no alcanzas lo que necesitas,
te hundes en la frustración.
Si consigues lo que precisas,
llega el tedio y la decepción.

Sentada en una esquina,
busco vegetar y marchitarme.
Pudrirme es una buena esquiva:
que estoy viva me permite olvidarme.

2014(e)ko martxoaren 20(a), osteguna

Hetero-normatividad y patriarcado



Hetero-normatividad y patriarcado

Juan José Angulo de la Calle

Dentro de nuestra sociedad hay una serie de normas no escritas que procuran “normalizar” la vida sexual de las personas. Dentro de esta normatividad impuesta de manera sutil y subconsciente, se dejan fuera, entre otras realidades, las orientaciones sexuales distintas a la heterosexualidad. No hay más que ver que las parejas homosexuales no expresan en público muestras de afecto tan normales como ir de la mano o besarse por miedo al rechazo social. Dentro de los términos que forman parte de las conversaciones de la gente, se usan los términos como “marica” o “nenaza” para referirse a los homosexuales masculinos. Hay un claro machismo en estas palabras llenas de connotaciones negativas: se considera que un varón que se pueda parecer en algo a las mujeres es un ser degradado. Seguramente, se aplican términos igual de negativos respecto a la homosexualidad femenina por el hecho de que las mujeres homosexuales no dan placer a ningún hombre, porque no sirven a un hombre y eso es considerado una disfunción.

La sexualidad que se promueve en nuestra sociedad tiene cierto liberalismo en el cual se permite que los varones usen o consuman a las mujeres como objetos para obtener placer. Se impulsa estas ideas subliminales a través de las imágenes de la publicidad, la televisión, el cine y otros medios sin ninguna estrategia consciente o conspirativa, pero con una eficacia terrible y beneficiosa para el sistema patriarcal. Sus resultados se pueden ver en cómo es vista la sexualidad activa en hombres y mujeres: un varón que consigue copular con muchas mujeres es considerado y tratado como un campeón, y, en cambio, a una mujer que hace lo mismo respecto a los hombres es tratada como un ser sucio y llamada: “guarra”.

Esta “permisividad” es bien vista por la sociedad siempre en cuando las personas tiendan a un modelo de pareja patriarcal y es a lo que tienden las personas de forma acrítica. Las personas acaban conviviendo en pareja de forma asimétrica, en una coexistencia en la que subconscientemente se asume que, aunque trabaje fuera de casa, la mujer debe ocuparse de la mayor parte (sino todas) de las tareas del hogar y el cuidado de los hijos. De esta manera, la sexualidad liberal que en principio es presentada como lo normal, conduce a un modelo de pareja que reduce la sexualidad a la genitalidad y la reproducción dentro de unas relaciones patriarcales.

Según Marcuse, la reducción de la sexualidad a unos límites pequeños es una forma de represión que facilita la creación de una disciplina de trabajo férrea y acrítica. Las personas que exploran su sexualidad y la pretenden vivir libremente, al embarcarse a la búsqueda de la satisfacción en la vida, tienden a buscarlo en todos los ámbitos de ella (mejoras en condiciones laborales, políticas o sociales) y pueden tender a la búsqueda de cambios sociales. Para él, la restricción y reducción de la sexualidad a unos parámetros mínimos es una forma de control social.

La sexualidad no es sólo reproducción, no es sólo penetración, no es sólo genitalidad, no tiene por qué ser forzosamente heterosexual y no es utilización de los demás como objetos de consumo. También puede ser buscar el placer en zonas erógenas no exploradas, compartir y cooperar de forma simétrica sin restricciones culturales ni normas impuestas.

2014(e)ko martxoaren 17(a), astelehena

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