2021(e)ko apirilaren 26(a), astelehena

La emoción por medio del arte

 La emoción por medio del arte

 

 

Juan José Angulo de la Calle

  

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Schiller consideró que había una separación entre racionalidad y sensualidad. Existía esta separación en el tratamiento del conocimiento europeo. El conocimiento es racional, riguroso, objetivo, general y exhaustivo; y la experiencia sensual, por contra, era entendida como subjetiva, particular e inasible.


La emoción es parte de la vida de las personas, y, puesto que tiene que tratarse de alguna forma, es mejor que sea trabajada bajo el control de la razón por medio del arte y los juicios estéticos, en los que pueden reflejarse las emociones con distancia y orden.


Schiller, siguiendo a Kant, indica que la imaginación puede modular la humanidad por ser una facultad central de la mente y por ser la belleza una condición necesaria de la humanidad. Schiller entiende que en la civilización hay dos conceptos divididos y separados, la sensualidad (“impulso sensual” o “impulso sensible”, activo) y la razón (“impulso de forma” o “impulso formal”,

pasivo y receptivo).


La imaginación es la capacidad de generar y plasmar una imagen concreta. Es el ámbito en el que puede reflejarse la sensibilidad particular porque hace uso de imágenes articuladas de una manera determinada y concreta, reflejando una emotividad y subjetividad articulada de una forma (y no de otras).

 

Su reconciliación por medio de la estética traerá la liberación política y del ser humano, porque la belleza traerá la libertad: permitirá la conciliación de la razón y la emoción, dará un ámbito de creatividad y de posibilidades: de elecciones libres. 

 

La estética hará sensual a la racionalidad y racional a la sensualidad, permitiendo a las personas capacidades que les liberen del constreñimiento de la necesidad y de las leyes impuestas. Lo conseguirá al dar a entender que el estado de cosas presentes no está determinado, sino que se puede actuar en él. 

 

Cuando la realidad pierde su “seriedad”, deja de ser necesidad para la observación: se une lo posible (una imagen concreta) con lo necesario (los símbolos y conceptos formales presentes en las obras de arte) en los juegos de la imaginación (en los que se hayan presentes ambos aspectos en las obras de arte o en los juicios estéticos).

 

En lo bello se da una forma viva. En ella hay una cierta idea formal (el concepto de belleza o unos cánones determinados) en una imagen concreta, la del objeto que suscita el juicio de lo bello, que otorga una sensación y una experiencia. 

 

La idea formal o pura “forma” que busca el entendimiento es mera abstracción. El entendimiento se basa en abstacciones porque busca entender las causas generales de todo. 

 

La idea formal, entonces, es una generalización de la realidad que permite conocerla,pero no sentirla y la experiencia o “vida” que busca la sensibilidad es una impresión sin forma. Solamente en el juego estético (el juicio de la belleza) se aúnan ambas inquietudes humanas.

 

 

Bibliografía:

 

-Kant, I. (1984): Crítica del juicio.

Traducción: Manuel García Morente.

Madrid: Espasa-Calpe.


-Schiller, J. C. F. (1969):  

Cartas sobre la educación estética del hombre.

Traducción: Vicente Romano García. Madrid: Aguilar.

2021(e)ko apirilaren 5(a), astelehena

La insociable sociabilidad en Kant

 

La insociable sociabilidad en Kant


Juan José Angulo de la Calle
 
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Kant consideraba que el ser humano tiene a la vez una tendencia a procurar vivir con los demás (para lograr los distintos recursos de los diferentes oficios, conseguir protección y para tener compañía y "calor humano"); pero señalaba que cuando vive en sociedad acaba en unas relaciones de conflicto y lucha de intereses, dado que los recursos son de acceso limitado y hay que competir con ellos.
 
La primera característica humana es la sociabilidad, la tendencia a buscar vivir con otros para sobrevivir y vivir de forma humana; y la segunda es la insociabilidad, es el enfrentamiento, la lucha por conseguir los mismos recursos, la competitividad y el conflicto de intereses.  El ser humano necesita y quiere vivir con otras personas, pero es consciente de que, debido a la competitividad, tiene que estar en tensión con otros porque se buscan los mismos objetivos y recibirá resistencias.
 
 
    "El medio de que se la Naturaleza para lograr el desarrollo de todas las disposiciones es el ANTAGONISMO de las mismas en sociedad, en la medida en que ese antagonismo se convierte a la postre en la causa de un orden legal de aquellas.  Entiendo en este caso por antagonismo la insociable sociabilidad de los hombres, es decir, su inclinación a formar sociedad que, sin embargo, va unida a una resistencia constante que amenaza perpetuamente con disolverla.  Esta disposición reside, a las claras, en la naturaleza del hombre.  El hombre tiene una inclinacion a entrar en sociedad; porque tal estado se siente más como hombre, es decir, que siente el desarrollo de sus disposiciones naturales.  Pero también tiene una gran tendencia a aislarse; porque tropieza en sí mismo con la cualidad insocial que le lleva a querer disponer de todo según le place y espera, naturalmente, encontrar resistencia por todas partes, por lo mismo que sabe hallarse propenso a prestársela a los demás." (1997, Kant, 46).
 
Según Kant, dicha insociabilidad es  positiva  porque cuando las personas se esfuerzan para conseguir cubrir sus necesidades y compiten con otras dan lo mejor de sí mismos, se esfuerzan y desarrollan mucho la técnica, el saber, la cultura y la Ilustración.  Como si refiriera la mano invisible de Adam Smith, Kant da cuenta que el egoísmo y la búsqueda de cubrir los intereses conduce al beneficio de la sociedad, en tanto que las personas se esfuerzan más para lograr sus objetivos, dan mayores y mejores contribuciones en su trabajo y generan más riqueza. [Habría que ver en qué medida no contribuirían más si actuara con otras personas en equipo, no grupo de individuos enfrentados, y produjese como tanto en conjunto como las cooperativas].
 
 
 "[...] Pero esta resistencia es la que despierta todas las fuerzas del hombre y le lleva a enderezar su inclinación a la pereza y, movido por el ansia de honores, poder o bienes, trata de lograr una posición entre sus congéneres, que no puede soportar pero de los que tampoco puede prescindir.  Y así transcurren los primeros pasos serios de la rudeza a la cultura, que consiste propiamente en el valor social del hombre; los talentos van desarrollándose poco a poco, se forma el gusto y, mediante una continuada ilustración, conviértese el comienzo en fundación de una manera de pensar que, a la larga, puede cambiar la ruda disposición natural para la diferenciación moral en principios prácticos determinados y, de este modo, también la coincidencia a formar sociedad, patológicamente provocada, en un todo moral.
 
     Sin aquellas características, tan poco amables, de la insociabilidad, de las que surge la resistencia que cada cual tiene que encontrar necesariamente por motivo de sus pretensiones egoístas, todos los talentos quedarían por siempre adormecidos en su germen en una arcádica vida de pastores, en la que reinaría un acuerdo perfecto y una satisfacción y una versatilidad también perfectos, y los hombres, tan buenos como los borregos enocomendados a su cuidado, apenas si procurarían a esta existencia suya un valor mayor del que tiene este animal doméstico; no llenarían el vacío de la creación en lo que se refiere a su destino como seres de razón." (1997, 46-48)
 
Finalmente, las tensiones entre las personas tienen que finalizar de alguna manera y, lógicamente que no cronológicamente, se tiene que construir al final una sociedad con un cuerpo jurídico, que dé garantías, seguridad y orden.  Como si siguiera el planteamiento de Hobbes, Kant señala que las personas terminan cediendo poder a cambio de un orden único fuerte, incluso sometiéndose a un poder al que se delega y cede poder a cambio de orden social. 
 
    "El problema mayor del género humano, a cuya solución la constriñe la Naturaleza, consiste en llegar a una SOCIEDAD CIVIL que administre el derecho en general.  Como sólo en sociedad, y en una sociedad que compagine la máxima libertad, es decir, el antagonismo absoluto de sus miembros, con la más exacta determinación y seguridad de los límites de la misma, para que sea compatible con la libertad de cada cual, como sólo en ella se puede lograr el empeño que la Naturaleza tiene puesto en la humanidad, a saber, el desarrollo de todas sus disposiciones, quiere también la Naturaleza que sea el hombre mismo quien se procure el logro de este fin suyo, como el de todos los fines de su destino; por esta razón, una sociedad en que se encuentre unida la máxima libertad bajo leyes exteriores con el poder irresistible, es decir, una constitución civil perfectamente justa [...] La necesidad es la que fuerza al hombre, tan aficionado, por lo demás, a la desembarazada libertad, a entrar en este estado de coerción; necesidad la mayor de todas, a saber, la que los hombres se infligen entre sí, ya que no pueden convivir ni un momento en medio de su salvaje libertad.  Sólo dentro del coto cerrado que es la asociación civil, esas mismas inclinaciones producen el mejor resultado [...]" (1997,48- 50)
 
 
Para que haya sociedad, tiene que haber delegación en un poder que ponga orden y dé garantías jurídicas (como defendía, más bien, Locke); aunque Kant consideraba que dicha delegación era más bien sometimiento a un amo y poder soberano.
 
"[...] La dificultad que la mera idea de la tarea nos patentiza es la siguiente: el hombre es un animal que, cuando vive entre sus congéneres, necesita de un señor. [...] Necesita un señor, que le quebrante su propia voluntad y le obligue a obedecer a una voluntad valedera para todos, para que cada cual pueda ser libre.  Pero ¿de dónde escoge este señor?  De la especie humana, claro está.  Pero este señor es también un animal que necesita, a su vez, un señor.  Ya puede, pues proceder como quiera, no hay manera de imaginar cómo se puede procurar un jefe de la justicia pública que sea, a su vez, justo; ya sea que lo busque en una persona, o en una sociedad de personas escogidas al efecto.  Porque cada una abusará de su libertad si a nadie tiene por encima que ejerza poder con arreglo a las leyes.  El jefe supremo tiene que ser justo por sí mismo y, no obstante, un hombre. [...]  Que será también lo último en ser puesto en obra se deduce asimismo del hecho de que los conceptos correctos acerca de la naturaleza de una constitución posible exigen una experiencia muy grande, entrenada por la historia, y, sobre todo, una buena voluntad dispuesta a aceptarla; y estos tres factores podrán coincidir muy difícilmente y, si ello sucede, muy tarde, luego de muchos intentos." (1997, 50-51)
 
Las tensiones entre personas no desaparecen, cobran otra forma, en forma de competitividad social, conflictos y tensiones; no es posible o no hay voluntad para que la coexistencia entre personas pueda establecerse sin presiones sociales, hostilidades de algún tipo y enfrentamientos en otro orden.  Sin embargo, Kant señala que en la sociedad se da un Contrato Social, en el que supuestamente se mitiga en parte la insociabilidad y se dan ciertas libertades (como la posibilidad de la crítica pública, pero que Kant limita al sometimiento a un despotismo ilustrado en el que tiene que prevalecer la norma: piensa lo que quieras, pero obedece). 
 
El orden social prevalece y se establece (o, más bien, se mantiene) una sociedad organizada; pero dicho orden no se da entre los Estados.  Entre ellos no hay un poder por encima de ellos que imponga un orden único, dé garantías de cumplimiento de los compromisos y haga valer un derecho internacional por medio de sanciones.  Dicha lucha entre países puede ser motor de la historia, dado que hace que haya guerras, se repartan las tierras generando imperios más ricos, avanzados, civilizados e ilustrados.
 
    "El problema de la institución de una constitución civil perfecta depende, a su vez, del problema de una legal RELACIÓN EXTERIOR ENTRE LOS ESTADOS, y no puede ser resuelto sin éste último.  [...] La misma insociaciabilidad que obligó a los hombres a entrar en esta comunidad, es causada, nuevamente, de que cdad comunidad, en las relaciones exteriores, esto es, como Estado en relación con otros Estados, se encuentre en una desembarazada libertad y, por consiguiente, cada uno de ellos tiene que esperar de los otros ese mismo mal que impulsó y obligó a los individuos a entrar en una situación civil legal.  La Naturaleza ha utilizado de nuevo la incompatibilidad de los hombres, y de las grandes sociedades y cuerpos estatales que forman estas criaturas, como un medio para encontrar en su inevitable antagonismo un estado de tranquilidad y seguridad; es decir, que, a través de la guerra, del rearme incesante, de la necesidad que, en consecuencia, tiene que padecer en su interior cada Estado aun durante la paz, la Naturaleza los empuja, primero a ensayos imperfectos, por último, y después de muchas devastaciones, naufragios y hasta agotamiento completo de sus energías, al intento que la razón les pudo haber inspirado sin necesidad de tantas y tan tristes experiencias, a saber: a escapar del estado sin ley de los salvajes y entrar en la unión de naciones [...]
 
[...] En la actualidad los Estados se hallan entre sí en una tan delicada relación, que ninguno puede perder su cultura interior sin padecer en seguida en poder e influencia sobre los demás; por lo tanto, las ambiciones de gloria de los Estados se bastan para asegurar, si no el progreso, por lo menos el mantenimiento de este fin de la Naturaleza. [...]  Si se le impide que busque su bienestar en la forma, compatible con la libertad de los demás, que bien le parezca, se amortigua la vivacidad de todo el tráfico y, con ello, también las fuerzas del todo.  Por esta razón van derogándose las limitaciones al hacer y omitir los personales, y se concede la plena libertad de religión; y así surge, gradualmente, interrumpida por delirios y fantasmas, la ilustración, como un gran bien que la humanidad ha de preferir a los egoístas deseos de expansión de sus imperantes, con solo que comprenda su propio beneficio." (1997, 52-59) 
 
 
Sin embargo, el desorden que da la guerra tiene consecuencias negativas, porque ella es destructiva y genera incertidumbres.  Así que, en el desarrollo de la historia, acabará estableciéndose poco a poco un entendimiento entre los países, acuerdos y compromisos internacionales, y una formación de un mundo cada vez más cosmopolita.  
 
"[...] Por último, la misma guerra, no sólo resultará poco a poco una empresa artificiosa, de inseguro desenlace para ambos contrincantes, sino también muy de sopesar por los dolores que luege siente el Estado con su deuda pública en incremento constante - una nueva invención - y con una amortización que se pierde de vista; añádese a esto la influencia que toda conmoción de un Estado, gracias a la tupida red que sobre ésta parte del mundo en que vivimos extienden las industrias, ejerce sobre los demás, y de una manera tan sensible, que éstos, sin ninguna referencia legal en qué apoyarse, se ofrecen como árbitros, preparándose así desde lejos para un futuro gran cuerpo político del que el mundo no ofrece ejemplo.  Y aunque este cuerpo político se halla todavía en estado de burdo proyecto, sin embargo, ya empieza a despertarse un sentimiento en los miembros, interesados en la conservación del todo; lo que nos da esperanza de que, después de muchas revoluciones transformadoras, será a la postre una realidad ese fin supremo de la Naturalez, un estado de ciudadanía mundial o cosmopolita, seno donde pueden desarrollarse todas las disposiciones de la especie humana." (1997, 60-61)
 
En el final de su vida, Kant señala que el mundo acabará estableciendo una paz perpetua porque las guerras son malas para la economía.  Se tendrá que formar un Estado mundial para que haya mecanismos de poder efectivos que castiguen el incumplimiento del orden mundial, den sanciones y establezcan unas garantías jurídicas a las que se pueda apelar y que sean efectivas.  Dicho Estado mundial sería una República (Estado basado en la res publica) con separación de poderes, aunque los podría ostentar un rey [pero que en su manera de actuar ejerciera cada poder de manera diferente y por diferentes protocolos de actuación, claro].
 

Bibliografía y webgrafía:

 

- Canal Adictos a la filosofía: 

"TODO sobre la PAZ PERPETUA de KANT en 7+2 puntos (ft. Date un Vlog)" [subido el 9 de octubre de 2019]: https://www.youtube.com/watch?v=MytJHVWQxOk

 

- Canal de Jorge Moguel (editor del fragmento de vídeo de la serie Merlí. Sapere Aude del Estudio Divisa Red):

"Carpeta Verde o Roja - Presión Ambiental" [subido el 8 de mayo de 2020]: https://www.youtube.com/watch?v=G_P2GwuAtbE

 

-Kant, I.  1997: Filosofía de la historia.  Madrid: Fondo de Cultura Económica.

 

-Kant, I. 2016: La paz perpetua.  Madrid: Alianza Editorial.


2021(e)ko martxoaren 30(a), asteartea

Tragedia griega: tensión, catarsis y delirio dionisíaco


 
 
 

 Reflexiones clásicas acerca de la tragedia

   

Juan José Angulo de la Calle

 

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La vida es una tragedia. La vida es dolor: si no consigue lo que se necesita se padece y se da frustración; y, si se logra, solamente se nota ausencia de malestar y una consecuente decepción. La condición humana conlleva el sufrimiento porque el ser humano es el animal con menos defensas naturales y es el más vulnerable; y porque es el ser que es más consciente de sus límites, peligros, ansiedades, angustias, incertidumbres y miedos.


Por todo ello, La vida humana es una tragedia.  Lo normal es que el ser humano se sienta perdido, arrojado al mundo, angustiado por sus inseguridades, lleno de incertidumbres por sus limitaciones y con miedo al constante peligro.  

 

La vida es una tragedia.  Pero la tragedia es bella de forma terrible y puede ser sublime (Eugenio Trías consideraba que la representación de la belleza en Europa ha necesitado dotar de un aspecto siniestro para dar intensidad a las obras de arte, y para dar dinamismo a la armonía de la pura belleza formal).


Según la Poética de Aristóteles, en una tragedia existe un personaje virtuoso (de forma que dé pena su dolor), pero responsable de un acto excesivo (cuyo resultado es la maldición que le conducirá a un dolor). En la experiencia de la contemplación de la tragedia se genera tensión en el espectador a través del climax de la trama dramática y, en su culmen, sucede un alivio que resulta gratificante: una catarsis psicológica. Es una purga de los tormentos internos, un desahogo del dolor interno, una descarga.

 

La música era entendida como cierto modo de saber: las musas inspiraban en los artistas las canciones que narraban los hechos y valores de unos personajes que eran considerados históricos o representativos. En ella aparecían los héroes que eran modelo de conducta; por medio de ella, se educaba moralmente a las personas. 

 

Por ello, Platón quiso restringir los excesos inmorales de las narraciones de los poetas y Aristóteles presentó un tratamiento de la música en la educación de los ciudadanos (de forma que pudieran formarse personas virtuosas y participantes del bien común).

 




  Tragedias significativas y reflexiones principales

 

El prototipo de ellas pudiera ser el personaje de Orestes, que se veía en la tesitura de que tenía que vengar a su padre matando a su madre. Estaba en una situación límite, en una situación trágica: hiciese lo que hiciese se vería condenado. 

 

Si no lo hacía, las Furias de las normas antiguas le atormentarían por no dar cumplida venganza a su padre; pero si lo hacía, las Furias también le perseguirían por cometer la atrocidad de matar a su madre.

 


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La tragedia de Orestes, a su vez, representa mucho la tragedia clásica porque muestra toda la carga fatalista, situaciones límites e irresolubles de ellas; una historia trágica que solamente puede resolverse con la brutalidad final trágica, en forma del desgarramiento de las Furias en su proceso para convertirse en Euménides.  

 

Orestes se vio en una situación irresoluble, trágica. Según su moral, debía vengar a su padre matando a su asesina: su madre. Si no vengaba a su padre, le atormentarían las Furias; pero si lo hacía, las Furias le atormentarían por ser vil matricidio. 

 

Sufrió horrores hasta Atenas. Allí los atenienses votaron en favor de perdonar a Orestes y la Furias, frustradas, sufrieron el desgarro interno por no ver cumplida la venganza que las nutre y sufren brutalmente hasta convertirse en Euménides, diosas protectoras de las nuevas leyes.

 

El conjunto de las obras teatrales trágicas era el arte musical dramático. Él daba cuenta de la visión pesimista de la Grecia arcaica acerca de la realidad: ella daba a entender que la vida de por sí conlleva siempre desgracia (los mortales son seres limitados condenados al sufrimiento, la vejez y la muerte dolorosa). 

 

También indican que los conflictos entre las personas principalmente conducen a desencadenar actos terribles (vengativos o arrogantes); cuyas consecuencias siempre se les escaparían de las manos a los mortales, por muy poderosos que fueran, quedando en manos de un destino tan imprevisible como irracional. 

 

Según la Grecia arcaica, los mortales son seres deficientes que no tienen poder suficiente como para eludir la fatalidad de una vida llena de conflictos, enfrentamientos, sufrimientos, enfermedades y muertes inevitables. Los poemas trágicos daban cuenta de esta visión dramática de la realidad; este arte volvería en el romanticismo, como ópera.

 

Los antiguos griegos creían que las tragedias eran terapéuticas, dado que alejan temporalmente de pensar en los problemas.  

 

Aristóteles consideraba que se podrucía una catarsis en la tragedia, una descarga: los espectadores se compadecen de un héroe bueno, pero que cometió un grave error, se identifican con su dolor, sienten pena por él y cierto temor. 

 

Se descarga todo el incremento de la tensión generada por el drama y el climax trágico cuando finalmente el héroe comete un acto brutal final en el que se termina todo su sufrimiento con su muerte o un acto violento definitivo; por el cual, los espectadores sienten alivio, se descarga su tensión y se da una catarsis del sufrimiento derivado de la compasión sentida.  Se descarga la tensión en una catarsis que nos purga por dentro.

 

Por otro lado, la tragedia es bella, aunque sea bella de una manera siniestra. Eugenio Trías había defendido que en las representaciones bellas europeas ha tenido que haber un elemento extremo o siniestro, aunque sea velado, porque es la manera en la que las formas armoniosas dejan de ser puras formalidades ideales o matemáticas y tomaban cierta necesaria intensidad (imprescindible para que despierte un poco la sensibilidad).  

 

La tragedia griega auna el orden de la trama, la belleza de las historias dramáticas y lo siniestro del sufrimiento humano, unido a su reparadadora catarsis.

 

Esta noción de lo siniestro tiene cierta similitud con lo sublime: el juicio estético acerca de lo que es inmenso, magnífico e inmenso. Lo sublime no es la belleza porque ella da gozo por su forma agradable a la contemplación y, en cambio, al emitir al juicio de sublimidad se suele expresar aquello que es más impresionante, lo que está bajo el umbral o bajo el límite de nuestras consideraciones concebibles, sublimis etimológicamente: lo que es demasiado grande, lo que es excelso, eminente o extraordinario.  

 

Lo sublime es aquello que, al contemplarlo, nos abruma y nos hace sentir pasmo, pero que, por su magnificencia y esplendor, nos resulta soportable y gozoso de alguna manera, siempre que haya una distancia que permita sentirnos seguros frente a lo que es extremo.

 

 

El origen de la tragedia según Nietzsche  

 

Nietzsche en su El origen de la tragedia recuperó a tiempo esta rica tradición recordando que la cultura europea no era meramente apolínea, buscadora de la bella apariencia (representada por el canon griego); sino que también el arte tenía una faceta dionisíaca: también había influencia de la tragedia griega. 

 

No solamente había búsqueda de la armonía (clásica, renacentista o clasicista), sino que también en la cultura europea se ha procurado expresar el desencadenamiento de las pasiones extremas que se hallan en el delirio, en la ebriedad, en las festividades rurales arcaicas de la fertilidad. 


En ellas, se representaban ritualmente el despedazamiento de Dionisos como promesa de nueva vida (al ser introducido sus pedazos en la Madre Tierra y la posibilidad que abrió a una nueva fecundación y renovación del dios). Cuando la sociedad griega pasó de ser rural a urbana, las expresiones cultuales a Dionisos se convirtieron en representaciones del teatro trágico. Nuestra cultura heredó la tradición trágica en la que se cantaba poemas terribles y quedó como la moderna ópera.

 

Escribía Nietzsche que los griegos antes aprendían a bailar que a andar, y que antes aprendían a cantar que a hablar. De la música en la que transmitían sus poemas acerca de sus leyendas épicas y mitos, solamente nos han llegado la letra. 

 

Dionisios era el dios de la locura, el vino, la música ditirámbica y la tragedia. La interpretación dionisíaca hace que se quiera sentir la vida desde la mayor intensidad posible por medio de la locura y el delirio: el trance en el que se entra por la danza, la música en ritmo ascendente y la descarga de la catarsis.

 

Según Nietzsche, la interpretación dionisíaca del mundo es la aceptación de todos los aspectos de la vida, asumir que se debe aceptar tanto el placer como el dolor para que aceptar la vida en su totalidad y no vivir anestesiado, intentando no sentir nada.  Aceptar la vida trágicamente permite tolerar la desesperación.  

 

Consideraciones:

 

La vida es una tragedia porque se compone de penalidades, angustia, ansiedad, sufrimiento y miles formas de dolor. Los seres sintientes tenemos que sufrir porque tenemos una sensibilidad que nos hace susceptibles de sentir las alteraciones externas e internas, que tienen que venir por el enfrentamiento con otros derivados de los conflictos de intereses y por el efecto del deterioro del paso del tiempo. 



La vida es siempre sufrimiento porque los seres humanos somos limitados y nos tienen que afectar las cosas, y entonces hay fatalidades (dolor, muerte..) que deben superarnos. Asumir que el dolor es necesario, no hay remedio.

 

La vida es sufrimiento, debemos sufrir porque somos limitados y nos tienen que afectar todas las fatalidades (dolor, angustia, enfermedades, vejez...) que nos ocurren y que nos dañan. 

 

La vida es una tragedia, pero puede que como tal nos pueda conmover si la vemos como una historia, dramática y quizás hermosa en tanto humana, y nos resulte sublime (algo inmenso que nos sobrecoge, pero gozoso de forma ambigua, tras verla como una historia a contemplar).


 

Bibliografía: 

  

 

-Agudo Villanueva, M. (2021): Mitología clásica.  Córdoba: Almuzara.

 

-Aristóteles 2000: Política.  Madrid: Editorial Espasa Calpe.

 

-Aristóteles 2007: Poética. Buenos Aires: Editorial Gradifco.

 

-Esquilo, Sófocles et Eurípides (2012): Obras completas. Madrid: Cátedra.

 

-Graves, R. (1999): Dioses y héroes de la antigua Grecia.  

Madrid: Unidad Editorial.

 

-Graves, R. (2012): Los mitos griegos. Barcelona: Ariel.

 

-Havelock, E. A. 2002: Prefacio a Platón. Madrid: Antonio Machado Libros.

 

-Nietzsche, F. (2002): El origen de la tragedia.  Madrid: Alianza Editorial.  

 

-Platón 1994:  La República o el Estado.

  Madrid: Akal.

  
 

2021(e)ko martxoaren 28(a), igandea

Existencialismos: Sartre, Camus, Kundera

 

Existencialimos: 

Sartre, Camus, Kundera

 

 

Juan José Angulo de la Calle

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Según Sartre, como estamos condenados a la libertad, a cada momento podemos actuar de manera distinta a como habíamos actuado antes: a cada momento podemos ser una persona distinta.  

 

Siempre en potencia, nunca llegamos a una manera de ser, pese a tender a ello con nuestros proyectos y eso nos deja en un vacío inquietante que nos angustia.

 

Así, somos una pasión inútil, actuamos y queremos ser de una manera, y nunca llegamos a ser nada fijo. Por tanto, somos nada: nunca tenemos una manera de ser determinada como los demás seres (con sus instintos, composiciones químicas y demás formas de ser ya fijadas). 


Somos contingentes, efímeros, nuestra manera de ser es volátil.  Podríamos buenamente no existir sin que importe. La vida no tiene objeto: todos nuestros proyectos no conducen a hacernos ser del todo, como pretendemos. 

 

La vida, así, es absurda y saber eso puede hacer que nos revuelvan las tripas, conduciéndonos a la náusea. 

 

Toda vida es innecesaria, toda es inútil. Nuestro vida carece de relevancia, no tiene peso en el mundo. Así, surge lo que Kundera llama la insoportable levedad del ser: sentir que la vida carece de peso, interpretar que la existencia no tiene importancia.  

 

En la novela La insoportable levedad del ser, tras la entrada de los tanques soviéticos sobre la supuestamente soberana República de Checoslovaquia, un médico casi comprometido con los comunistas reformistas checoslovacos se ve apartado de su profesión como castigo a su participación en la rebelión y ve que cae su papel en el mundo.  Deja de ser médico y tiene que ser un simple limpiacristales con un trabajo menos significativo (aunque con menos dificultad y responsabilidad).  Por otra parte, su esposa perdió la relevancia que había tenido en la primavera de Praga vendiendo fotos a periodistas internacionales cuando entró el ejército soviético a parar las reformas.  Ambos vieron que sus vidas dejaron de tener tanto impacto sobre la de los demás, perdieron peso en el mundo y les angustió sentir que no eran importantes para el mundo, las vidas y la existencia.


Además de innecesarios por lo contingentes e irrelevantes que somos, carecemos de una manera de ser por nuestra libertad: siempre podemos ser personas diferentes si decidimos actuar de manera distinta, entonces nunca somos del todo y somos nada. la libertad de la que habla Sartre y de la que acusa de responsabilidad, se proyecta en el mundo. Un mundo construído con la actuación de cada uno y en coexistencia con las otras personas, el infierno de Sartre. 

 

Infierno porque nos encontramos con otros sujetos que nos miran desde su posición de sujeto.  Para afirmarse o para proclamar que se es sujeto toda persona debe tratar a las demás como objetos, sino serán las otras personas las que lo harán. 

 

Nos miran como si fuéramos objetos,  objetos de conocimiento de su conciencia aunque sea. Sujetos llenos de intereses que nos ven como objetos.

 

Potencialmente, los otros seres humanos pueden utilizarnos para satisfacer sus aspiraciones particulares y proyectos.  La intersubjetividad es complicada y, en la mayor parte de las sociedades, se deja de lado.


Así, constantemente amenazados y, a veces, utilizados, la coexistencia se vuelve dura y el mundo acaba convirtiéndose en una lucha de intereses.  Es una lucha por el poder: por poder hacer más cosas, por tener más, acaba convirtiéndose en una lucha por los intereses. 

 

Se conforma un mundo hostil en el que todo es absurdo, en el que la vida es absurda y en el que la sociedad sirve a intereses egoístas y no a las personas en su conjunto.  

 

Como indica Camus, la vida y el mundo carecen razón de ser.  En la vida, se sirve a la producción ciega, que se reduce a producir por producir.  

 

El trabajo se parece a la tarea encargada a Sísifo: levantar una piedra hasta una cima hasta que caiga allí y se deba volver a alzar de nuevo. 

 

Todo intento por sustraerse de este absurdo puede ser visto como una forma de resistir. Pero, al final, solamente es un aguante, un soportar la angustia y la náusea del absurdo.  La existencia se limita a una serie de subterfugios para soportar la vida.


Schopenhauer una vez escribió que el optimismo es un cruel y duro sarcasmo teniendo en cuenta la realidad que hay que vivir. ¿Acaso hay algo que niegue el absurdo de la vida y pueda revocar sus palabras?



-Camus, A. (2006). El mito de Sísifo. Madrid: Aguilar.
 
 
-Kundera, M. (1985). La insoportable levedad del ser.  
 
Barcelona: Tusquets.
 
 
-Sartre, J.P. (2008). La náusea. Buenos Aires: Losada.
 
 
-Sartre, J.P. (2005). El ser y la Nada. Buenos Aires: Losada.

2021(e)ko martxoaren 24(a), asteazkena

El sentimiento trágico de la vida

 El sentimiento trágico de la vida

 

Juan José Angulo de la Calle

https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/2/29/Miguel_de_Unamuno_Meurisse_1925.jpg
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Unamuno en su ensayo Del sentimiento trágico de la vida, no solamente refirió que tenemos hambre de inmortalidad (miedo a morir); sino que, además, presentó lo que era la vida en realidad: sentir cada experiencia con intensidad.


Lo mostró con el ejemplo de un herrero que hacía su trabajo monótamente, con la mente embotada y sin ninguna emoción. Describió lo que era la auténtica vitalidad cuando presentó cómo se activó su conciencia. Señaló que un día rompió con su actividad maquinal. Relató cómo se despertó como de una pesadilla cuando oyó que un niño se estaba ahogando en la Ría de Bilbao; y, movido como por una llamada de la sangre, cobró nueva vida. Se lanzó a salvar al muchacho, sintiéndose vivo por primera vez desde hacía mucho tiempo. 

 

La existencia es angustia porque las personas quieren ser felices y sufren por no serlo.  La vida resulta inauténtica, y falsa, suele ser hacer lo que se espera que se haga, vivir por vivir, vivir para trabajar en lugar de trabajar para vivir y vivir sin intensidad, no sentir vitalidad ninguna.

  

Toda actuación se somete al peso de la tradición y los papeles sociales, la capacidad de elección viene premarcada por unas costumbres y por presiones sociales que te indican convencialismos y obligaciones presupuestas que hay que cumplir para no ser tratado como irresponsable, antisocial, granuja, canalla o insolidario.  

 

Hay que trabajar en lo que sea, casarse, tener hijos y contribuir.  Se es alguien si se produce y se reproduce, si no no participas en la comunidad y contribuyes.  El que no es una máquina más de la sociedad productiva, es tratado como un parásito e inhumano.

 

La vida tiene que ser, entonces, como el trabajo inútil y absurdo del castigo de Sísifo: todos los días hace lo mismo para mantener las cosas como son y sin ningún objetivo a lograr más que el mantenimiento de lo que ya hay o statu quo.  Sísifo fue castigado a subir una roca hasta una colina inclinada para que, cuando alcanzase la cima, se le cayese encima y tuviese que volver a hacer la misma tarea de forma estéril, inútil, repetitiva y frustrante.  Así es la vida normal en Europa: pura repetición de las tareas de la jornada de trabajo y las costumbres, sin ningún objetivo ni meta alguna, puro absurdo. La existencia es la pura repetición mecánica de los horarios, jornadas y mismas tareas.  

 

Toda la vida se reduce a seguir las costumbres establecidas y formar parte del engranaje de la maquinaria de la sociedad industrial.  Los días son la mera repetición de lo mismo: trabajar-descansar-trabajar, sin que cambie nada y se haga nada revelante.  Por ejemplo, las tareas del hogar procuran la limpieza de la casa, una tarea inútil porque la suciedad siempre vuelve.  

 

La existencia queda en un círculo vicioso en el que todo lo que se hace carece de razón de ser y hace que la vida sea absurda.  Camus señala que la única forma de romper con el castigo de Sísifo es la pasión: sentir cada repetición con intensidad por medio de notar cada momento como único, por medio de la emoción y la sensibilidad.  Algo que las personas alienadas normales no pueden conseguir.


En cualquier caso, Unamuno considera que la vida de por sí es una tragedia: se sufre horrores por las dificultades de la existencia y por saberse mortal. Unamuno describe que el ser humano tiene hambre de inmortalidad, que es otra forma de decir que le tiene miedo a la muerte y lucha por pervivir (agonía es lucha contra la muerte para seguir con vida).


Para dar cumplido a su deseo, busca maneras de sentirse inmortal, sea por las creencias religiosas o sea, al menos, por la fama y formar parte de la memoria colectiva (señalará que hasta el creador más humilde procura que se conozca su autoría y, entonces, lo que busca también es ser conocido, reconocido y recordado).


Sin embargo, todos estos intentos son lucha sin fin, dado que no hay nada que dé calma absoluta y satisfaga del todo el hambre de inmortalidad (siempre hay dudas y el paso del tiempo lo borra todo)

 

Todo se queda en una lucha agónica por intentar negar lo evidente: que vamos a morir y nada garantiza nada (la fe se asienta en la duda - si no sería conocimiento – y la fama es efímera, incluso la universal).


Al final, la existencia queda como una lucha contra el sufrimiento y la angustia de la muerte. La existencia humana es una agonía irresoluble. La vida es una tragedia.

 

Bibliografía 

 

 

-Camus, A. (2006): El mito de Sísifo. Madrid: Aguilar.
 
 
-Kundera, M. (1985): La insoportable levedad del ser.  
 
Barcelona: Tusquets.
 
 
-Sartre, J.P. (2008): La náusea. Buenos Aires: Losada.
 
 
-Sartre, J.P. (2005): El ser y la Nada. Buenos Aires: Losada.

 

- Unamuno, M. (1964): Vida de Don Quijote y Sancho. Madrid: Espasa-Calpe.



- Unamuno, M. (1966): La agonía del cristianismo. Madrid: Espasa-Calpe.



- Unamuno, M. (1967): Del sentimiento trágico de la vida. Madrid: Espasa-Calpe.
 

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