2021(e)ko azaroaren 5(a), ostirala

Fatalismo en la Grecia arcaica

 Fatalismo en la Grecia arcaica


Juan José Angulo de la Calle


Antes de la formación de un pensamiento separado del mito, previas a la filosofía y a la historia como tal, existía en la Grecia arcaica una serie de planteamientos que se daban por hecho y no se cuestionaban.

 

Existía una visión del universo en el que los griegos, si bien consideraban que todo conformaba un cosmos ordenado, tenían una interpretación pesimista de la realidad.  Los mitos y leyendas que se transmitían de forma oral daban cuenta que existía un destino fatal del que ni los héroes más poderosos ni los dioses podían escapar.

 

La moïra es el conjunto de consecuencias que se derivan de los actos de poder limitado de reyes, señores de la guerra, héroes e, incluso, dioses.  Los dioses olímpicos se veían en muchas ocasiones en conflicto entre ellos y ni los más poderosos podían escapar de la némesis [castigo o justa indignación de un ser de mayor poder] por la comisión de hýbris [acto excesivo y sacrílego, realizado generalmente por arrogancia].  

 

El dios Apolo venció con una flecha a la Pitón monstruosa que Hera había enviado para matar a Leto, madre del dios de la luz. Este hecho dio como resultado la construcción del templo dedicado a Apolo Pitón [debido a este mismo nombre, a sus adivinas u oráculos se las llamó pitonisas]. Con el tiempo, el dios se volvió soberbio, se comportaba como si estuviese por encima de verdadero posición.  El hijo de Apolo, Asclepio, podía sanar a los mortales, evadiéndoles de la muerte.  El rey de los infiernos, Hades, se quejó de estos hechos a Zeus y él lo fulminó con un rayo.  Apolo no se atrevió a ir contra Zeus, pero sí fue a por sus partidarios: atacó a los seres que crearon los rayos que se usaron en la guerra de la titanomaquia.  Mató a los cíclopes y fue condenado a ser durante un año esclavo del pastor Admeto. Apolo de esta experiencia aprendió los lemas que luego se enmarcarían en su templo: «conócete a ti mismo» (conoce tus límites) y «ninguna cosa en exceso».


Ni siquiera el rey de los dioses, Zeus, es omnipotente.  Su esposa Hera puede acabar con sus amantes mortales y sus hijos bastardos, muy a pesar de la voluntad del monarca de los cielos.  Zeus puede encerrar a los titanes bajo tierra: puede vencer a las fuerzas de la naturaleza, pero no puede destruirlas.  Hay un montón de factores que escapan a los planes del más poderoso de los dioses, para su constante tragedia.  

 

Exempli gratia, durante el décimo año de la guerra de Troya, los griegos van perdiendo terreno cuando se retira Aquiles, hijo del rey de los mirmidones.  De esta forma, se cumplía el plan de Zeus: los griegos se veían forzados a rogar a Aquiles su retorno a cambio de devolver su honor mancillado por el rey de Micenas, Agamenón.  Sin embargo, los estragos que sufrieron los griegos no pudieron ser queridos y formar parte de los designios explícitos de Zeus.

 

Fuera aparte del inexorable fatal destino, Hesíodo, en su poema: Los trabajos y los días, relata el mito de que Zeus dispone de dos tinajas.  En una de ellas, están los bienes y en la otra se encuentran los males.  Hesíodo afirma que Zeus, cuando reparte la fortuna a los mortales, a los injustos les da males y usa la misma pala manchada de males para dar una mezcla de bienes y males a los justos.  Todo ser tiene que sufrir.

 

Se cuenta la leyenda que el rey Midas emborrachó a Sileno y que le preguntó acerca de lo mejor de la vida.  Contestó que lo mejor de la vida es no haber nacido y que lo menos malo era morir pronto.

 

Heródoto asevera que el legislador ateniense Solón se encontró con el rico rey de Lidia y que le preguntó si no consideraba que él era el hombre más feliz del mundo.  El reformador ateniense le contestó que solamente podía decir eran dignos de ser llamados felices Telo y los gemelos Cleobis y Bitón, que desde el día en que nacieron hasta el que murieron tuvieron la suerte de no tener grandes desgracias. Cleobis y Bitón cargaron con su madre dentro de un carro hasta el templo de Hera, donde murireron por el puro esfuerzo continuo. Desde que nacieron hicieron cosas laudables y no llegaron a los estragos insoportables de la vejez. La diosa Hera les concedió el mayor bien y fue: la muerte.

 

Hasta los más grandes y poderosos se ven en una existencia en la que el dolor y la muerte son lo único seguro, y siempre se está sujeto a la posibilidad de una gran caída trágica de los más grandes.  Ni todo el poder del mundo terreno permite evadirse de un destino fatal, que debe acabar de forma dramática.

 

Todo mortal importante ha pagado su grandeza, debido a que ha cometido el exceso de realizar cosas que exceden su posición en el mundo. Áyax trató de competir con Ulises en ingenio y acabó loco, tras su consecuente derrota. Edipo se atrevió a vencer en saber a la Esfinge y por su atrevimiento arrogante se vio condenado a la ignorancia de sus orígenes, lo que le llevó a matar a su padre y casarse con su madre; y se arrancó los ojos por no poder haber visto lo que había hecho, a pesar de que no haber sabido lo que hacía. De Aracne decían que era mejor hilandera que Atenea y, por esta blasfemia, la mortal acabó transformada en araña para toda la eternidad.



Minos fue el mayor rey de Creta, pero su esposa le engañó con un toro sagrado y parió al maldito minotauro. El muy ingenioso Dédalo fue encerrado en el laberinto de Minos por ayudar a la reina de Creta a construir una vaca de madera para que copulase con el toro sagrado; huyó con alas de cera y su hijo, Ícaro, se acercó demasiado al sol hasta que cayó a la muerte.


Heracles o Hércules logró la gloria completando sus diez trabajos y se logró reconciliarse con Hera tras protegerla de los gigantes; pero recibió una capa envenenada de un centauro de manos de una esposa celosa y que quería ganarse su amor.


Aquiles fue el más glorioso de los héroes griegos en Troya. Venció al poderoso príncipe Héctor, después de que él matara a su amante Patroclo. Murió a manos del más cobarde de los troyanos, recibiendo una flecha de París en el talón que le señaló el dios Apolo.


Agamenón inició la guerra de Troya, maldita por los dioses. No le pasaron ni media al rey que iba a empezar un conflicto terrible que enfrentaría a Europa contra Asia, y dioses contra dioses. El rey de Micenas mató a una cierva en un bosque consagrado a la diosa Artemisa y ella impidió que los vientos soplasen de forma que sus barcos pudiesen salir de la costa. Agamenón tuvo que sacrificar a su hija Ifigenia para aplacar un poco a la diosa; a su vuelta, su esposa y madre de Ifigenia le asesinó. 

 

El hijo de ambos, según la norma antigua, tenía la obligación moral de vengar a su padre. Orestes se vio en una situación irresoluble, trágica. Según su moral, debía vengar a su padre matando a su asesina: su madre. Si no vengaba a su padre, le atormentarían las Furias; pero si lo hacía, las Furias le atormentarían por cometer un vil matricidio. Sufrió horrores hasta Atenas.

 

Desde el punto de vista de la mentalidad griega arcaica, toda vida es trágica y constitutiva de sufrimiento, fatalidad y horror. Esta tradición oral mítica y fatalista fue el sustrato cultural de los posteriores poemas épicos y trágicos que transmitían que el cosmos es un orden en el que, a pesar de la armonía, todavía pervivía un destino doloroso y dramático para todos los mortales (incluso para los más poderosos que, como mucho, veían retrasado un terrible desenlace de las consecuencias de sus erróneos actos, inherentes siempre a mortales falibles y limitados). 


 

Bibliografía:


-Corbalán, F. (2012): La proporción áurea.  El lenguaje matemático de la belleza. Villatuerta: RBA.

 

-Esquilo, Sófocles et Eurípides (2012): Obras completas. Madrid: Cátedra.

 

-Graves, R. (1999): Dioses y héroes de la antigua Grecia.  Madrid: Unidad Editorial.

 

-Havelock, E. A. 2002: Prefacio a Platón.  Madrid: Antonio Machado Libros.

 

-Hesíodo  2001: Obras y fragmentos.  

 Madrid: Editorial Gredos.

 

-Heródoto (2006): Historias.  Barcelona: Cátedra.

 


-Homero  (2000):
Ilíada.  Madrid: Editorial Gredos.



-Homero  (2000):
Odisea.  Madrid: Editorial Gredos.

 

 

-Nietzsche, F. (2002): El nacimiento de la tragedia.  

Madrid: Alianza Editorial. 

 

-Redfield, J. M. (1992): La tragedia de Héctor: naturaleza y cultura en la Ilíada.  Barcelona: Destino. 



2021(e)ko azaroaren 4(a), osteguna

Relato de un suicidio

 Relato de un suicidio


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Terminó los estudios, pero en esa época no había trabajo de lo suyo.  Al finalizar las prácticas, vagó por el mercado laboral postulándose de miles de formas (autocandidaturas enviadas a las propias empresas, portales de empleo, contestación a anuncios de empleo...).

 

Existimos en una sociedad en el que hay que ganarse la vida.  Para vivir, hay que trabajar.  Pudiera parecer que las personas que no encuentran trabajo quedan fuera de la vida, no se ganan el tiempo en el que existen y no tienen lugar en la sociedad.

 

Desesperado, contestó a anuncios de empleo de otros sectores.  Se movió como un funambulista, en medio de los altibajos de la precariedad.  Lo que debía ser excepción era la norma.  Deambuló de una empresa a otra a salto de mata.   Pasó de una empresa a otra como en el juego de rayuela.  Estuvo con contratos de meses, semanas e, incluso, días.  Camino de ninguna parte.  Todo es horror.  Se vive en un mercado laboral en el que se dan por hecho los estudios, la experiencia es algo y los contactos... los contactos son todo.  Sin ellos, eres nada.

 

"Tanto tienes, tanto vales" es el lema verdadero de nuestra sociedad.  Las personas en exclusión son las más ignoradas o marginadas, lo llaman aporofobia.  Hay personas que cuentan más que otras.  Las que sean más cercanas a nosotros son verdaderas personas, el resto son los "otros".  Si alguno de las personas prójimas muere, nos consternamos; no nos suelen afectar la suerte de inmigrantes, refugiadas y trabajadoras de países pobres.  

 

Hay grandes desigualdades en el reparto de las riquezas, pero nadie protesta socialmente de forma fuerte para cambiarlo.  Los derechos humanos se restringen a las personas que viven en países desarrollados, se proclama que toda vida es sagrada porque las personas con recursos temen que se les quite una vida medianamente asegurada; para el resto, no se hace nada.

 

En algún momento hay que trabajar para poder vivir y si pasa mucho tiempo sin que se logre, se ve en riesgo de convertirse en generación perdida; aquélla que, como no consiguió a tiempo un trabajo que le permitió adquirir experiencia que le permita lograr más trabajos quedará estancado y verá cómo queda atrás de personas más avezadas.  Selección natural del más apto.  El que vale, vale, y el resto, desaparece.

 

En medio de la incertidumbre y la inestabilidad, tuvo que elegir entre comer o pagar los gastos del coche.  Vendió el auto.  Sin él, conseguir trabajo se hizo todavía más imposible.

 

Todo fue nada.  Tenía en frente la pobreza.  Lo demás dejó de contar, todo se volvió imperceptible.  La vida se acabó, fue sustituida por la angustia.  La existencia se reducía a sentir dolor.  La incertidumbre en la que se vive en esta sociedad moderna líquida, en la que nada es sólido y estable, incrementó la ansiedad y ella se convirtió en tensión, mortificante tensión. 

 

Una tensión absoluta le producía dolor físico dentro de su pecho, en sus tripas un frío gélido sustituyó a la sangre y un sabor acre en su seca boca le hacía sentir enfermo.  Todo era un sufrimiento indecible, sentía un dolor similar a que le desgarraran por dentro, despellejado desde dentro en un dolor en estado puro.  Invisibles tornillos se movían dentro de él y se retorcían para que sintiera un visceral dolor imparable.  Sufría desde que se despertaba hasta que lograba dormir.  Se consumía en dolor a todas horas, todos los días.



Nada más existía.  Todo lo que pudiera apreciar antes era imposible de captar, resultaba imperceptible frente a la inmensidad del sufrimiento...  La vida se reducía al dolor y todo lo demás... simplemente era insignificante.  No existía nada.  No había nadie.



La existencia consistía en desactivar la vida.  Todo notar el organismo era recibir laceraciones.  Debía apagar la vida.  La existencia consistía en distraerse de todo para descentrar la atención de la vida.  Tomaba alcohol que lo embotaba de la sensibilidad y aminoraba la intensidad del dolor de serie, tomaba todo tipo de somníferos para dormir el máximo posible y no sentir nada.  Todo porque sentir es padecer, padecer y nada más.  Había que eliminar toda forma de sensibilidad.

 

Sin embargo, consiguió una nueva ilusión.  Ya no tendría que resistir contra la marea, no era necesario angustiarse por obcecarse contra lo imposible. Comía a diario manzanas y fue extrayendo sus pepitas, como una suerte de regalo sorpresa.  Guardó su tesoro en el congelador para que no se perdieran las propiedades del cianuro que había en su interior.

 

No pasaba ni un día, ni siquiera una hora, sin que pensara en la muerte.  Es duro morir, pero más duro es sufrir.  No hay nada peor que una angustia que resulte agónica. El paso del tiempo mostró una falta absoluta de opciones.  Solamente le quedó una esperanza.

 

Alcanzado el número de cincuenta pepitas, procedió a ingerirlas.  Se acostó esa noche y no volvió a despertar.  El organismo, que se ocupaba de procesar sensaciones como el dolor, cesó su actividad.  Acabó la existencia, cesó la capacidad de sentir y, con ella, terminó toda posibilidad de dolor.

 

Su familia quedó destrozada.  No hubo más efectos.  Al año suceden casi cuarenta mil suicidios, cada caso pasa a ser pura estadística.  Quedó dentro de la normalidad.  La vida es bella, pero la muerte es sublime.

2021(e)ko abuztuaren 16(a), astelehena

Elogio de la locura

 Elogio de la locura


Juan José Angulo de la Calle




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Erasmo de Roterdam, en su Elogio de la locura, señaló que era mejor el inocente y alegre delirio del poseído por la manía o inspiración divina. Ella supera con creces a los constructos abstractos severos de los discursos filosóficos y teológicos (que eran presentados como puramente teóricos, estaban separados de toda realidad tangible y eran, por tanto, aburridos). 

 

Los locos, en su sencillez y búsqueda de la alegría más simple, gastaban bromas absurdas. Se dejaban llevar por las inhibiciones de la borrachera, haciendo necedades y siendo la alegría de todas las fiestas con su desbordante delirio, desatamiento de pasiones y uso de la comedia más absurda y vulgar.


Frente a la “prudente” hipocresía de los falsos, que solamente quieren agradar, el loco era como los niños y los borrachos: se les escapaba la verdad. Don Quijote hizo con toda impunidad su discurso sobre las armas y las letras. Y dio otros comentarios que señalaban que la fe sin obras no es más que externa apariencia (en clara referencia a la teología erasmista). Podía hacerlo con toda la impunidad del mundo porque a un loco se le perdonaba todo. Ellos podían señalar aquello que los cuerdos cobardes falsos callaban. 

 

El trance en el que se entra por medio del delirio desenfrenado, la descarga de la catarsis y la locura quizás sea tan influyentes que transporte la sensibildad a lo que supera los límites, lleve a lograr la máxima intensidad y sea sublime. 



Bibliografía:

 

-Aristóteles 2000: Política.  Madrid: Editorial Espasa Calpe.

 

-Aristóteles 2007: Poética. Buenos Aires: Editorial Gradifco.


-Aristóteles (2014): Acerca del alma.  Madrid: Editorial Gredos.


-Cervantes, M. (2005). Don Quijote de la Mancha. Barcelona: Alfaguara.

 

-Erasmo (2011): Elogio de la locura. Madrid: Alianza Editorial.

 

-Platón (1994):  La República o el Estado.   

Madrid: Akal.


-Platón (2015): Fedro.  Madrid: Editorial Gredos.


-Vilanova, A. (2006): Erasmo y Cervantes. Barcelona: Editorial Lumen.

2021(e)ko ekainaren 23(a), asteazkena

El suicidio según Albert Camus

 El suicidio según Albert Camus


Juan José Angulo de la Calle



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Toda vida es absurda. Tratamos de hacer cosas con sentido, con una razón de ser, pero nos engañamos a nosotros mismos porque todo lo que hacemos carece de ningún objetivo trascendental, simplemente nos ocupamos de mantener la realidad tal como está y todo es inmanencia, no trascendencia. En la vida, se sirve a la producción ciega, que se reduce a producir por producir. La existencia es como el castigo mitológico de Sísifo: repetición de las misma tareas todos los días, sin que se logre nada revelante y, por tanto, sin ningún sentido. Se vive en un ciclo trabajar-descansar y vuelta trabajar-descansar que no va a ninguna parte, es una repetición constante de lo mismo.

 

Todo intento por sustraerse de este absurdo puede ser visto como una forma de resistir. Es lo que intenta hacer el hombre rebelde, pero es una pataleta inútil. Al final, solamente es un aguante, un soportar la angustia y la náusea del absurdo. La existencia se limita a una serie de subterfugios para soportar la vida.

 

El único problema filosófico serio es si deberíamos suicidarnos, porque si no somos capaces de dar una respuesta satisfactoria todo lo demás carece de relevancia. La existencia es repetición irreflexiva de las mismas tareas sin que haya una verdadera razón de ser. No hay una explicación cabal para la existencia en el mundo. La falta de sentido, el vacío, el absurdo que es la vida lleva a la angustia. Pero si se es sincero con uno mismo, la vida deja de ser tragedia. En la mitología griega, Edipo dejó de sufrir cuando se reconoció como parricida e incestuoso.


La vida de por sí carece de razón de ser... Sin embargo, así como la vida es absurda, el suicidio también. El suicida es simplemente alguien que se ve sobrepasado por la pregunta acerca de la razón de ser de la vida y que confiesa su incapacidad para dar respuesta; pero, así, tiene que darse cuenta que simplemente es alguien que ha llegado a un punto muerto, que tiene que ser consciente que no comprende el mundo y que es un mero ignorante. Nada sostiene tampoco que haya que matarse; tampoco hay razón de ser, ni justificación, ni sentido ninguno respecto al acto de suicidarse.

 

La solución que propone Camus es sobreponerse al absurdo, esforzarse porque cada momento cuente y sea intenso.  De lo que se trata es de procurar animarse y decirse a uno mismo que cada experiencia es nueva, única y susceptible de ser vivida con asombro y pasión.  

 

Considero que es una forma de engañarse a uno mismo y hacer como si la vida de por sí no tuviese razón de ser, ser una distracción para que la mente desvíe la atención de las obsesiones y que no consuman el ánimo.  Pero es una distracción.  Es un truco: como se distrae la atención de los problemas, se angustia menos por ellos, pero los problemas siguen ahí y volverán la tensión por su irresolución con más fuerza cuando pase el efecto de lo que no es más que un mero placebo.  

 

Todo lo que evite observar el horror de las fatalidades de la vida es evasión, un acto de posponer lo inevitable hasta que la fuerza de la vida y el mundo hagan sus efectos y retornen con más dureza, por no estar preparados y haber estado obnubilados con una mera ilusión falsa.

 

Personalmente, entiendo que no somos de piedra porque somos seres dotados de una sensibilidad con límites y nos afectan las cosas, por mucha autosugestión y autoengaño que trate de disimular vivir duras realidades y tener un sufrimiento ineludible por una depresión, angustia, ansiedad, incertidumbre, miedo, inestabilidad social real, malestar general y desolación.  

 

En los casos en los que la vida sea insoportable y todo falle porque la realidad es demasiado dura e ineludible, no se debería prohibir que una persona acabe con una vida que solamente es dolor insufrible.  Es duro morir, pero más duro es sufrir.  Nadie debería permanecer vivo por pura obligación, más allá de la realidad de que no pueda sufrir una existencia compuesta por dolores insoportables y sufrimientos horribles.  

 

Una muerte digna puede ser la única respuesta para una vida que ya no es vida y que es inhumano y cruel hacer que continúe, manteniendo un sufrimiento y horror insostenible.  El suicidio siempre tiene que ser una opción.  A nadie se le puede pedir lo que no puede hacer.  La vida es un derecho, no un deber y nadie debe martirizarse en una agonía perpetua si no puede soportarlo de ninguna manera y el mero existir es pura tortura inhumana.

 

Bibliografía:

 

-Camus, A. (2005): Calígula. Barcelona: Edhasa.


-Camus, A. (2005): La peste. Barcelona: Edhasa.


-Camus, A. (2006). El mito de Sísifo. Madrid: Aguilar.

2021(e)ko maiatzaren 28(a), ostirala

"Lo bello y lo siniestro" de Trías

 Sobre Lo bello y lo siniestro de Eugenio Trías

 

 Juan José Angulo de la Calle



Sandro Botticelli - La nascita di Venere - Google Art Project - edited.jpg
https://es.wikipedia.org/wiki/El_nacimiento_de_Venus_(Botticelli)#/media/Archivo:Sandro_Botticelli_-_La_nascita_di_Venere_-_Google_Art_Project_-_edited.jpg

 

 

Atender a los asuntos públicos es básico porque en ellos se regula la distribución de recursos para la subsistencia; pero el arte es fundamental porque él hace que la vida merezca la pena: hace que parezca agradable y habitable el mundo, y da un gozo enriquecedor (el placer de la contemplación estética).  


Una creación artística es una obra cultural y, por tanto, debe tener contenido y riqueza, tiene que tener una gran carga de complejidad.  Las obras artísticas tienen que tener una composición, una ordenación de los elementos significativa, porque tienen que ser comprensibles para la persona que las contempla.  

 

Debe tener una estructura y una forma porque tienen que transmitir un mensaje coherente y comunicable [aunque se rompan las normas tradicionales y se haga arte de vanguardia, se debe establecer una nueva articulación que sea capaz de expresar una intención artística].  

 

La obra de arte debe poder evocar un pensamiento articulado por sí misma, sino no sería una adecuada creación cultural que utilice los medios que las propias artes disponen para plasmar sensaciones y conceptos [si es necesaria una explicación posterior, en ese caso es que la propia obra no dice mucho por sí misma y no está construída de forma precisa para cumplir la función de transmisión cultural].  Uno de los motivos principales del arte europeo es la presentación de la belleza bajo diferentes formas concretas y particulares.

 

Eugenio Trías había defendido que en las representaciones bellas tiene que haber un elemento extremo o siniestro, aunque sea velado, porque es la manera en la que las formas armoniosas dejan de ser puras formalidades ideales o matemáticas y tomaban cierta necesaria intensidad (imprescindible para que despierte un poco la sensibilidad). 

 

Lo representó sobre todo con el cuadro renacentista: El nacimiento de Venus de Botticeli, en el que se mostraba en todo su esplendor a la diosa de la belleza en su origen, imagen que esconde su horrendo mito: Afrodita o Venus surgió de la mezcla del mar con los restos de carne de la castración de Urano.

 

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Lo siniestro tiene que ver con lo terrible, con lo horrendo, lo grotesco, lo esperpéntico. Toda obra de arte bella tiene que tener algo de terrible porque se tiene que despertar la sensibilidad, ir más allá de la formalidad matemática o la armonía [por mucho que se haga uso del canon de belleza clásico de orden, medida y proporción; por mucho que se use la armonía que se consigue haciendo uso de la proporción áurea o el número phi para articular la composición de una forma agradable a la vista, por ser matemáticamente proporcionado y ordenado].

 

 

Francisco de Goya, Saturno devorando a su hijo (1819-1823).jpg
https://es.wikipedia.org/wiki/Saturno_devorando_a_su_hijo#/media/Archivo:Francisco_de_Goya,_Saturno_devorando_a_su_hijo_(1819-1823).jpg

 

 

Trías, por otro lado, relacionaba lo bello también con lo infantil, con su belleza inquietante y traviesa.  Lo siniestro puede estar en la ambigüedad de lo tierno de las imágenes de niños junto a su carácter vivaz, salvaje, poca conciencia moral y acitutdes picarescas, misteriosas y casi inquietantes.  Un ser infantil puede enternecer a la par que puede resultar extraño por lo imprevisible y por su posible malicia de su poca formación moral.

 

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Tiene cierta similitud con lo sublime: el juicio estético acerca de lo que es inmenso, magnífico e inmenso. Lo sublime no es la belleza porque ella da gozo por su forma agradable a la contemplación y, en cambio, al emitir al juicio de sublimidad se suele expresar aquello que es más impresionante, lo que está bajo el umbral o bajo el límite de nuestras consideraciones concebibles, sublimis etimológicamente: lo que es demasiado grande, lo que es excelso, eminente o extraordinario.  

 

Lo sublime es aquello que, al contemplarlo, nos abruma y nos hace sentir pasmo, pero que, por su magnificencia y esplendor, nos resulta soportable y gozoso de alguna manera, siempre que haya una distancia que permita sentirnos seguros frente a lo que es extremo.


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https://es.wikipedia.org/wiki/Saturno_(Rubens)#/media/Archivo:Rubens_saturn.jpg




 

 

 

 

 

 

Según Kant y Schiller, lo sublime tiene que ver con lo que supera los conceptos y las capacidades de la imaginación, nos sobrecoge y abruma; pero se da un gozo ambiguo porque, aunque se esté frente a algo que parece terrible, sentimos un alivio de tensión por haber una distancia en su contemplación.


https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/b/b9/Caspar_David_Friedrich_-_Wanderer_above_the_sea_of_fog.jpg
https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/b/b9/Caspar_David_Friedrich_-_Wanderer_above_the_sea_of_fog.jpg




 

 

Lo siniestro tendría parecido al juicio estético de lo que resulta sublime en la contemplación en tanto que resulta terrible a la persona que procesa ese discernimiento en su mente.  

 

Con la salvedad de que no habría desahogo por la distancia, sino que la belleza le daría satisfacción: la belleza que oculta o pone un velo a lo siniestro de toda obra artística es la que se ocuparía de que la contemplación de una obra de arte resulte agradable, a la vez que es viva e intensa por las emociones profundas que despierta lo siniestro.

 

https://es.wikipedia.org/wiki/Prometeo#/media/Archivo:La_tortura_de_Prometeo,_por_Salvator_Rosa.jpg

 

Bibliografía:

 

-Aranda, C.  (2004): Introducción a la estética contemporánea.  Almería: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Almería. 

 

-Ardeo Rubio, Iñaki 2005: “Fundamentos de estética”, in: Revolución Neolítica, n. 5. Donostia/San Sebastián: Ti.Ta. Editores asociados. 

 

-Corbalán, F.  (2012): La proporción áurea.  El lenguaje matemático de la belleza.  Villatuerta: RBA.

 

-Crespo Sánchez, Javier 2004 “Apuntes sobre belleza y sublimidad en Kant y Schiller”, in: Thauma, n. 3. Donostia/San Sebastián: Vicerrectorado de alumnos de la UPV/EHU, pp. 30-45.  

 

-Kant, Immanuel 2001: Crítica del juicio. Trad. Manuel García Morente. Madrid: Espasa Calpe.

 

-Schiller, J. C. F. (1969):  
Cartas sobre la educación estética del hombre.  
 Madrid: Aguilar.
 
 

-Trias, E. (1996): Lo bello y lo siniestro. Barcelona: Ariel.

 

2021(e)ko apirilaren 26(a), astelehena

La emoción por medio del arte

 La emoción por medio del arte

 

 

Juan José Angulo de la Calle

  

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Schiller consideró que había una separación entre racionalidad y sensualidad. Existía esta separación en el tratamiento del conocimiento europeo. El conocimiento es racional, riguroso, objetivo, general y exhaustivo; y la experiencia sensual, por contra, era entendida como subjetiva, particular e inasible.


La emoción es parte de la vida de las personas, y, puesto que tiene que tratarse de alguna forma, es mejor que sea trabajada bajo el control de la razón por medio del arte y los juicios estéticos, en los que pueden reflejarse las emociones con distancia y orden.


Schiller, siguiendo a Kant, indica que la imaginación puede modular la humanidad por ser una facultad central de la mente y por ser la belleza una condición necesaria de la humanidad. Schiller entiende que en la civilización hay dos conceptos divididos y separados, la sensualidad (“impulso sensual” o “impulso sensible”, activo) y la razón (“impulso de forma” o “impulso formal”,

pasivo y receptivo).


La imaginación es la capacidad de generar y plasmar una imagen concreta. Es el ámbito en el que puede reflejarse la sensibilidad particular porque hace uso de imágenes articuladas de una manera determinada y concreta, reflejando una emotividad y subjetividad articulada de una forma (y no de otras).

 

Su reconciliación por medio de la estética traerá la liberación política y del ser humano, porque la belleza traerá la libertad: permitirá la conciliación de la razón y la emoción, dará un ámbito de creatividad y de posibilidades: de elecciones libres. 

 

La estética hará sensual a la racionalidad y racional a la sensualidad, permitiendo a las personas capacidades que les liberen del constreñimiento de la necesidad y de las leyes impuestas. Lo conseguirá al dar a entender que el estado de cosas presentes no está determinado, sino que se puede actuar en él. 

 

Cuando la realidad pierde su “seriedad”, deja de ser necesidad para la observación: se une lo posible (una imagen concreta) con lo necesario (los símbolos y conceptos formales presentes en las obras de arte) en los juegos de la imaginación (en los que se hayan presentes ambos aspectos en las obras de arte o en los juicios estéticos).

 

En lo bello se da una forma viva. En ella hay una cierta idea formal (el concepto de belleza o unos cánones determinados) en una imagen concreta, la del objeto que suscita el juicio de lo bello, que otorga una sensación y una experiencia. 

 

La idea formal o pura “forma” que busca el entendimiento es mera abstracción. El entendimiento se basa en abstacciones porque busca entender las causas generales de todo. 

 

La idea formal, entonces, es una generalización de la realidad que permite conocerla,pero no sentirla y la experiencia o “vida” que busca la sensibilidad es una impresión sin forma. Solamente en el juego estético (el juicio de la belleza) se aúnan ambas inquietudes humanas.

 

 

Bibliografía:

 

-Kant, I. (1984): Crítica del juicio.

Traducción: Manuel García Morente.

Madrid: Espasa-Calpe.


-Schiller, J. C. F. (1969):  

Cartas sobre la educación estética del hombre.

Traducción: Vicente Romano García. Madrid: Aguilar.

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